Los desplazados vuelven al sur del Líbano, pero por ahora sin planes de quedarse
Noemí Jabois
Nabatieh (Líbano), 17 abr (EFE).- Tras la entrada en vigor de un alto el fuego con Israel la medianoche de este jueves, Jaber regresó a su casa en la ciudad meridional libanesa de Nabatieh, pero lo hizo sin el resto de su familia y con la intención inicial de quedarse tan solo ocho días, desconfiando de la solidez de esta tregua.
Por ahora, se dedicará a limpiar su casa de cristales rotos y objetos caídos durante los bombardeos en la ciudad, evitando hacer planes para más allá de los diez días que durará a priori el cese de hostilidades, como muchos otros de los más de un millón de desplazados por el conflicto.
"Después de los diez días empezaré a reconstruir, si nos quedamos", comenta a EFE el vecino, en una vivienda que aún no había terminado de arreglar tras la anterior guerra de 2024 y rodeada de enormes montañas de escombros dejadas por dos edificios que ya se vinieron abajo en aquella ocasión.
Con cautela
En el centro de Nabatieh, Manal Salhab está sentada con algunos bolsos a la entrada de su edificio, que también ha sufrido bastantes daños en las últimas seis semanas.
La mujer, desplazada inicialmente a unos suburbios de Beirut que acabaron siendo alcanzados por las bombas y más tarde a una tienda de campaña en plena calle, vino este viernes para comenzar a limpiar los destrozos en su vivienda y espera regresar en un par de días para continuar.
En su caso, no puede regresar todavía de forma definitiva porque el piso no tiene ni ventanas, aunque afirma a EFE que casi todos sus allegados han venido a la localidad nada más sea para ver el estado de sus viviendas. Algunos, dice, incluso viajaron antes de la entrada en vigor de la tregua, aunque no por ello dejarán de ser cautelosos.
"La mayoría de la gente va a tener cuidado porque no se puede confiar en Israel, aunque yo siento en mi corazón que no vamos a volver a desplazarnos", comenta la mujer.
"Aun así, hay que tomar precauciones, dejé todos los cristales en el suelo y volveré el domingo a quitarlos (...) Durante estos días hay que ser prudentes: bajamos, y si pasa algo, nos vamos otra vez", agrega.
A poca distancia, Mohammad Naji observa sus cuatro negocios destruidos por las bombas en bajos consecutivos: una panadería, una cafetería, una tienda de teléfonos y un punto de transferencias de efectivo. Había escuchado sobre los bombardeos, pero no supo exactamente a qué se enfrentaba hasta esta madrugada.
"Por dentro todo está destruido, no queda nada", se lamenta a EFE este desplazado, que condujo desde Sidón, más al norte, a las 2 de la mañana.
Solo quiere "salvar" algunos de sus productos y tapar un poco los establecimientos para evitar robos. Ya tuvo que invertir unos 30.000 dólares para reconstruir estos mismos negocios tras la guerra de 2024, que también arrasó con las tres viviendas que poseía.
Sin planes
Desde entonces, Mohammad vivía a caballo entre Sidón y un pequeño piso de alquiler en Nabatieh para poder atender sus comercios, pero por ahora no tiene planes ni de reconstruir ni de regresar.
Preguntado por si confía en el alto el fuego, el hombre no duda: "Para nada, es un enemigo brutal, no tiene piedad".
Según relata, buena parte de su familia falleció en bombardeos durante el conflicto, incluido un matrimonio mayor al que nadie pudo ir a ayudar. "Yo no voy a arriesgar mi vida para morir también, los mataron y no había nadie con ellos", señala, convencido de que no vale la pena volver aún tan al sur.
Haider Safa sabe muy bien lo que es la destrucción, residente en Mayfadoun, uno de los pueblos de la zona más castigados.
Los ataques devastaron su casa allí y, tras perder su furgoneta de trabajo en la anterior guerra, todo lo que le quedaba era un ultramarinos en Nabatieh.
"Lo único que me quedaba era este local, mi fuente de ingresos (...) Antes de ramadán había comprado cosas para la tienda por unos 500 dólares, que para algunos no es mucho, pero para nosotros que vivimos al día lo es todo", cuenta a EFE frente a su negocio, ahora destruido.
Está desplazado en Beirut, donde comparte un piso de dos habitaciones con otras doce personas, pero también él va a mantenerse allí por el momento y ver cómo avanza la tregua.
Más optimista que otros, Haider ve más posibilidades de que las cosas vayan a mejor que a peor, lo que no cambia el escenario de los próximos días.
"Solo vinimos a quitar los vidrios, porque el alto el fuego es por diez días y no podemos poner en riesgo a los niños. Vendré con mi esposa solo para limpiar un poco, pero no hay agua ni electricidad ni nada, ¿cómo vamos a quedarnos?", concluye. EFE
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