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La urna electrónica cumple 30 años en un Brasil dividido en vísperas de las elecciones

La urna electrónica cumple 30 años en un Brasil dividido en vísperas de las elecciones

Alex Mirkhan

Brasilia, 20 sep (EFE).- Hasta 1996 eran tantas las formas de fraude electoral en Brasil que cada una era conocida por un apodo: la "hormiguita" se refería a electores pagados para depositar en la urna papeletas previamente rellenadas; la "mano mágica" y el "pico de pluma" dependían de la habilidad de fiscales malintencionados; y la "urna embarazada" ya llegaba rellena de "votos".

Desde hace treinta años reina la urna electrónica, símbolo de la cuarta mayor democracia del mundo. Fue una invención "casera", concebida por cinco investigadores que recurrieron a la "tradición brasileña en automatización" para romper el escenario de caos e inseguridad jurídica vigente hasta entonces.

"Desde que nació la maquinita, siempre ha tenido adversarios", relata a EFE el matemático Giuseppe Janino, exsecretario de Tecnología de Información del Tribunal Superior Electoral (TSE).

Es uno de los cinco "padres" de la urna electrónica y también de las estrategias posteriores para "demostrar que esta nueva forma de votación es más segura y transparente que la manual, que presupone la intervención humana".

Janino recuerda que los primeros adversarios del revolucionario sistema eran los políticos fraudulentos y el amplio desconocimiento de la población sobre informática.

La desconfianza se superó poco a poco, pero volvió con fuerza a partir de las elecciones de 2018 y se ha convertido en una bandera recurrente de la extrema derecha.

"La desinformación sobre el proceso electoral brasileño se intensificó a raíz de las dudas que surgieron en las elecciones de 2016 en Estados Unidos", señala.

Sin presentar pruebas, el expresidente Jair Bolsonaro (2019-2022) criticó reiteradamente las urnas electrónicas, incluso ante embajadores extranjeros, lo que sería determinante para su inhabilitación, dictada en 2023.

A las puertas de las elecciones de octubre, la fiabilidad de la maquinilla no ha sido el principal blanco de los adversarios del presidente Luiz Inácio Lula da Silva en su campaña por la reelección.

Aun así, Flávio Bolsonaro, hijo mayor de Jair Bolsonaro y principal oponente de Lula, llegó a vincular al Gobierno chavista de Venezuela con la fabricación de las urnas, lo que fue desmentido por la justicia electoral y corregido por el propio senador más tarde.

"Imagine si no existiera la urna electrónica...", plantea a EFE Antônio Ésio Salgado, ingeniero del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe) y otro de los padres del dispositivo. "En una elección tan polarizada como la actual, imagine lo difícil que sería contar los votos y lo cuestionado que sería el reconocimiento del ganador", añade.

Salgado todavía forma parte de la comisión evaluadora de las pruebas públicas de seguridad promovidas por la Justicia electoral.

Desde 2009, incluso se invita a 'hackers' a acceder a los sistemas operativos y dispositivos "para demostrar que la urna es segura, mejorar cualquier eventual fallo y acabar con las desconfianzas", comenta.

Un largo camino hasta su universalización

Impulsada por la anulación de parte de las elecciones de 1994 en Río de Janeiro, la Justicia electoral brasileña decidió invertir en soluciones para devolver la credibilidad a la votación, que es obligatoria en el país. Convocada por el entonces ministro Carlos Velloso, una comisión multidisciplinar de expertos estableció algunos criterios para la futura urna electrónica.

Debía funcionar sin conexión a internet, ni a ninguna otra red, contar con una batería propia, ser resistente y fácil de transportar y resultar sencilla de utilizar.

Fue necesario adoptar soluciones para las personas que nunca habían visto un ordenador o que ni siquiera sabían leer. En aquella época, la tasa de analfabetismo rondaba el 15 %. Por eso, el teclado se inspiró en el teléfono y la pantalla debería mostrar las fotografías de los candidatos.

Además, había que presentar la novedad a la población, algo que Janino y sus colegas hicieron hasta la saciedad. "Estuve en programas de televisión, plazas, mercados, terminales de autobuses. Hicimos simulaciones en el interior del país, todo lo que pudiera difundirla al máximo", recuerda.

Una baza inicial fue la curiosidad de la gente, "porque ese día todos querían pulsar aquellos botones", cuenta Janino, que recuerda a una señora que se dice que confundió la máquina con un microondas.

Junto con la sensación futurista, también llegó la inclusión de parte de la sociedad, al reducir la dependencia de analfabetos y personas con discapacidad.

Las urnas electrónicas fueron puestas a prueba por primera vez en 1996 en las capitales y ciudades con más de 200.000 habitantes. Su uso se amplió en 1998 y se hizo universal en 2000, debutando en la contienda presidencial en 2002, cuando Lula fue elegido por primera vez. EFE

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