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Jackie en la zona cero de los disturbios: El Brexit ha traído racismo a Irlanda del Norte

Jackie en la zona cero de los disturbios: El Brexit ha traído racismo a Irlanda del Norte

Javier Aja

Belfast (R.Unido), 12 jun (EFE).- Jackie creció en un pueblo de Irlanda del Norte en los años 60 y 70 del siglo pasado, viendo desde la distancia, en la televisión, las imágenes de un conflicto que castigaba duramente con atentados, disturbios y asesinatos ciudades como Belfast o Derry.

En los 80, abandonó la provincia británica para huir de los 'Troubles', el eufemismo con el que los norirlandeses se refieren al enfrentamiento armado entre católicos, protestantes y fuerzas de seguridad que durante casi 30 años causó mas de 3.000 muertos.

Y regresó por fin a Irlanda del Norte hace una década, con el proceso de paz encarrilado tras la firma del histórico acuerdo del Viernes Santo (1998), y en un clima de optimismo por el impulso social y económico que trajo el fin del conflicto.

Jackie, trabajadora social de 65 años, se instaló en Lendrik Street, uno de los escenarios de las protestas racistas más violentas que han azotado Belfast durante dos noches, tras el apuñalamiento el lunes de un vecino de la capital a manos de un inmigrante sudanés.

"Yo vivo en esta calle. Esto ha sido una locura", explica a EFE de camino a su casa, situada en el barrio unionista probritánico de Newtownards Road, y a la que no había podido volver hasta ahora.

Aún huele a alquitrán quemado y muchas de las fachadas de las viviendas y varios vehículos están calcinados. Las humildes casas de dos pisos que no fueron incendiadas presentan ventanas y puertas destrozadas. La sensación de desolación es absoluta, lamenta Jackie.

Como muchos de sus vecinos, acudió el martes por la noche a una "manifestación pacífica" en la zona en solidaridad con Stephen Ogilvie, el hombre de 44 años apuñalado presuntamente por el refugiado sudanés Hadi Alodid, de 30.

"Cuando acabó -recuerda- grupos de gente se dirigieron a McMaster Street -paralela a su calle- y comenzaron a incendiar coches. Nos acercamos para ver qué pasaba y entonces también vimos que había humo en la nuestra".

Es una calle tan estrecha, apunta, que las llamas de los coches aparcados se trasladaron a las casas, con el peligro añadido de que las viviendas se alimentan de gas natural o de combustible diésel: "Todo podría haber volado por los aires".

"Tuvimos que desalojar a gente de la calle, a familias, a muchas personas mayores que viven aquí. Hay también muchas familias de inmigrantes que han vivido aquí durante años, que trabaja y que jamás han creado problemas".

Le entristece profundamente que las minorías étnicas en Belfast se hayan convertido en el objetivo de los violentos, a los que no consigue identificar o atribuir un móvil para sus acciones, más allá del odio y el racismo.

"No sé quienes son. Todos van de negro, encapuchados, y se presentan aquí como si sintiesen que representan a toda la comunidad, pero no es así", subraya Jackie.

Sí sabe que están organizados y que tenían una "lista" de objetivos entre los residentes extranjeros: "Tenían claro cuales eran las casas que querían atacar".

A su juicio, el principal problema es el racismo que comienza a extenderse no solo por Irlanda del Norte, sino por todo el Reino Unido tras el Brexit.

"Mucho tiene que ver con el hecho de que cuando estábamos en la Unión Europea éramos más prósperos. A Irlanda del Norte le iba muy bien, pero ahora estas protestas están alentadas por el racismo, lo que va en contra de nuestros intereses", sostiene Jackie.

Culpa a los políticos populistas y a los agitadores de ultraderecha que usan las redes sociales y la desinformación para llevar el caos a las calles de la provincia británica.

Jackie tampoco dormirá hoy en su casa por miedo a más disturbios. Al caer la noche, grupos de chavales comienzan a concentrarse de nuevo en Newtownards Road. También hay madres con niños pequeños y el ambiente es raramente festivo. "Estamos esperando a ver qué pasa", dicen a EFE.

No hay apenas hombres adultos, aunque los pubs de la zona están llenos para ver el partido inaugural del Mundial de fútbol.

Y tampoco hay actividad en las redes sociales ni en los canales habituales de los activistas radicales que convocan las manifestaciones antiinmigración.

Más por aburrimiento que por militancia, unos críos queman un contenedor en la carretera. Llegan dos coches de Policía y hasta seis furgonetas blindadas, pero los agentes dialogan con los vecinos y desactivan la protesta.

Por suerte, no ha habido una tercera noche de violencia en Belfast. EFE

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