Las mafias que hacen del Mediterráneo un negocio millonario: TikTok, droga y migrantes
Imane Rachidi
Almería (España), 7 ago (EFE).- Cada migrante paga hasta 12.000 euros por cruzar el Mediterráneo en una travesía organizada por redes criminales que funcionan como auténticas empresas, se promocionan en TikTok y Telegram, y obtienen beneficios tanto del narcotráfico como del tráfico de personas, explica a EFE José Luis Amador, inspector jefe de la Policía Nacional.
Lejos de la imagen de grupos improvisados que aprovechan la desesperación de quienes buscan llegar a Europa, las redes que operan entre el norte de África y España se han convertido en estructuras cada vez más sofisticadas, con jerarquías definidas, logística internacional y capacidad para diversificar sus negocios ilícitos.
"Están utilizando los mismos medios que utilizaban para transportar droga para realizar viajes de inmigrantes y así rentabilizar más los medios técnicos", explica Amador, de la Unidad Central de Redes de Inmigración Ilegal y Falsedades Documentales (UCRIF Central), mientras tiene lugar la Operación Salem contra una de las mayores redes que operan en el Mediterráneo.
Funciona como una empresa perfectamente estructurada: en la cúspide están los "objetivos de alto valor", que permanecen alejados de cualquier contacto directo con la actividad criminal.
"Para llegar a la persona que realmente dirige la organización nos encontramos cuatro, cinco o seis capas que se interponen", señala, advirtiendo de que "nunca llegan a estar en contacto ni con los escalones más bajos ni con la droga en sí; siempre utilizan personas" entremedias.
La logística comienza mucho antes de que una embarcación toque el agua; los motores y las lanchas se compran en distintos países europeos, se ensamblan en puntos concretos de España y se trasladan hasta la costa antes de iniciar la travesía. La droga sintética procede principalmente de Países Bajos, Bélgica o Francia; el viaje de vuelta de África se reserva para los migrantes.
Además de modernizar las rutas, estas organizaciones han adaptado su forma de captar migrantes que buscan cruzar el Estrecho, una de las fronteras más letales del mundo.
"Utilizan TikTok o Telegram para darse a conocer", explica Amador: difunden vídeos grabados por ellos mismos en los que muestran desembarcos aparentemente exitosos para transmitir una falsa sensación de seguridad, y "dan a entender que viajar con ellos es una garantía segura de llegar al lugar que quieren", añade.
La realidad, sin embargo, es que las travesías se realizan en embarcaciones sobrecargadas, "sin ningún tipo de medidas de seguridad" ni chalecos salvavidas, y con personas que han pagado prácticamente todos sus ahorros por un viaje que puede acabar en tragedia.
"Nos encontramos con inmigrantes que han llegado heridos, maltratados e incluso han fallecido antes de llegar a nuestras costas", relata el inspector jefe. Muchos describen golpes durante la navegación y un trato deshumanizado por parte de los traficantes, y los continuos impactos de la embarcación provocan que los ocupantes choquen entre sí o contra la propia lancha.
En algunos casos, lamenta el inspector jefe, "han llegado fallecidos a la costa", y solo cuando ocurre una tragedia así, algunos migrantes se atreven a colaborar y hablar con los investigadores.
Esas personas suelen llegar al Mediterráneo tras meses o años de recorrido por África; muchos han atravesado conflictos armados, redes de extorsión, secuestros, explotación laboral o violencia sexual antes de alcanzar las costas del norte de África y caer en manos de esta red.
El negocio mueve cantidades millonarias: cada migrante paga entre 8.000 y 12.000 euros por la travesía; las embarcaciones usadas por organizaciones marroquíes pueden transportar hasta 60 personas; las empleadas por las argelinas llevan hasta 40.
Esto va acompañado de un incremento de la violencia, y "cada vez tienen más uso de armas del mercado negro", advierte el inspector jefe. Las usan para mantener el orden en la propia mafia, resolver conflictos con grupos rivales e intimidar a las fuerzas de seguridad españolas.
Algunos traficantes "no dudan en intentar agredir con intención de matar a algún agente", lo que ha obligado a extremar la precaución en los operativos.
Amador sostiene que el objetivo policial sigue siendo el mismo: llegar hasta quienes dirigen realmente el negocio, y para ello, la cooperación internacional es imprescindible.
"Siempre que iniciamos cualquier investigación intentamos aportarla a Europol porque somos conscientes de que tarde o temprano va a haber una conexión con algún otro país europeo", explica. España, recuerda, es solo una parte de un entramado criminal que conecta el norte de África con Francia, Bélgica, Países Bajos y otros países europeos.
Son años de investigación y vigilancia, jornadas largas en las que los teléfonos de los inspectores no han dejado de sonar. La Operación Salem ha concluido con 78 detenidos y la red desarticulada, y para la UCRIF, cada detención es solo un paso más en una lucha permanente contra traficantes que han convertido la desesperación humana en una mercancía. EFE
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