Agencias

La temporada de aceituna en el sur del Líbano se ve empañada por la ocupación de Israel

La temporada de aceituna en el sur del Líbano se ve empañada por la ocupación de Israel

Noemí Jabois

Beirut, 29 oct (EFE).- El sur del Líbano se enorgullece de sus olivos centenarios y de producir algunos de los mejores aceites de oliva, pero esta temporada de cosecha muchos no han podido acceder a sus plantaciones a causa de las restricciones impuestas por las fuerzas israelíes que ocupan la región.

En decenas de pueblos de la denominada 'línea amarilla' ocupada por Israel, los agricultores permanecen desplazados y sin posibilidad alguna de acercarse a sus olivares. En los pocos aún habitados, en sus inmediaciones, necesitan luz verde del Estado judío para acceder a sus propias tierras.

Kfar Chouba, una localidad de mayoría musulmana suní a escasos tres kilómetros de la divisoria, solicitó permiso con mucha antelación y supuestamente acabó obteniendo garantías verbales de que el Ejército libanés y la misión de paz de la ONU (FINUL) les acompañarían durante la cosecha a partir del 15 de octubre.

"Nos reunimos en la plaza de Kfar Chouba, el lugar de encuentro designado. Llegamos por la mañana, agricultores de todo Arqoub se habían reunido, pero nadie del Ejército ni de la FINUL vino", lamentó a EFE Qassem al Qadri, alcalde del pueblo y jefe de la Unión de Municipios de Arqoub, región a la que pertenece.

Un centenar de nombres

Ese día, un decepcionado Al Qadri se levantó e invitó a los presentes a dirigirse igualmente a las fincas. Él lideraría al grupo.

"Algunos de los agricultores nos siguieron, nos dispersamos y comenzamos a cosechar aceitunas. Casi de inmediato, las fuerzas israelíes irrumpieron en los olivares (...) diciendo: 'No os dimos permiso, no hay autorización. Acordemos un día y podréis regresar'", relató el alcalde.

Ahí comenzó un tira y afloja aún en marcha a través del mecanismo de supervisión del alto el fuego.

Primero, los israelíes intentaron que rellenaran formularios con infinidad de datos personales de los participantes en la cosecha, pero los vecinos se negaron a darles ese tipo de información. "Fue como solicitar un visado para otro país en nuestra propia tierra", denunció el responsable regional.

Más tarde, les hicieron llegar una lista con cien nombres que podrían tomar parte en la cosecha, algo que los residentes volvieron a rechazar por considerarlo muy insuficiente para una zona que "solo en Kfar Chouba tiene 85.000 olivos", en palabras de Al Qadri.

No muy lejos, en Rashaya al Foukhar, un pequeño pueblo de mayoría cristiana, los vecinos sí entregaron una lista con nombres y pueden cosechar desde la semana pasada, aunque con un mayor despliegue de seguridad en el área.

Según explica a EFE el alcalde Pierre Atallah, hay patrullas "constantes" del Ejército libanés y el cuerpo de ingenieros de la institución castrense inspecciona las fincas antes de la entrada de los jornaleros para asegurarse de que no hay artefactos explosivos sin detonar.

En lo que va de mes, dos hombres perdieron la vida por la explosión de remanentes de guerra mientras recogían aceituna en Froun y Ain Ebel, ambas en el sur del país.

Destrucción deliberada

Esta cosecha era importante para Rashaya al Foukhar, donde la mayoría de los habitantes son soldados y trabajadores del sector público para los que la venta de aceite de oliva supone una "fuente vital de apoyo", sin ser su sustento principal.

"Les permite seguir viviendo. Pagan la matrícula escolar de sus hijos, compran algo para la casa, quieren pintarla", comenta el alcalde.

Un puñado de residentes sí viven de la aceituna, terratenientes que el responsable estima tienen entre uno y dos millares de árboles cada uno, con ingresos de unos 20.000 o 30.000 dólares de la venta de aceite.

Para los lugareños, el olivo no es solo sinónimo de ingresos, es "una idea y un recuerdo". Dice Atallah que en la anterior guerra con Israel en 2023 y 2024, ardió en la zona un árbol de los que conocen como "romanos" de tan antiguos que son.

"Los ancianos dicen que los llaman olivos romanos y que Jesucristo pasó junto a ellos", comenta.

Y es en buena medida por su importancia para la identidad que Israel se ensaña con ellos tanto en el Líbano como en Palestina.

En el pueblo ocupado de Zawtar al Sharqiya, los agricultores no solo no pudieron poner un pie en sus fincas esta temporada de aceituna, sino que algunos ya no tendrán olivos que cosechar cuando el Estado judío se retire del sur del Líbano.

El alcalde, Mohammed Ismail, estima que al menos un millar de olivos han sido destruidos por Israel, aunque teme que las cifras reales sean mucho más altas.

"El primer olivar, del que se habló mucho, tenía aproximadamente entre 550 y 600 árboles. Ese fue el que arrasaron con las excavadoras. Luego, arrasaron muchos otros lugares", detalló en declaraciones a EFE.

El mes pasado, se dio a conocer que un vecino del pueblo con doble nacionalidad interpuso una demanda en Francia por la destrucción de los 600 olivos, muchos de los cuales eran centenarios, como tantos otros en el sur del Líbano.

"Estos olivos no los plantamos nosotros, los plantaron nuestros antepasados, los antepasados ​​de nuestros antepasados. Algunos olivos tienen 300 o 400 años, lo que significa que se remontan a cinco generaciones atrás", concluyó Ismail. EFE

ag-njd/cgs/amr

(Imágenes de archivo disponibles en la fototeca con la referencia XWH13)