La economía y la energía, claves del equilibrismo serbio entre Rusia, China, EEUU y la UE
Ivan Blazhevski
Belgrado, 23 oct (EFE).- El delicado equilibrio que Serbia mantiene en sus relaciones con Rusia, China, EEUU y la UE no tiene visos de cambiar sustancialmente tras las elecciones del domingo, en las que una candidatura de universitarios, sin ideología o programa exterior claro, desafía al populista nacionalista Aleksander Vucic, en el poder desde 2014.
La Lista de Estudiantes, en la que los universitarios han elegido a académicos y profesionales de todas las áreas como candidatos, está concentrada en acabar con la corrupción y el autoritarismo del que acusan a Vucic, y en reforzar las instituciones democráticas, si bien ha dado pocas pistas sobre políticas económica o de exteriores.
Entre sus pocos apuntes, está el de que, si llegan al poder, no modificaran la negativa de Vucic de imponer sanciones a Rusia por su agresión a Ucrania.
El exjefe del Estado y ahora candidato a primer ministro mantiene buenas relaciones con el presidente de Rusia, Vladímir Putin, quien le ha deseado suerte para las elecciones del domingo.
Aparte de que Rusia proporciona el 90 % del gas que Serbia consume, y compra a un precio reducido, los dos países comparten lazos históricos y culturales.
Además, Rusia y China, como miembros permanentes del Consejo de Seguridad, son los principales apoyos de Serbia en su negativa a reconocer la soberanía de Kosovo, una exprovincia serbia de población mayoritariamente albanesa que declaró su independencia en 2008.
Uno de los ejemplos de esa estrecha relación económica es la venta en 2008 del 51 % de la petrolera estatal serbia Nis a la rusa Gazprom Neft, aunque la sanciones de EEUU a la industria petrolera rusa forzaron a Nis a iniciar la venta del capital ruso a la húngara Mol.
Estancamiento con la UE
Paralelamente, Serbia sigue aspirando a entrar en la Unión Europea (UE), a la que es candidata desde 2012, aunque el proceso se ha ralentizado y no la logrado cerrar ningún capítulo de la negociación en los últimos nueve años.
De hecho, la comisaria de Ampliación, Marta Kos, declaró este mes que Bruselas juzgará la seriedad del próximo Gobierno serbio en función de su alineamiento con las políticas de seguridad y exteriores de la UE, en una clara alusión a la apoyo comunitario a Ucrania y las sanciones a Rusia.
En ese debate entre Rusia y la UE, el 42 % de los serbios apoya estrechar lazos con la UE frente al 30 % que prefiere hacerlo con Rusia, según una encuesta del pasado junio de la ONG serbia Centro de Investigación, Transparencia y Responsabilidad (CRTA) y la Universidad de Stanford (EEUU).
Las preferencias quedan mucho más claras en función del voto: el 75 % de quienes votará a la Lista de Estudiantes se inclinan por la UE, mientras que el 60 % de los partidarios de Vucic prefiere a Rusia.
En cualquier caso, la UE, con Alemania e Italia a la cabeza, sigue siendo el principal socio comercial de Serbia, y en 2024 era aún el mayor inversor (39 %), aunque China ha ganado terreno (31 %).
En julio de ese año, Bruselas y Belgrado llegaron a un acuerdo para proporcionar litio de minas serbias para las fábricas europeas, especialmente la industria automotriz alemana, que quedó luego paralizado por las multitudinarias protestas ecologistas.
Inversiones chinas
En la década larga que Vucic lleva en el poder, China ha reforzado su presencia en Serbia, con 8.000 millones de inversiones directas, según datos oficiales, y proyectos de infraestructuras que fueron adjudicados sin concurso a empresas chinas.
La más llamativa es la línea férrea entre Belgrado y Budapest, Serbia ha financiado los 183 kilómetros de su tramo con préstamos del Banco Chino de Exportación-Importación.
La cuarta pata en esa red de contactos es Estados Unidos o, más concretamente, su presidente.
Y gas de EEUU
Tras regresar Donald Trump a la Casa Blanca en enero de 2025, Belgrado se abrió a importar gas natural licuado (GNL) de EEUU.
El pasado octubre, Serbia y Macedonia del Norte se unieron al proyecto del Corredor Vertical para importar GNL estadounidense desde terminales en Grecia a través de gasoductos que deberían estar listos en 2028.
Además, hace dos años la empresa de Jared Kushner, yerno de presidente estadounidense, firmó un acuerdo con el Gobierno serbio para construir un hotel de la marca Trump en el solar del antiguo cuartel general del Ejército de Yugoslavia, dañado por los ataques de la OTAN de 1999.
El proyecto se paralizó tras determinar la Fiscalía que el edificio fue derribado después de que se le quitara su condición de patrimonio protegido con documentos falsos.
Ante esa red de intereses y relaciones, Igor Bandovic, director del laboratorio de ideas Belgrade Centre for Security Policy (BCSP), considera que un triunfo de la Lista de Estudiantes no modificaría sustancialmente la actual política exterior.
Si Vucic se mantiene en el poder, dice Bandovic, las relaciones con la UE se deteriorarán aún más, ya que continuará el retroceso democrático.
Respecto a EEUU, la cooperación energética puede diversificar los suministros, atraer inversiones y fortalecer las relaciones con Washington sin romper los lazos con Moscú y Pekín.
"También puede ayudar a las autoridades a cultivar el apoyo de Washington en un momento de crecientes críticas al historial democrático de Serbia", explicó el analista a EFE. EFE
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