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Investigadora cuestiona el mito de Israel como paraíso gay: "La inclusión tiene un precio"

Investigadora cuestiona el mito de Israel como paraíso gay:

Miguel Flores

Jerusalén, 26 jun (EFE).- Israel presume de ser el único país de Oriente Medio donde dos hombres pueden besarse en la calle, y cada junio Tel Aviv se esfuerza, con poca competencia, por coronarse como la capital LGTBI de la región. Pero, para una investigadora que lleva años estudiando a las comunidades queer locales, la conclusión es distinta: en Israel, la inclusión es selectiva, está atada al consumo... y al servicio militar.

Gilly Hartal, profesora titular del Programa de Estudios de Género de la Universidad Bar-Ilan, investiga desde hace años cómo las relaciones de poder se configuran en el espacio, con un foco específico en las geografías de las sexualidades y los espacios LGTBI.

En el caso de los hombres homosexuales y bisexuales, la académica habla de un trasvase entre los valores del Ejército y la jerarquía social y sexual en Israel: "La inclusión de ciertas identidades en la narrativa nacional es selectiva y estratificada", explica en una entrevista con EFE.

"Solo ciertas formas de masculinidad gay pueden traducir la participación militar en legitimidad social. Otras permanecen marginadas, tanto dentro de las jerarquías nacionales como dentro de las jerarquías propias de la comunidad", añade Hartal.

El punto de partida de este análisis es el servicio militar obligatorio, que en Israel afecta tanto a hombres como a mujeres. Para los hombres gay, ese servicio tiene una dimensión particular: no solo deben ser buenos soldados, sino también neutralizar los estereotipos de afeminamiento que pesan sobre ellos. "El servicio militar se convierte en una vía clave hacia la legitimidad social, pero una vía condicional y desigualmente accesible", dice Hartal.

La investigadora pone como ejemplo a Ma'ayan Gross, una mujer trans que siguió sirviendo en su unidad de combate original, compuesta exclusivamente por hombres, durante la guerra en Gaza. Es un caso que ilustra hasta qué punto la integración pasa por demostrar la propia utilidad dentro del sistema militar, independientemente de la identidad de género.

Pero la integración no depende solo del Ejército. "En Israel, el homonacionalismo se obtiene también a través de la producción de valor económico: siendo el tipo correcto de consumidor, atrayendo turismo gay".

Uno de los hallazgos más consistentes en el trabajo de Hartal es que la inclusión tiene una dimensión espacial muy marcada. Los gais urbanos, de clase media, asociados a entornos tecnológicos o culturales, tienen acceso a esa legitimidad. Los que viven en la periferia, en ciudades pequeñas o en entornos rurales, quedan fuera, no solo del reconocimiento nacional sino también de las jerarquías internas de la propia comunidad LGBT.

"Los espacios seguros no son uniformemente inclusivos", explica. "Son temporales, y se producen a través de límites, normas y prácticas que al mismo tiempo posibilitan la pertenencia y generan exclusión. Mi investigación muestra cómo los espacios queer reproducen jerarquías y un acceso desigual a la seguridad", asevera Hartal.

Más guerra, menos margen

El Ejército israelí levantó formalmente cualquier prohibición sobre los soldados LGTBI en 1993, muy por delante de la mayoría de los ejércitos occidentales (en Estados Unidos, por ejemplo, la aceptación de soldados trans no llegó hasta 2016, durante la Administración (Barack) Obama). Pero para Hartal, esa fecha dice menos de lo que parece. "Los derechos producen reconocimiento y valor simbólico, pero no necesariamente una transformación estructural", dice.

Según la investigadora, las culturas cotidianas dentro de las unidades siguieron siendo desiguales. Y muchos hombres gais que intentaron integrarse en el modelo que el Estado les ofrecía no lo lograron, o eligieron no intentarlo. "La inclusión exige realizar la masculinidad en los términos del Estado, pero muchos hombres resisten o fracasan en ese intento".

La guerra ha cambiado el paisaje, según Hartal. "Desde octubre de 2023, se ha intensificado el vínculo entre el reconocimiento LGTBI y el militarismo. Los derechos LGTBI se enmarcan cada vez más como algo ganado a través del servicio militar, reforzando un modelo de ciudadanía en el que la igualdad se obtiene a través de la participación en el esfuerzo bélico".

El efecto sobre la disidencia interna ha sido inmediato. "Algunos espacios comunitarios se alinean más estrechamente con las narrativas nacionales y los valores militares. La inclusión se amplía simbólicamente, pero se vuelve más condicional, reforzando las jerarquías internas y estrechando el espacio para la crítica", concluye la investigadora. EFE

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