Carlos Pérez Gil
Redacción Deportes, 17 jul (EFE).- El torneo de golf con más solera del mundo no pasa de moda. El Abierto Británico cumple este año su 154ª edición, después de que la inaugural fuera en 1860. Pero el paso de los años no le resta brillo. El campo inglés de Royal Birkdale acoge durante las cuatro jornadas del torneo a más de 300.000 espectadores, cifra récord en el emblemático evento.
El 'link' (campo costero) situado al norte de Liverpool, que alberga por undécima vez el último 'major' de la temporada, ha alcanzado el tope de su aforo, después de que hubiera más de un millón de solicitudes de entradas.
El precio de los pases de este año han oscilado entre las 12 libras (unos 14 euros) en las jornadas de prácticas hasta a las 140 (unos 165 euros) de la ronda final del domingo. El pase VIP más exclusivo alcanza las 2.540 libras (casi 3.000 euros).
Ni siquiera el Mundial de fútbol ha disuadido a los aficionados, que tras la eliminación de Inglaterra en semifinales, no tendrán prisa el domingo, después que la organización hubiera sopesado adelantar la última ronda en caso de que los del alemán Thomas Tuchel hubiesen llegado a la final.
La fiebre por el legendario torneo se ha elevado con vistas a la próxima edición, la 155ª, que tendrá lugar en el mítico club de St. Andrews, sede de El Royal and Ancient Golf Club (R&A), organizador del torneo y uno de los rectores del golf mundial.
"En los primeros nueve días, hemos recibido cerca de 750.000 solicitudes", indicó esta semana el director ejecutivo del R&A, Mark Darbon.
A pesar de la demanda, la organización mantiene la entrada gratuita para los menores de 16 años con el fin de fomentar el golf. "Estamos decididos a que el Open siga siendo realmente un campeonato abierto y accesible para todos", apunta Darbon.
La 154ª edición de la prueba va a generar un impacto económico superior a los 200 millones de libras (unos 235 millones de euros), en particular, en la zona donde se sitúa Royal Birdale, en la llamada costa inglesa del golf, con media docena de campos casi seguidos.
Una de las novedades del 'major' más antiguo de los cuatro existentes es que estrena código de conducta para los aficionados, dirigido a evitar que los jugadores reciban insultos, como ocurrió en el pasado Abierto de Estados Unidos o en la última Copa Ryder.
"Estamos muy orgullosos del comportamiento de los aficionados en el Open. Pensamos que dejar por escrito cuáles son nuestras expectativas ayudará a preservar ese ambiente en el futuro", sostiene el máximo responsable de la organización.
También se han introducido cambios en el ámbito digital y televisivo, con una aplicación oficial completamente rediseñada, un juego de 'fantasy' golf y una cobertura que permite seguir de forma específica a un jugador.
Donde el R&A es más cauto es a la hora de dar comba a los creadores de contenidos e influyentes y en esta edición rechazó la tentación de organizar el lunes una jornada de exhibición en el que participara este colectivo, como han apostado en otros torneos para atraer nuevas audiencias.
"Cualquier iniciativa que llevemos a cabo debe ser coherente con la historia, el prestigio y la identidad de este campeonato. Trabajaremos con creadores de contenido e 'influencers' cuando tenga sentido hacerlo. Pero nunca haremos acciones que puedan perjudicar el prestigio, la historia o la identidad del Open", sostienen desde el club de St. Andrews.
En su ánimo de innovar, el R&A tiene casi decidida una decisión inédita, como es la celebración por primera vez del Abierto Británico en Irlanda.
Por ahora, tiene designadas las sedes hasta 2028, pero todo indica que, antes de que acabe la década, el torneo tendrá lugar en Portmarnock, al lado de Dublín. Hasta ahora, el evento sólo ha salido tres veces de la isla, todas en Royal Portrush, en Irlanda del Norte, la última el pasado año. EFE
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