Álvaro Mellizo
Islamabad, 22 abr (EFE).- Este miércoles Islamabad estaba completamente lista para la diplomacia, asumiendo como testigo excepcional de las reuniones bilaterales de paz entre EE.UU e Irán. Sin embargo, pese a que la ciudad, sus autoridades y sus ciudadanos contuvieron el aliento a la expectativa, la jornada se consumió sin la presencia de ninguna de las partes y sin saber si se llevarán a cabo en algún momento.
Con un poco menos de ansiedad desde que el presidente estadounidense Donald Trump anunciara en la víspera que ofrecía una tregua indefinida hasta que Irán presente una propuesta de paz, pausando así el reloj de la destrucción que había prometido para el país persa para la tarde de esta misma jornada, Islamabad ha seguido completamente centrada en la reunión, pese a las dudas sobre si se podrán llevar a cabo.
Durante toda la jornada, y también durante los días previos, la seguridad ha sido la prioridad absoluta de las autoridades.
Prueba de ello ha sido el enorme despliegue policial y militar en calles y autopistas, en donde cientos de uniformados jalonaban cada pocos metros el trayecto de unos 30 kilómetros entre el Aeropuerto Internacional de Islamabad y la 'Zona Roja', el punto designado para el encuentro diplomático que permanece completamente aislado.
Tal y como sucedió durante la primera ronda de negociaciones los pasados 11 y 12 de abril, las autoridades decretaron vacaciones escolares y el cierre de negocios y oficinas públicas, con el fin de aligerar el tráfico y evitar congestiones que pudieran afectar el esperado encuentro.
¿Vendrán?
Ahmed y Usman (nombres ficticios), paquistaníes de unos 20 años, descansaban en la tarde en un parque del distinguido distrito 7 de la capital, no lejos de la 'Zona Roja', con más preguntas para los periodistas que respuestas.
Sin clases y conscientes de la importancia del encuentro, dialogaron con EFE sobre la reunión y sobre los interrogantes que ésta despierta.
"¿Vendrán los iraníes?¿Tú que crees?", insistían, sin darle mucha relevancia a la gran movilización que ha supuesto organizar este encuentro, de momento fantasma.
Los bloqueos de calles y el escaso tráfico en el entorno de la zona, algo atípico, no parecían importunarlos, como tampoco le molestaba a Shahid Ali, un taxista que afirmó a EFE haber notado "mucho" la afluencia de periodistas y otros extranjeros que han venido a la ciudad para la reunión.
El conductor no parecía tener mucha confianza en que finalmente se produjera el encuentro, al menos no en las próximas horas, pero si quiso indicar que, en el caso del conflicto iraní-estadounidense, "los iraníes tienen más razón".
De momento, lo que queda sobre las negociaciones son unas ambiguas declaraciones de Trump en las que afirmó, cuando ya era de noche en Islamabad, que "es posible" que Pakistán acoja un encuentro bilateral en las próximas 36 o 72 horas.
Sin embargo, y casi de forma paralela, el presidente del Parlamento iraní, Mohamad Baqer Qalibaf, que ejerce de principal negociador con EE.UU, afirmó que no reabrirá el estrecho de Ormuz hasta que Estados Unidos levante el bloqueo naval impuesto contra sus puertos y buques, ya que eso constituye una violación de la tregua bilateral, condición previa para que se desarrolle el diálogo entre ambos.
Desde Pakistán, el primer ministro Shehbaz Sharif, dijo en X este miércoles que espera "que ambas partes sigan respetando el alto el fuego y puedan concluir un acuerdo de paz integral".
Todo parece indicar que, pese a la ausencia de novedades significativas, Pakistán y su capital Islamabad siguen dispuestos a esperar días si hace falta a los invitados principales de esta negociación, pase lo que pase. EFE
amr/lgm/rod