La "judaización" de Jerusalén avanza entre presiones económicas, desalojos y agresiones
Guillermo Azábal
Jerusalén, 2 oct (EFE).- Desalojos de palestinos en Jerusalén Este, asaltos de colonos a la Explanada de las Mezquitas, cierres de negocios y un reguero de ataques nacionalistas israelíes en la Ciudad Vieja comprometen la identidad compartida de la Ciudad Santa, venerada por las tres religiones monoteístas.
La situación para los palestinos "empezó a deteriorarse aún más desde el 7 de octubre de 2023" y las autoridades israelíes "están aprovechando para acelerar la judaización" de la Ciudad Vieja, dijo a EFE la Gobernación de Jerusalén, que apunta que las festividades judías en curso "hacen más evidente este proceso".
Desde esta entidad administrativa, una de las dieciséis en las que la Autoridad Palestina se divide, aseguraron a EFE que los 1.400 comercios palestinos de la Ciudad Vieja se ven afectados por las celebraciones que arrancaron con el Año Nuevo Judío el pasado 11 de septiembre y terminan este viernes noche.
"Los 35.000 residentes árabes dentro de la Ciudad Vieja no puedan salir de sus casas por cortes de calles y miedo a ser agredidos", indicó a EFE Marouf Al Refai, portavoz de la gobernación.
Solo durante los últimos días, han sido difundidos los casos de un niño cristiano armenio de 9 años que fue rociado con espray pimienta por un israelí y un anciano palestino agredido por una turba en la Puerta de Damasco, y más vídeos de supuestos ataques de extremistas circulan por las redes sociales.
EFE consultó a la Policía de Israel por estos últimos episodios de acoso acontecidos en la Ciudad Vieja sin obtener respuesta.
"No hay libertad ni democracia para los palestinos"
Israel considera como "capital eterna e indivisible" a Jerusalén, ciudad de la que ocupó su parte este en 1967 y acabó anexionándola en 1980; mientras que los palestinos reclaman que la mitad oriental -donde se ubica la Ciudad Vieja- se convierta igualmente en la capital de su futuro Estado.
Además, la Explanada de las Mezquitas es un sitio particularmente sensible de Jerusalén: para el islam alberga su tercer lugar más sagrado, Al Aqsa; y los judíos, que oran en el anexo Muro de las Lamentaciones, sitúan allí el Primer y el Segundo Templo, destruido este último por los romanos en el año 70.
"No hay libertad ni democracia para los palestinos en la Ciudad Vieja. La gente tiene miedo a hablar porque la Policía nos vigila, te pueden tachar de antisemita y ante cualquier crítica te expones a arresto indefinido", manifestó a EFE en condición de anonimato un tendero palestino del barrio musulmán.
Expropiaciones y la "línea roja" de Al Aqsa
La presión de las autoridades israelíes también ha ido más allá y ha hecho que 57 familias palestinas de Silwan (sureste de la Ciudad Vieja) hayan sido desalojadas en la última década tras disputas territoriales con organizaciones colonas como Ateret Cohanim, según la ONG israelí Ir Amim.
Y en el área de la Puerta de la Cadena (Bab Al Silsila), en el límite entre el barrio musulmán y el judío de la Ciudad Vieja, este año aprobaron avanzar en la aplicación de una orden de expropiación de 1968 sobre hasta 20 inmuebles palestinos, alegando razones de interés público y seguridad.
Para Marouf Al Refai, "Al Aqsa sigue siendo una línea roja para los palestinos", pero la realidad sobre el terreno es que cada día centenares de fieles judíos irrumpen en la Explanada de las Mezquitas para realizar rituales y oraciones talmúdicas, en medio de restricciones a musulmanes, bajo protección policial y puntualmente acompañados por ministros ultras del Gobierno liderado por Benjamín Netanyahu.
Según el 'statu quo' vigente desde 1967, este recinto está reservado exclusivamente al culto de musulmanes, mientras que los judíos solo pueden entrar como visitantes, ya que las leyes judías prohíben a sus fieles rezar allí, algo solo permitido a algunos rabinos.
No entraría a rezar allí
"No entraría a rezar allí (Explanada de las Mezquitas), es algo impuro", dijo a EFE Ilai, judío ortodoxo panameño, cerca de la famosa Puerta de Jaffa,
Sobre si está bien que Jerusalén siga siendo un lugar para todas las religiones, prefirió "no comentar nada".
El Waqf de Jerusalén, dependiente del Ministerio de Asuntos Religiosos de Jordania y entidad que administra Al Aqsa, ha alertado repetidamente de los supuestos intentos de Israel para controlar el complejo.
Al ser preguntado por EFE, uno de los responsables del Waqf de Jerusalén prefirió no hacer declaraciones "debido a represalias anteriores tras conversar con medios internacionales".
"La persistencia de estas violaciones contra los lugares sagrados musulmanes podría llevar a la gente al límite, desencadenando potencialmente una nueva Intifada o una oleada de violencia que ninguna de las partes desea", advirtió Al Refai. EFE
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