Agencias

La ocupación romana de la península ibérica tuvo un enorme impacto en la genética local

La ocupación romana de la península ibérica tuvo un enorme impacto en la genética local

Madrid, 21 oct (EFE).- El estudio de genomas antiguos de una treintena de yacimientos arqueológicos ha permitido reconstruir la historia genética de la península ibérica entre los siglos I y VIII, un periodo marcado por la dominación romana, y por la llegada posterior de pueblos germánicos como los visigodos, suevos, alanos y vándalos.

El estudio, publicado en Cell y liderado por el Instituto de Biología Evolutiva (IBE), el Museo de Ciencias Naturales de Barcelona, la Universidad de Harvard y la Euskal Herriko Unibertsitatea (EHU) revela que la conquista romana de Hispania produjo un significativo cambio demográfico, mientras que las migraciones germanas tuvieron un impacto mucho más limitado en la genética local.

A partir del estudio de 243 genomas antiguos de 31 yacimientos, junto con datos genómicos ya conocidos, el estudio concluye que la romanización de la península cambió profundamente la genética de la población local que, durante la Edad del Hierro, fue relativamente homogénea.

"Como en cualquier imperio, la colonización romana facilitó mucho la movilidad dentro y fuera de sus fronteras, y favoreció la llegada de población del este del Mediterráneo (Anatolia) donde había grandes ciudades como Éfeso, Antioquía, Alejandría y, posteriormente, Constantinopla", explica a EFE el corresponsable del estudio y paleogenetista del IBE, Carles Lalueza-Fox.

La ocupación romana también favoreció el flujo genético desde el otro extremo del Mediterráneo porque "como en otras épocas, este mar se convirtió en una autopista por la que llegó mucha población norteafricana procedente de ciudades tan importantes como Cartago".

Frente a ese proceso migratorio sostenido, durante el Imperio romano, la contribución itálica a la genética local fue prácticamente nula, porque, en realidad, Roma "casi no enviaba colonizadores". Los verdaderos motores demográficos de la población del imperio fueron los pueblos de Anatolia y norte de África.

Las poblaciones germánicas

Pero a diferencia de la profunda transformación demográfica producida durante la ocupación romana, la llegada de los visigodos y otros grupos germánicos (suevos, vándalos y alanos), a partir del siglo V, tuvo un impacto genético mucho más limitado en la península ibérica.

"Si lo comparamos con otras zonas estudiadas, como los Balcanes o Gran Bretaña, donde estos pueblos representan entre el 40 y el 60 % de la ascendencia genética de la población actual, o el 40 % en el caso de los Balcanes, en España es difícil estimarlo pero podría estar en torno al 10 o 20 %, dependiendo de la región", apunta Lalueza-Fox.

"La historia genética de la península ibérica es distinta de la de otras partes de la Europa posromana. Encontramos migración y nuevas ascendencias, pero no una sustitución de la población ni un impacto demográfico a gran escala", precisa David Reich, investigador principal en Harvard y corresponsable del estudio.

Los autores creen que aunque los pueblos germánicos dejaron poca huella en la genética local principalmente porque eran pocos. Según estimaciones históricas, serían unas 200.000 personas como máximo, frente a unos seis millones de habitantes hispanorromanos, es decir, no llegaban al 10 % de la población peninsular.

Ademas, llevaron a cabo lo que se conoce como un 'reemplazo de élite', porque "no fueron una migración masiva, sino que sustituyeron a la élite local y se establecieron como clase gobernante". "Los visigodos, por ejemplo, mantuvieron muchas estructuras administrativas y algunos latifundios y fundaron algunas ciudades pero básicamente lo que hicieron fue sustituir a las autoridades locales", comenta Lalueza-Fox a EFE.

Estas poblaciones, además, no solían mezclarse con la población local porque eran arrianos -un tipo de cristianismo que tenía prohibido el matrimonio local con la población hispanorromana, que era católica-, y porque nunca llegaron a establecer un sistema sucesorio, sino que "elegían a sus gobernantes por cuestión de méritos, lo que causaba un caos constante", comenta el paleogenetista catalán.

Dos hermanos y 725 kilómetros

Uno de los hallazgos más reveladores del estudio es el de dos hermanos biológicos de ascendencia centroeuropea. Él estaba enterrado en la necrópolis de Corralón de los Blanes, en Augusta Emerita (Mérida), y ella, en el yacimiento del Idum de Vilanova de Alcolea (Castellón), una antigua posada cercana a la calzada romana en la que se podía pernoctar y cambiar los caballos.

Estos lugares estaban separados por 725 kilómetros -un viaje de quince días a caballo-, "y eso nos da una idea de la extraordinaria movilidad que había en aquella época", gracias a las calzadas romanas que seguían en uso, explica.

"Es la mayor separación geográfica entre parientes de primer grado documentada en la arqueología mundial. Antes de eso, solo habíamos encontrado un padre y una hija separados por 6 kilómetros", comenta Lalueza-Fox.

Asimismo, aunque no se puede saber qué hacía tan lejos del reino suevo, la vasija de vidrio y los alfileres de oro con los que fue enterrada indican que era de una elevada posición social.

Para Lalueza-Fox, hallazgos como este no solo revelan aspectos como el estatus o la movilidad en estos periodos, sino que "dejan de ser datos y se convierten en historias personales que dan una visión mucho más humana y realista de estos periodos". EFE

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