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La BBC y la IA: Una vigilancia redoblada cuando se trata de contenidos informativos

La BBC y la IA: Una vigilancia redoblada cuando se trata de contenidos informativos

Javier Otazu

Londres, 9 abr (EFE).- La cadena británica de radiotelevisión BBC 'ha hecho sus deberes' con la inteligencia artificial (IA), y lleva varios años aplicándola al trabajo diario, reflexionando sobre sus límites, principalmente en los contenidos informativos, y creando una regulación propia a partir de un principio básico: que su IA esté alineada con el carácter de servicio público de la cadena.

El jefe de la unidad de IA en la cadena británica es el australiano James Fletcher, que recibe a EFE en el imponente edificio que la BBC tiene en el corazón de Londres. Insiste en recordar un principio básico válido para los 20.000 trabajadores de la cadena: lo que los empleados hacen con la IA en su casa, no pueden hacerlo en la BBC.

Es decir, la BBC tiene claro su mandato: "informar, educar y entretener" a través de sus múltiples canales en sus lenguas nacionales (inglés, galés, escocés) o extranjeras, canales tanto informativos como culturales. A este triple mandato también debe obedecer cualquier desarrollo de la IA.

Pero para que no suene demasiado abstracto, el equipo de Fletcher, con una veintena de personas dedicada exclusivamente a gestionar el uso de la IA, ha creado un manual 'ad hoc' de uso obligatorio entre el personal, que además está disponible para cualquier usuario.

El equipo de Fletcher -compuesto por ingenieros de datos, programadores, diseñadores, investigadores...- tiene claro que la transparencia debe guiar todos sus pasos, en línea con una cadena que se jacta de practicar esta transparencia incluso en su icónica sede de Portland Place: una sucesión de pisos con muros de cristal donde es posible observar el trabajo de cada uno.

Un enfoque principalmente europeo

La BBC no pierde de vista los desarrollos que la IA está teniendo en los medios de comunicación del mundo entero. De ellos, la principal colaboración la desarrolla con la Unión Europea de Radiodifusión (UER), corporación que agrupa a 113 radios y televisiones del mundo entero.

Con la UER, las líneas de trabajo son la integridad informativa y la asistencia para la IA. En esta línea, han emprendido algunos trabajos de investigación conjunta sobre cómo la IA da respuestas sobre contenidos informativos: ¿Son correctas?, ¿de qué fuentes se nutren?, ¿tienden a editorializar y dar opinión?. Y según Fletcher, las conclusiones han arrojado "serias preocupaciones", que demuestran que la IA aún está lejos de ser perfecta.

La revolución de ChatGPT

Reconoce Fletcher que la IA sufrió una verdadera revolución hace ahora unos cuatro años, cuando apareció (o más bien se popularizó) ChatGPT, el 'chatbot' o robot conversacional que puso la IA al alcance de cualquier persona sin necesidad de conocimientos previos, y que aceleró la competencia de todas las grandes empresas tecnológicas por liderar (y rentabilizar) esta carrera.

Pero los desafíos que plantea las IA son tan nuevos y tan rápidos que -recuerda el australiano- muchas veces su equipo se encuentra respondiendo a situaciones nunca antes planteadas, con potenciales conflictos que pueden ser de autoría de contenido, de protección de datos, de conflictos comerciales, etc.

En otras palabras, las implicaciones son deontológicas, legales y económicas. Y por ello la BBC ha desarrollado este manual "no por el gusto de regular, sino con el fin de capacitar a la BBC y a su personal para que hagan lo que la BBC quiere hacer, y lo haga alineado con nuestros valores".

Algunos usos de la IA generativa son aparentemente inocuos: crear gráficos, ilustrar mapas, resumir contenidos muy largos, pero la cadena se ha marcado algunos límites: por el momento, no permite que se usen imágenes generadas por IA en los programas informativos (pero sí en los divulgativos).

Etiquetas sí, etiquetas no

Una de las cuestiones más debatidas en las empresas mediáticas es la obligación o no de 'etiquetar' los contenidos generados con inteligencia artificial, pero para Fletcher esta discusión ya está superada por el aluvión de contenidos que, conscientemente o no, han sido producidos en todo o en parte por la IA.

Traducciones de personas que hablan en otras lenguas, transcripciones de discursos, gráficos para ilustrar una evolución o el resultado de una encuesta: estampar en la pantalla una etiqueta en cada contenido generado con la IA puede terminar resultando molesto si esa etiqueta aparece constantemente sobre la imagen.

Resultado: la política de la BBC es la de etiquetar solamente aquellos contenidos que puedan confundir o engañar a la audiencia, y dejar que los otros fluyan libremente sin 'marcas'. Según Fletcher, esta solución viene avalada por la observación de que las audiencias son cada vez más receptivas o menos reticentes a los contenidos generados por la IA.

Otro ejemplo es el de las voces artificiales: si hace dos años las voces sintéticas sonaban impostadas, ya no es el caso, y algunas de las voces usadas con este propósito -como un exitoso resumen deportivo de 2 minutos de la BBC generado de principio a fin con la IA- suena ya totalmente natural, dice.

Haber desarrollado este resumen deportivo es un buen ejemplo de los desafíos de la IA: los contenidos originales usados para el resumen han sido generados por personas, pero la IA permite condensar el trabajo de decenas de reporteros para realizar un resumen final. Por el momento con supervisión final de un humano, pero dentro de un tiempo, ¿quién sabe? . EFE

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