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Licencias accesibles, armerías y mercado negro: el fácil acceso a las armas en Tailandia

Licencias accesibles, armerías y mercado negro: el fácil acceso a las armas en Tailandia

Uxía Pérez

Bangkok, 14 ago (EFE).- En el corazón de Bangkok, a pocos minutos del Gran Palacio Real y entre calles abarrotadas de turistas, pequeñas tiendas rompen con la idílica postal para exhibir en sus escaparates pistolas, rifles y metralletas que evidencian el fácil acceso a las armas de fuego en el país.

Aunque se trata de una escena habitual en una nación con apego a las armas, ha recobrado relevancia tras los últimos acontecimientos: hace hoy una semana, un adolescente de 14 años mató con una pistola familiar a sus abuelos y se dirigió después a la escuela donde estudiaba para abrir fuego contra docentes y alumnos, suicidándose al final, según la versión de las autoridades.

El ataque, que causó ocho muertos -además del joven- y una veintena de heridos, llevó al Gobierno a prometer de nuevo "controles más estrictos" y volvió a poner sobre la mesa un debate que Tailandia arrastra desde hace años.

El país concentra el mayor número de armas en manos de civiles del Sudeste Asiático. Unas 15 por cada 100 personas, según datos de Small Arms Survey.

Números que se explican, en parte, por un marco legal laxo y desfasado, pero también por su aparente aceptación social en una nación habituada a golpes militares y en la que el Ejército mantiene un gran poder.

El presidente de la asociación de armas de Tailandia, Thititorn Bupparamanee, señala a EFE que un arma puede ser un símbolo de estatus, un artículo coleccionista y, al mismo tiempo, una forma de buscar seguridad al margen de las instituciones.

Budas y pistolas

La violencia también se ha hecho un hueco en la oferta turística. En los paquetes de agencias de viajes, un paseo por los mercados flotantes o la visita a un templo pueden compartir itinerario con una parada en un campo de tiro.

En Wang Burapha, el principal distrito de venta de armas de Bangkok, decenas de armerías exhiben escaparates donde pistolas y rifles comparten espacio con figuras de Buda, contrario a la violencia.

Allí, Noi (pseudónimo), heredó hace pocos años el negocio familiar, uno de los establecimientos con mayor oferta de la capital, según afirma.

El hombre asegura a EFE que para poder comprar un arma legal se requieren "controles estrictos", los cuales, no obstante, se limitan a un registro de huellas dactilares, del documento de identidad y un permiso de tenencia de armas que el Estado puede tardar hasta tres meses en conceder y cuyo precio no supera los 6 bahts (unos 16 céntimos de euro).

La principal ley reguladora data de 1947 y establece un sistema de licencias emitidas por el Ministerio del Interior, que permite a los civiles poseer y portarlas, aunque con concesiones para empleados estatales. A finales de 2023, las autoridades suspendieron los permisos para llevarlas en público.

Un comprador de armas que prefiere no identificarse dice a EFE que conoce el proceso de primera mano. Tiene armas desde 2006 y lo describe como "difícil", aunque solo menciona "una larga espera" y trámites como la presentación de "extractos bancarios" o "certificados de buena conducta".

Entre los requisitos, agrega el vendedor, no figura un "test psicológico". Él intenta, asegura a EFE, estudiar a cada cliente antes de venderle un arma porque sabe que "hay gente que hará cosas malas". Sin embargo, no todos sus empleados lo hacen: "Cualquiera de ellos vende sin hacer muchas preguntas", admite.

4,1 millones de armas ilegales

Mientras en el establecimiento de Noi ningún arma baja de los 60.000 baht (unos 1.500 euros), en el mercado negro pueden conseguirse ejemplares similares por unos 10.000 (260 euros), según rastreos en redes.

Este negocio ilegal, en el que circulan 4,1 millones de armas, de acuerdo con Small Arms Survey, encuentra en internet su principal escaparate. En plataformas como Line o X, muy populares en el país, basta con una simple búsqueda para encontrar numerosas ofertas de armas, munición o documentación falsificada.

Buena parte de ese arsenal, indican fuentes consultadas, está en manos de la población rural, en zonas a las que la Policía no llega, bandas criminales o grupos insurgentes en el sur del país, donde la violencia ha dejado desde 2004 más de 7.837 muertos, según la ONG Deep South Watch.

Tras el tiroteo del viernes, el primer ministro, el conservador Anutin Charnvirakul, afirmó que algo así "no debería haber pasado". Tres días después, un exdiputado fue detenido tras abatir a tiros a un rival al norte de Bangkok, cerca de la escuela del tiroteo.

"He perdido la cuenta de cuántas veces he repetido que nadie puede llevar un arma en público", dijo Anutin, cercano al influyente Ejército, quien esta semana prohibió la expedición de nuevas licencias, si bien solo hasta nueva orden. EFE

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(foto)(vídeo)