Agencias

La historiadora Kathleen Belew avisa de la normalización del supremacismo blanco en EE.UU.

La historiadora Kathleen Belew avisa de la normalización del supremacismo blanco en EE.UU.

Marc Fraile Baudy

Madrid, 18 oct (EFE).- La historiadora norteamericana Kathleen Belew, autora de 'Bring the War Home', advierte que las actividades del supremacismo blanco estadounidense ya no necesitan esconderse tanto como antes porque han sido incorporadas directamente al discurso político convencional, algo que incluso el gobierno del presidente Donald Trump normaliza.

"Lo vemos organizando la seguridad de los mitines republicanos" o en la agencia antimigración ICE, donde los supremacistas hacen lo mismo que en la clandestinidad, pero ahora pagado por el Estado, argumenta desde EE.UU. en una videoconferencia con EFE.

Sus actividades violentas clandestinas siguen, pero con menos pulso, porque ya no necesitan esconderse, pues el Gobierno las avala, incide la investigadora, con discursos de deportaciones masivas, la persecución de migrantes o el indulto presidencial concedido a los asaltantes del Capitolio del 6 de enero 2021.

Según Belew, "el FBI decidió no siempre perseguir ni monitorizar a los grupos del movimiento del poder planco por ahora", así que se desconoce cuántos son sus miembros o de qué armas disponen, explica con motivo de la publicación de su libro en español ('Traed la guerra a casa, el resurgimiento de la ultraderecha y el supremacismo blanco', editado por Capitán Swing).

"Un fracaso de EE.UU."

En la entrevista, Belew concluye que EE.UU. "falló en tomar acciones decisivas en momentos cruciales, cuando podía hacerlo" para frenar a estos grupos, lo que les abrió la puerta para entrar en política e instituciones, desembocando en el tipo de autoritarismo como se ve ahora en el país.

"Fracasamos cuando no comprendemos qué es este movimiento ni lo coordinado que está, fracasamos cuando los que están en el poder no tienen interés en perseguir a esos miembros ni en vigilarlos y fracasamos -sintetiza- porque, sencillamente, hemos elegido fracasar".

También insiste en que van a atacar cada vez más fuerte a la gente más vulnerable (inmigrantes, afectados por la crisis de la vivienda, personas de raza negra...), por lo que insta a prevenirlo.

Del Vietnam al corazón de Norteamérica

En concreto, con el nombre 'poder blanco' se refiere al movimiento de EE.UU. que abarca grupos antisemitas, supremacistas y anticomunistas.

Explica cómo se radicalizó para transformarse en una red paramilitar y terrorista dispuesta a importar la violencia de la guerra del Vietnam al corazón de su propio país con el argumento siguiente: "Matamos comunista en Vietnam, ¿por qué no íbamos a matar comunistas en EE.UU.?"

La autora repasa el tiempo entre que los veteranos regresaron del Vietman y el gran atentado de Oklahoma City de 1995 (168 muertos), en los que el movimiento organizó un auténtico ejército paramilitar entrenado y dotado de armamento militar y llegó a una radicalización terrorista, según describe. Soldados de aquella guerra se sentían traicionados y abandonados por el Gobierno.

Durante años, las autoridades policiales y los medios de comunicación trataron cada atentado de la extrema derecha como actos de un lobo solitario, que actuaba solo por su cuenta.

Pero Belew habla en el libro de la existencia de una red social profundamente interconectada que comparte manifiestos, símbolos, financiación y selección de objetivos.

1983, la clave

El momento decisivo, según la historiadora, tuvo lugar en 1983, durante el Congreso Mundial de Nación Aria, en Hayden Lake (EE.UU.) donde los líderes extremistas concluyeron que "la vía política convencional estaba cerrada" para ellos y "nunca" lograrían sus objetivos políticos. Por ello, "dieron un giro hacia esa gran guerra clandestina", considera la autora.

Más concretamente, el poder blanco mutó en una estructura clandestina basada en células autónomas terroristas de pocas personas que actuaban sin comunicación directa con la cúpula, creando así una "resistencia sin líderes".

"Debido a esa estrategia, nos encontramos ahora con la narrativa del lobo solitario, que hace que los actos de violencia no parezcan formar parte de un mismo fenómeno, así que conectarlos entre sí requiere un gran esfuerzo, trabajo que es absolutamente fundamental" para una respuesta institucional eficaz, según Belew.

La historiadora descubrió algo fundamental, que durante esa reunión el movimiento decidió dar el salto a las comunicaciones informáticas, a modo de un activismo de redes sociales primitivas, repartiendo ordenadores a sus miembros. Luego evolucionaron para adaptarse rápidamente a internet y todas las novedades tecnológicas vinculadas.

"La historia tiene mucho que enseñarnos, no solo cómo llegamos ahí, sino también todas las otras opciones que podían haber sucedido", pues "existen siempre otras alternativas", comenta.

De esta manera, espera que la gente se inspire en los momentos históricos para hacer frente a la ultraderecha y al supremacismo blanco. Y apostilla: "España no tiene que tomar el mismo camino que Estados Unidos". EFE

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