Japón mira con preocupación a la UE por la "preferencia europea" en la industria del motor
Jorge Dastis
Tokio, 27 oct (EFE).- Las autoridades japonesas miran con preocupación a Europa después del acuerdo alcanzado entre Francia y Alemania para impulsar la "preferencia europea" en la industria del motor, que amenaza con dejar a los gigantes nipones fuera del mercado europeo de vehículos eléctricos.
La primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, planea tratar el asunto con el canciller alemán, Friedrich Merz, durante la visita que este iniciará a Tokio este miércoles, según avanzó durante el fin de semana el periódico económico japonés Nikkei.
Según el medio, la mandataria pedirá a Merz que se incluyan en el programa de preferencia que debate actualmente la Unión Europea (UE) los vehículos eléctricos fabricados en Japón.
La noticia llega después de que Toyota, el mayor fabricante automovilístico por volumen de ventas del mundo, instara a los legisladores europeos a transformar su estrategia de "hecho en Europa" a una de "hecho con Europa".
En un comunicado publicado en Bruselas a mediados de mes, el fabricante pidió a la UE "reconocer a un número limitado de socios de confianza con los que exista plena reciprocidad (...), entre ellos el Reino Unido, Turquía y Japón".
Toyota dijo que apoya la "ambición" de la Ley de Aceleración Industrial, propuesta en marzo por la Comisión Europea, de reforzar la base industrial del continente, pero advirtió de que sin sus socios Europa no podrá alcanzar la escala suficiente para competir a nivel global.
Requisitos de fabricación europea
El pilar central de la normativa europea, que aún se encuentra en proceso de debate, es la introducción de requisitos mínimos de fabricación a la hora de adjudicar licitaciones, subastas y ayudas públicas como subsidios o incentivos fiscales en tres sectores estratégicos: industrias de alto consumo energético, tecnologías limpias y vehículos eléctricos.
En este último punto, la propuesta exige que para que un vehículo eléctrico reciba ayudas públicas esté ensamblado en la UE y tenga una batería europea (al menos tres componentes), así como al menos un 70 % del resto de componentes domésticos.
Atsushi Osanai, profesor de la Escuela de Negocios de la Universidad de Waseda, explicó a EFE que este tipo de medidas proteccionistas pueden dar algo de margen a los países para estimular su propia producción, pero no sirven para "crear productos que los consumidores quieran comprar".
"Limitar la producción y el abastecimiento a cada mercado podría erosionar las economías de escala y dar lugar a inversiones duplicadas, dejando menos recursos para la investigación y el desarrollo", advirtió el experto, en declaraciones compartidas por correo.
Acuerdo de Francia y Alemania
En pleno debate de la Ley de Aceleración Industrial, Francia y Alemania anunciaron el 16 de octubre un acuerdo para impulsar la "preferencia europea" en la industria automovilística, incitando a la producción de vehículos eléctricos que mantengan la ambición de reducción de emisiones contaminantes.
La declaración no entró en los detalles del pacto, que según varios medios obligaría a los fabricantes a reducir sus emisiones de CO2 un 90 % en 2035, pero no a compensar el 10 % restante, como indicaba la copia inicial del proyecto de la Comisión Europea.
Se trata de una cesión de París que, a cambio, ha conseguido que Berlín acepte el concepto de "preferencia europea", pese a que inicialmente apostaba por abrirlo también a otros países.
Pero Osanai advirtió de que si Japón y la UE optan por fragmentar sus mercados en vez de cooperar "podrían acabar otorgando una ventaja a los fabricantes chinos, que se benefician de un enorme mercado interno".
"En ámbitos como el de los vehículos definidos por 'software' (SDV), donde las economías de escala son importantes, resulta necesaria la cooperación entre regiones para alcanzar la escala requerida para competir", explicó Osanai.
Además, vaticinó el experto, la medida podría acabar reforzando a las grandes empresas japonesas, que cuentan con más recursos para cambiar sus lugares de producción o sus fuentes de abastecimiento, frente a compañías niponas más pequeñas, generando un entorno más competitivo en el archipiélago que a su vez le pondría las cosas más difíciles a Europa. EFE
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