Jóvenes marroquíes, un año entre el pulso del GENZ212 y el éxodo migratorio
Mar Marín
Rabat, 18 sep (EFE).- En Marruecos, una generación ha expresado durante el último año su inquietud sobre el futuro. Ha pasado de la protesta en las calles con el sello del GENZ212 a los cruces masivos irregulares hacia Ceuta. Dos caras de una misma realidad que plantea un desafío para Rabat: ¿Qué ofrece el país a sus jóvenes?
En vísperas de las legislativas del día 23, las elecciones no movilizan a los marroquíes. La abstención será la gran protagonista, proyectan los expertos, y los jóvenes son el colectivo más desencantado con la política.
Casi la mitad de la población marroquí tiene menos de 25 años. Uno de cada cuatro jóvenes -alrededor de 2,9 millones— de entre 15 y 29 años ni estudia ni trabaja y el desempleo juvenil roza el 40 %.
¿Qué piden estos jóvenes? Empleo, salarios dignos —el mínimo ronda los 350 euros/mes y en agricultura baja a 9 euros por día—, derechos y servicios públicos básicos, como Sanidad, Educación o Transporte.
El grueso de los 80.000 emigrantes que llegaron a Ceuta entre los días 29 y 31 de julio, en el mayor cruce irregular registrado hasta ahora en la frontera con España, eran jóvenes marroquíes. Y buena parte de las 141 personas que, según organizaciones civiles, murieron en el intento, también lo eran.
Una realidad que confirma la tendencia apuntada por una encuesta de Afrobarometer en 2025: Más de la mitad de los menores de 30 años marroquíes se plantean emigrar y, de ellos, el 53 % lo haría de manera irregular si fuera necesario.
"Libertad, dignidad y justicia social"
El lema heredado de la "Primavera árabe" de 2011, volvió a las calles de Marruecos hace un año de la mano del GENZ212. Inspirado en el prefijo telefónico marroquí (212), identificó a un movimiento que reaccionó a la muerte de ocho mujeres embarazadas en un hospital de Agadir (sur). El descontento estalló el 27 de septiembre.
Mientras el Gobierno presumía de megainfraestructuras proyectadas para el Mundial 2030 —que Marruecos organizará con España y Portugal—, los jóvenes reclamaban mejoras en servicios básicos.
El Fondo Monetario Internacional cifra en unos 19.000 millones de euros las inversiones relacionadas con el Mundial, entre ellas el estadio de Casablanca, el mayor del mundo, que costará unos mil millones. El presupuesto total de Salud y Educación para 2026 es de 14.000 millones de euros.
"Menos estadios y más hospitales" o "el pueblo contra la corrupción" coreaban los jóvenes en las calles.
Las redes sociales se llenaron de convocatorias para reclamar mejoras. Las manifestaciones derivaron en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, que dejaron tres jóvenes muertos en el sur del país. Asociaciones denunciaron entonces una respuesta represiva de las autoridades. En los meses siguientes, las movilizaciones fueron perdiendo fuerza y el movimiento GENZ212 redujo progresivamente su presencia en las calles.
Hakim Sikouk, presidente en Rabat de la Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH), estima que hubo casi 2.500 procesos y al menos 662 personas siguen en la cárcel, con condenas de hasta 15 años.
Un año después, el movimiento juvenil "casi ha desaparecido", afirma a EFE Sikouk, y "no se han visto cambios ni resultados reales en el Gobierno". El lugar de estos jóvenes "está en las escuelas, en la universidad, no en la cárcel", defiende.
"No entiendo por qué se encarcela a jóvenes que protestan. Eso no es normal. Han protestado, no han puesto bombas ni han cometido actos violentos", sostenía en una entrevista con EFE el escritor marroquí Tahar Ben Jelloun.
El GENZ212 se diferenció de otros movimientos juveniles por su dimensión global y el "rol masivo de las redes sociales para la movilización previa a las marchas y su rápida extensión a varias ciudades", explica a EFE el politólogo Mohamed Chakir.
Ceuta: jugarse la vida por el "Eldorado" europeo
También las redes sociales jugaron un papel decisivo en el cruce masivo hacia Ceuta. Decenas de miles de personas creyeron los bulos que circulaban en internet sobre una supuesta apertura de la frontera en la ciudad española.
La marea humana dejó al menos 141 muertos y un número indeterminado de desaparecidos y desembocó en una crisis humanitaria sin precedentes en la ciudad española de Ceuta. Aunque el grueso de los migrantes regresó a Marruecos, miles todavía permanecen en este enclave de apenas 18 kilómetros cuadrados.
La ilusión de un futuro mejor movilizó a miles de jóvenes hasta el punto de arriesgar sus vidas. Como Fátima, que a sus 25 años, sumaba veinte intentos de llegar a Ceuta. "No me importa el riesgo, volveré", decía en vísperas de intentarlo de nuevo, el 30 de julio. Según ha confirmado EFE, esta vez lo logró.
Varios de sus amigos lo intentaron con suerte desigual. "No hay trabajo, no hay futuro, no hay derechos, como sanidad o educación. Mejor intentarlo todo. No hay espacio para los jóvenes", lanzaban a coro antes de cruzar la frontera.
Para la AMDH, no se trata solo de precariedad económica. "La desesperanza ha dejado de ser un sentimiento individual para convertirse en la identidad de toda una generación", que ve en la migración una expresión de rechazo contra la desigualdad, "la corrupción, el autoritarismo y el abuso de poder".
El olvido, el peor castigo
Marouane Flisat tenía 22 años cuando se ahogó en aguas de Ceuta a finales de julio. Su padre, Said, no oculta su indignación por el calvario que sufren las familias y el silencio oficial sobre las víctimas en Marruecos.
"Es una vergüenza que se deje a esta gente ardiendo de dolor. No solo yo, sino todo un pueblo. Mucha gente se ha ido y sus noticias no aparecen en los informativos. No hemos visto ni oído nada de ellos". "Como si no existieran", denunciaba en una reciente entrevista con EFE.
Marouane era universitario y no se había planteado emigrar. Pero en su barrio, un asentamiento de las afueras de Dar Bouazza, al sur de la bulliciosa Casablanca, fueron muchos los jóvenes que se lanzaron al mar. No todos lo lograron.
Ningún político ha dado el pésame a las familias de las víctimas. Ninguno ha respondido en público a los motivos que llevan a decenas de miles de jóvenes a querer abandonar su país en solo unas horas.
"Desilusionados, crecieron en un país donde los conflictos de intereses no les cuestan nada a los que están en el poder (...) La gente abandona su país cuando deja de esperar algo de él", lamentaba esta semana el analista Yassine Majdi en un editorial del semanario Telquel.
Las soflamas nacionalistas que marcaron el inicio de la campaña electoral para reclamar lo que Rabat considera "ciudades ocupadas", los enclaves españoles de Ceuta y Melilla, han ido cediendo.
En el cementerio musulmán de Ceuta, hay decenas de tumbas de inmigrantes sin nombre de los que no se habla en Marruecos.
"Como si no existieran".EFE
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