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La escritora Esi Edugyan: "Sentirse espiritualmente libre es la libertad más importante"

La escritora Esi Edugyan:

Diego Nicolás Alonso

Nairobi, 26 sep (EFE).- Escapar de la esclavitud no basta para ser libre, al menos no para Washington Black, el niño esclavizado que protagoniza la novela más conocida de la escritora canadiense de origen ghanés Esi Edugyan, quien cree que existe una liberación que "va más allá de romper unas cadenas".

"Sentirse espiritualmente libre es la libertad más importante de todas", afirma Edugyan en una entrevista con EFE en Nairobi, donde asistió hace una semana al Festival Literario Macondo, que reúne a autores africanos y de la diáspora para conectar las historias y los futuros del continente a través de la literatura.

Nacida en Calgary (Canadá) en 1978 e hija de padres ghaneses, Edugyan es una de las escritoras canadienses contemporáneas más reconocidas.

Su novela 'Washington Black' (2018) narra la historia de George Washington 'Wash' Black, un niño de 11 años esclavizado en una plantación de azúcar de Barbados cuyo escape da paso a una vida marcada por la ciencia, los viajes y la búsqueda de identidad.

El libro, que ganó el prestigioso Premio Scotiabank Giller y fue finalista del Man Booker, saltó a la pequeña pantalla en 2025 en la serie televisiva homónima, en la que el actor británico Ernest Kingsley Junior encarna a 'Wash'.

Para el protagonista de la novela, explica Edugyan, la libertad comienza siendo algo "casi inconcebible".

Cuando abandona la plantación, descubre que controlar su propio cuerpo no significa haberse liberado de lo que "la esclavitud dejó en su interior".

"Comprende que hay toda otra dimensión de la libertad y que no se trata simplemente de la libertad del cuerpo", señala la autora.

Dar voz a "los silenciados"

Edugyan ha dedicado buena parte de sus obras a personajes que la historia dejó en los márgenes.

Para ella, la ficción histórica no repara completamente esas ausencias, pero sí "puede dar voz a quienes fueron silenciados. Es una de las grandes cosas que puede hacer. Es un acto de recuperación".

Cuando escribe directamente sobre una persona que existió realmente, considera necesario mantenerse mucho más cerca del registro histórico, aunque "donde existen huecos", defiende el derecho del novelista a imaginar.

En 'Washington Black', la escritora quiso, además, evitar que la esclavitud redujera a sus personajes únicamente al sufrimiento.

Frente a todo lo que ese sistema destruyó, muestra también aquello que logra sobrevivir en 'Wash': "su potencial ilimitado, su inteligencia, su genio, su esperanza".

"Eso obliga al lector a pensar en todas aquellas voces que no escuchamos, en todo el talento, las ambiciones y las esperanzas perdidas, y en todo lo que aquello supuso", explica.

Por eso define su novela más como una historia "posterior a la esclavitud" que como una narración sobre ella.

"No iba a ser un libro sobre un niño esclavizado y su sufrimiento. Iba a ser sobre su recuperación, sobre cómo reclama su identidad y sale al mundo", señala.

Regreso a las raíces

Visitar Nairobi también ha supuesto, para Edugyan, regresar de algún modo a un continente que conoció primero a través de sus padres ghaneses.

En África Occidental, reconoce paisajes, costumbres y comidas de su infancia y describe la extraña familiaridad de mirar el rostro de un desconocido y encontrar rasgos propios pese a haber crecido a miles de kilómetros.

"Escuchar hablar el idioma es como 'Ah, estoy en casa'", cuenta, aunque ella no habla las lenguas indígenas de sus padres.

Edugyan admite que, durante su estancia en Nairobi, llegó a imaginar una noche un posible regreso definitivo a África.

"Pensé: ¿no sería interesante que ese fuera mi viaje? Mis padres hicieron el viaje para marcharse y yo lo haría para volver", recuerda. "No lo descarto en un futuro".s

Resolución de la ONU contra la esclavitud

La novelista también celebra la resolución promovida por Ghana y aprobada por la Asamblea General de la ONU en marzo pasado, que declaró la trata y la esclavización racializada de africanos como "el crimen más grave contra la humanidad".

La iniciativa recibió 123 votos favorables, mientras Canadá figuró entre los 52 países que se abstuvieron.

Edugyan considera "absolutamente necesario" ese reconocimiento, aunque se muestra sorprendida de que haya tardado tanto.

"Estamos en 2026 y esto ocurre ahora", apunta la autora, a quien la abstención de Canadá le provoca todavía más sorpresa.

"Me parece sorprendente y extraño, por decirlo suavemente. Es impactante", zanja. EFE

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