Juan José Lahuerta
Madrid, 24 ago (EFE).- A veces bastan diez días para que un entrenador se quede con el nombre de un futbolista. Dean Huijsen y Jose Mourinho apenas compartieron ese puñado de jornadas en el Roma, entre el 6 y el 16 de enero de 2024, pero aquello dejó huella. Dos años después se han reencontrado en el Real Madrid y, por ahora, el viejo vínculo funciona: el central ha recuperado la sonrisa y, con ella, sus mejores sensaciones.
A mitad de la temporada 2023/24, Huijsen llegó al Roma cedido por el Juventus justo cuando la etapa de Mourinho en el club italiano tocaba a su fin. El técnico portugués fue destituido tres partidos después, aunque en aquel breve espacio de tiempo no dudó en darle minutos: 45 frente al Atalanta (1-1), 81 contra el Lazio en la Copa de Italia (1-0) y 12 ante el Milan (3-1).
Un empate y dos derrotas precipitaron la salida de Mourinho y ambos separaron sus caminos. Huijsen era entonces poco más que una promesa. Apenas había disputado unos instantes sobre el césped como profesional con el Juventus, pero el portugués vio en él algo especial y no se escondió a la hora de anunciarlo.
"Es un chico de 18 años que lleva solo diez minutos en la Serie A. Pero es uno de los proyectos de más calidad del fútbol europeo a esta edad. En el futuro será un grandísimo jugador".
El pronóstico quedó ahí, esperando su momento. Y ese momento ha llegado este verano, con Mourinho ya en el banquillo del Real Madrid y Huijsen necesitado de un nuevo impulso. Su primera temporada de blanco había recorrido el camino inverso al deseado: comenzó entre elogios, fue perdiendo brillo y acabó fuera de la convocatoria de España para el Mundial de México, Canadá y Estados Unidos.
Su fichaje había pasado de despertar ilusión a provocar algunas dudas. Como ocurrió con Trent Alexander-Arnold y Álvaro Carreras, los otros dos grandes refuerzos de hace dos veranos, el importante desembolso no vino acompañado de un aplauso unánime. El Real Madrid pagó 58 millones de euros al Bournemouth por Huijsen, una cifra pesada para cualquier central y aún más para uno tan joven. Su irregular estreno no ayudó a aliviarla.
Pero Mourinho se acordaba de aquel muchacho espigado al que había conocido fugazmente en Roma. Y Huijsen parece haberse acordado también del futbolista que fue en el Bournemouth. Durante la pretemporada comenzó a desprenderse de sus dudas, creció partido a partido y firmó su mejor actuación del verano en el último ensayo, frente al Schalke.
Con Éder Militao lesionado y solo tres centrales disponibles, Mourinho debía elegir pareja para el estreno liguero contra el Espanyol. Huijsen e Ibrahima Konaté le ganaron la partida a Antonio Rüdiger. El portugués apostó por aquel joven que le había causado una impresión tan buena en apenas diez días y que durante el verano terminó de convencerle.
Huijsen respondió en Cornellà. Volvió a destacar en la salida de balón, se mostró contundente en los duelos y no perdió la concentración. Fue de nuevo aquel central seguro y atrevido del Bournemouth, cómodo con la pelota y firme sin ella. Junto a Konaté sostuvo la zaga del Real Madrid en una victoria trabajada, resuelta por Carlos Espí sobre la bocina (1-2).
El joven defensa se ha convertido así en uno de los jugadores más en forma de la retaguardia blanca. Bajo el paraguas de Mourinho ha dejado atrás, al menos de momento, las dudas con las que cerró la pasada temporada. El técnico portugués vio antes que muchos al gran central que podía esconderse dentro de aquel chico de 18 años. Dos años después, reunidos de nuevo en Madrid, trabaja para sacarlo definitivamente a la luz.
A Mourinho le bastaron diez días en Roma para intuir lo que Huijsen podía llegar a ser. Ahora, en el conjunto blanco, ha vuelto a apostar por el joven defensa de 21 años. El central ha respondido recuperando su mejor versión. El portugués hizo entonces una profecía y ahora pretende rematarla: convertir a aquel proyecto de grandísimo jugador en una realidad. EFE
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