Agencias

La abstención, la gran protagonista de las elecciones legislativas de Marruecos

La abstención, la gran protagonista de las elecciones legislativas de Marruecos

Fátima Zohra Bouaziz

Rabat, 16 sep (EFE).- Las elecciones legislativas del 23 de septiembre tendrán en Marruecos un protagonista que podría estar por encima de los mismos resultados: la abstención. Los analistas alertan de la dificultad de movilizar a un electorado cada vez más alejado de las urnas, sobre todo entre los jóvenes.

En las calles y cafés de Rabat, la conversación electoral apenas aparece. Cuando lo hace, suele reducirse a una pregunta sencilla: "¿Vas a votar?". A una semana de la cita con las urnas, la movilización sobre el terreno es todavía discreta. En el centro de la capital apenas se ven candidatos o carteles, aunque se espera un mayor movimiento durante los días previos a la votación.

Desencanto juvenil

Para algunos analistas, la abstención se ha convertido en un fenómeno crónico en todo el mundo, alimentado por el creciente desinterés hacia la oferta política. Otros anticipan que en Marruecos podría superar la registrada en anteriores legislativas (menos de un 50 % de votos).

El desencanto pesa especialmente entre los jóvenes casi un año después de las protestas de la GENZ212, que reclamaron mejoras en la sanidad y la educación, y apenas dos meses después de la crisis migratoria de Ceuta, cuando decenas de miles de personas cruzaron de manera irregular hacia la ciudad española.

Son las sextas elecciones legislativas desde el comienzo del reinado de Mohamed VI para elegir 395 diputados de la Cámara de Representantes (baja) mediante un sistema proporcional por listas.

Para votar no basta con ser mayor de edad. Es necesario inscribirse en el censo electoral. Lo están 15,8 millones de personas sobre una población de unos 38 millones. Los jóvenes de entre 18 y 24 años representan apenas el 3 % de ese registro. Las estimaciones sitúan, sin embargo, en cerca de 28 millones el número de marroquíes con derecho a voto. Para los expertos, esta diferencia constituye por sí misma una muestra del desinterés electoral.

El Gobierno ha tratado de incentivar la participación juvenil mediante la simplificación de los trámites de candidaturas, ayudas públicas para cubrir hasta el 75 % de los gastos de campaña y facilidades para presentarse como independientes. Pero las medidas no parecen haber cerrado la distancia entre los jóvenes y la política.

"El efecto del movimiento GENZ212 está presente", afirma a EFE Mostafa Yahyaoui, profesor de Geografía Política, al referirse al descenso de jóvenes inscritos respecto a las elecciones de 2021. A su juicio, muchos no se han registrado por su descontento con los servicios públicos.

"La juventud reclama desarrollo y garantizar un mínimo de dignidad", sostiene Yahyaoui. También cuestiona la calidad de los servicios públicos y reclama justicia social, un discurso al que, según él, los partidos no han sabido responder.

Partidos sin credibilidad

Ghassan Lamrani, profesor de Ciencias Políticas en Rabat, sitúa el problema en las últimas dos décadas. Considera que los partidos han perdido credibilidad y que las diferencias entre las distintas corrientes políticas se han difuminado.

"Salvo los islamistas, todos los demás partidos ya no tienen ni proyecto político, ni identidad política, ni una visión. Se han convertido simplemente en partidos electoralistas cuya única preocupación es conseguir escaños, independientemente del perfil de los candidatos", sostiene.

La abstención, añade, es especialmente visible en las grandes y medianas ciudades, donde se concentra buena parte de la clase media. En las zonas rurales y las periferias urbanas, hay aún candidatos que mantienen una mayor capacidad de movilización.

También el sistema electoral puede influir en la participación. El reparto de escaños se calcula sobre el número de inscritos en cada circunscripción y no sobre los votos válidos. Las autoridades defienden este mecanismo como una forma de garantizar el pluralismo y la representación de partidos minoritarios.

Lamrani considera, sin embargo, que puede alimentar entre los votantes la sensación de que acudir a las urnas tiene poco efecto y provocar una "atomización" parlamentaria que hace imposible formar una mayoría homogénea sin una coalición de partidos.

A ello se suma la propia estructura del sistema político marroquí. La monarquía conserva amplios poderes ejecutivos y, según Lamrani, parte de la población percibe que las decisiones fundamentales no emanan del Gobierno.

"Las orientaciones estratégicas, la política exterior y la política general se deciden en el Consejo de Ministros, presidido por el rey", señala.

El descontento tiene además una expresión política organizada. El islamista movimiento Justicia y Espiritualidad (semitolerado) y el partido de izquierda radical Vía Democrática, habituales defensores del boicot, volvieron a llamar a no participar en estos comicios.

El primero denuncia "la continuidad del autoritarismo y la corrupción", mientras que el segundo rechaza unos comicios que, sostiene, se celebran "bajo un sistema que reprime las libertades", "encarcela a los opositores" y "empuja a sus jóvenes a perder la esperanza en el cambio y a emprender una huida colectiva, exponiendo sus vidas a los peligros de la muerte y la perdición". EFE

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