Los guardias, el eslabón más débil del negocio de la seguridad privada en Ecuador
Guayaquil, Ecuador, 4 Set 2026 (AFP) -
Jornadas de 24 horas, bajos salarios y al acecho de las mafias. Los guardias privados como el desaparecido Ricardo Luna son el último eslabón de las empresas de seguridad de Ecuador, que prosperan aupadas por el miedo al narcotráfico.
¿Dónde están? ¿Por qué se los llevaron? Son las preguntas que angustian a Betty, la hermana de Ricardo Luna.
El hombre de 28 años zarpó el 14 de junio junto a cinco compañeros para custodiar un barco mientras recogía camarones de las piscinas de una compañía situada en el Golfo de Guayaquil, una entrada de mar al suroeste del país acorralada por bandas que trafican droga, extorsionan, secuestran y roban.
Nunca llegaron a su destino para proteger a una actividad crucial para la economía de Ecuador, el mayor productor mundial de camarones.
Del grupo de guardias, uno fue hallado con un balazo en la cabeza.
La escena se repite con frecuencia en el país más peligroso de Sudamérica, donde empresarios, políticos y otras élites buscan protección privada ante un Estado desbordado por el crimen.
En Ecuador ser guardia "es arriesgar su vida, es no pensar en su familia, no pensar en su madre, no pensar en su hijo", dice Betty, agricultora de 38 años, con "la fe intacta" de encontrar a su hermano.
Le molesta que mientras él defendía "gente con dinero por necesidad" y en condiciones precarias, el negocio de la seguridad privada crece al calor de la violencia.
Las 1.600 empresas registradas en el rubro facturaron más de 1.100 millones de dólares en 2025, según la Superintendencia de Compañías.
El presidente derechista Daniel Noboa intenta sin mucho éxito doblegar a las bandas criminales con políticas de línea dura y militares en las calles.
- Apoyo a las autoridades -
La Marina ha buscado a los guardias por varios puertos.
Juan Núñez se enteró de lo sucedido por amigos que lo llamaron a darle el pésame por la supuesta muerte de su hijastro Marcos Cedeño, otro de los desaparecidos.
"No podemos dormir, mi mujer llora", dice el hombre de 40 años.
Los guardias iban a una camaronera en la isla Puná, donde el gremio exportador gasta hasta 1,5 millones de dólares al día para protegerse de las bandas.
En Guayaquil es común ver guardias con fusiles afuera de restaurantes, centros comerciales y hasta en buses escolares debido a una ola de violencia que el año pasado llevó la tasa de homicidios al récord de 51 por cada 100.000 habitantes.
"Ante el auge delictivo, los policías y militares están ocupados y nos necesitan para que seamos sus ojos", dice el ex jefe policial Abraham Correa, dueño de una empresa de seguridad.
Los guardias desaparecidos son de una población pobre del centro del país. Sus familiares hacen rifas o venden comida para costear plantones y pedir que las autoridades no los olviden.
En junio, los allegados protestaron frente a la sede presidencial en Quito. Vestían camisetas con el rostro de los hombres.
Se quejan de haberse enterado de la desaparición por redes sociales y no por la firma donde laboraban.
- "Arriesgamos la vida" -
El desaparecido José Palma, de 39 años, trabajaba en la capital ecuatoriana pero la empresa le ofreció elevar a 900 dólares su salario si se trasladaba a Guayaquil.
El aumento "no representaba" una ganancia real pues cumplía numerosas jornadas sin descanso, denuncia Catalina Mafla, casada con Palma desde hace 20 años.
"No estuve de acuerdo con que él se vaya", añade esta estilista.
El sueldo de un guardia oscila entre los 400 y 900 dólares al mes, incluso por debajo del salario mínimo que en Ecuador ronda los 480 dólares.
"Es muy duro porque trabajamos de pie y arriesgamos la vida por muy poco", dice Luis Villa, quien desde hace 20 años custodia urbanizaciones de Guayaquil.
La compañía a la que pertenecían los guardias desaparecidos es una de las mayores empresas de seguridad, y en el último año sus ganancias se duplicaron. También aumentó el número de empleados en 63%.
La experta Carla Álvarez alerta que este sector económico crece ante "la incapacidad del Estado para proveer seguridad", en un informe sobre el narcotráfico en Ecuador publicado en 2026.
También sirve de fachada para que bandas laven dinero, añade.
Stalin Olivero o alias "Marino", un capo asesinado a inicios de año, tenía una compañía de seguridad privada que firmó un contrato con una empresa pública de agua.
"Hay compañías que han sido creadas por organizaciones criminales para blindarse o importar armas; y los guardias, por dinero, les sirven", advierte Correa.
Ninguno de los guardias desaparecidos tenía antecedentes penales.
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