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Los colombianos van a la segunda vuelta presidencial más divididos que nunca

Los colombianos van a la segunda vuelta presidencial más divididos que nunca

Jaime Ortega Carrascal

Bogotá, 18 jun (EFE).- La campaña para la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia es la más áspera que recuerde el país, marcada por profundas divisiones y una guerra verbal entre el ultraderechista Abelardo de la Espriella y el izquierdista Iván Cepeda que el próximo domingo definirán en las urnas quién será el sucesor de Gustavo Petro para el periodo 2026-2030.

En la primera vuelta, el 31 de mayo, el controvertido abogado De la Espriella, del movimiento Defensores de la Patria, obtuvo 10,3 millones de votos (43,78 %), mientras que el filósofo Cepeda, del Pacto Histórico, fue segundo con 9,7 millones (40,98 %), un resultado que intensificó la disputa por apoyos para ganar en la segunda.

En el afán de conseguirlo, han recurrido a denuncias, amenazas e incluso ofensas personales, con un lenguaje que si bien no es extraño en las campañas colombianas, tampoco es lo más usual.

El ultraderechista se ha referido a su rival como "bandido, colaborador de delincuentes", "narcoterrorista" o "heredero de las FARC", mientras que Cepeda, que suele ser más aplomado, lo ha tachado de "fascista mafioso", "defensor de narcotraficantes, paramilitares y estafadores" y "traidor de la patria".

"Me da la impresión de que estamos en una situación única. Es decir, las elecciones anteriores ya habían sido bastante pugnaces, complicadas, pero estas son extraordinariamente difíciles", dijo a EFE el profesor universitario Moisés Wasserman, exrector de la Universidad Nacional y columnista de prensa.

Cepeda incluso anunció demandas contra De la Espriella por supuestos vínculos con grupos paramilitares y denunció su presunta participación, mediante su bufete de abogados, en el "robo" de los recursos destinados a la salud.

Dos campañas, dos estilos

La recta final no resultó fácil para Cepeda, que hasta la primera vuelta parecía imbatible, pero las encuestas no le favorecen para la segunda, situación que los analistas atribuyen a la monotonía de sus actos, marcados por las viejas reivindicaciones de la izquierda y discursos leídos que transmiten poca emoción.

Además, el candidato del Pacto Histórico dio un paso en falso tras la primera vuelta al poner en duda los resultados, y aunque una semana después dio por bueno el escrutinio y la izquierda desistió del proyecto de convocar una asamblea constituyente, esos anuncios no tuvieron mayor impacto.

Tampoco logró concretar alianzas con algunos excandidatos de centro. Mientras el exaspirante presidencial Sergio Fajardo optó por mantenerse al margen de la contienda, la exalcaldesa de Bogotá y excandidata presidencial Claudia López se sumó este miércoles a la campaña de Cepeda.

"Hemos pasado de elecciones en las cuales uno escucha a los candidatos y escoge al mejor, a unas en las cuales tiene que decidirse por el que menos daño haga hacia el futuro", explica Wasserman, uno de los 30 académicos y políticos de centro que firmaron un manifiesto de 15 puntos con una propuesta de "acuerdo nacional".

La campaña de De la Espriella, llamado 'el Tigre' por sus seguidores y novato en la política, adoptó en cambio un tono festivo con el que impuso su discurso en las redes sociales y parece haber conquistado a parte de la clase media, la misma que hace cuatro años fue decisiva para la victoria de Petro.

Ni siquiera los intentos de la campaña de Cepeda de prohibir mediante acciones judiciales el uso de la camiseta de la selección colombiana de fútbol a De la Espriella y sus seguidores, y lo mismo con los símbolos patrios que son la base de su discurso, afectó al ultraderechista, que ignoró a los tribunales, al igual que sus simpatizantes, y los vetos acabaron suspendidos.

Esta vez no hubo debates porque cada uno se encargó de poner condiciones para no asistir, pero De la Espriella sacó provecho del manejo de temas económicos de su compañero de fórmula a la Vicepresidencia, el académico José Manuel Restrepo, mientras que la senadora indígena Aída Quilcué, número dos de Cepeda, tuvo pocas apariciones, sin aportar mucho.

Petro y Trump

Un ingrediente adicional ha sido la participación en la campaña del presidente Petro, aunque no lo reconozca, y más inusual aún la de su homólogo estadounidense, Donald Trump.

Petro ha manifestado en discursos y en mensajes en X su apoyo a la continuidad de un gobierno de izquierda y no aceptó el resultado de la primera vuelta, lo que acabó perjudicando la candidatura de Cepeda.

Las denuncias contra Petro por intervenir en política desembocaron en un inusual y fallido intento de la presidenta de la Comisión de Investigación y Acusación de la Cámara de Representantes, Gloria Arizabaleta, de suspenderlo provisionalmente hasta después de las elecciones.

Trump, por su parte, prometió el 10 de junio que Colombia contará "con el apoyo y la fuerza total" de Estados Unidos si gana De la Espriella, admirador del republicano.

Esa postura fue criticada por Petro, que le pidió "no intervenir" en una decisión que es de "el pueblo de Colombia", mientras que un grupo de congresistas demócratas rechazó el intento de "incidir directamente en los resultados electorales de Colombia".

"Gane quien gane va a tener una situación sumamente difícil (...) y además creo que va a tener una oposición férrea y, según pinta todo, tremendamente destructiva", indica Wasserman. EFE

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