Los jóvenes latinoamericanos, de la apatía democrática a encontrar refugio en lo digital
São Paulo, 2 oct (EFE).- En el tablero político latinoamericano, la participación de los jóvenes atraviesa un momento de transformación, moviéndose entre la desconfianza hacia el sistema y hacia los partidos tradicionales, y la irrupción de nuevas dinámicas en redes sociales.
Estas nuevas tendencias tensionan la democracia representativa y abren una brecha entre las exigencias ciudadanas y la capacidad de respuesta de los Estados, con manifestaciones diversas en los países de la región.
Colombia: Causas vivas, canales agotados
Uno de los ejemplos es la juventud colombiana, que se aleja de los partidos tradicionales, aunque sí participa en la política bajo sus propios lenguajes y agendas.
El analista Gabriel Clavijo, profesor de la Universidad Militar Nueva Granada, señala que existe un desencanto entre las nuevas generaciones porque "los políticos no han podido responder a las demandas y exigencias que están teniendo los jóvenes" frente a nuevas realidades económicas, laborales y sociales.
La tensión también se observa en los mecanismos electorales creados específicamente para este grupo.
En las elecciones de Consejos Municipales y Locales de Juventud de octubre de 2025 participaron cerca de 1,5 millones de personas de entre 14 y 28 años, apenas el 12 % de los habilitados.
Según Clavijo, "el mundo político no está sabiendo interpretar" esas demandas, por lo que pasan a expresarse mediante nuevas formas de movilización y protesta social.
En Chile, jóvenes activos por causas específicas
En Chile, el retorno del voto obligatorio aumentó la participación formal, pero dejó al descubierto una crisis de representación.
Mediciones de 2025 de la Fundación Friedrich Ebert muestran que el 70 % de los jóvenes chilenos prefiere la democracia, pero solo un 25 % está satisfecho con su funcionamiento.
Las protestas de la última década activaron a la juventud, pero también fomentaron la polarización, señala Miguel Ángel Fernández, director académico del Centro Interdisciplinario de Humanidades y Ciencias Sociales Faro, de la Universidad del Desarrollo.
"Los jóvenes se interesaron en política en la última década porque el modelo se tensionó", dice Fernández.
"El movimiento estudiantil de 2011, el estallido de 2019 y el proceso constituyente los activaron, y muchos comprobaron que participar podía cambiar las instituciones".
Desde 2022, cuando Chile instauró el voto obligatorio y la inscripción automática para mayores de 18 años, la asistencia a las urnas dejó de ser un problema pero dio paso a otro: la calidad del vínculo político.
"La participación juvenil es intermitente y se organiza en torno a causas específicas más que a partidos, lo que complica la agregación de intereses y su continuidad en el tiempo. Además, el votante obligado suele estar menos politizado y ser más volátil", indica el analista.
El 'like' activista en Uruguay
En Uruguay, los jóvenes muestran interés por la política, pero se han alejado de las formas de participación tradicionales.
Según explica la socióloga Mariana Pomiés, directora de la consultora Cifra, el 43 % de los jóvenes de 18 a 29 años muestra "mucho o bastante interés" por la política.
Esto refleja que hay "una generación de jóvenes más interesada en la política que sus antecesores".
La diferencia radica en la modalidad: la presencia física ha dado paso a la interacción virtual.
"Muchos jóvenes sienten que participan en política simplemente interviniendo en redes sociales o acompañando causas con 'likes'", explica Pomiés.
Brasil: desencanto y atracción 'alternativa'
En la mayor economía de la región, la juventud oscila entre el repliegue institucional y el atractivo de opciones de nicho que responden al mundo digital.
El contingente de votantes de entre 16 y 18 años cayó casi un 15 % respecto a las presidenciales de 2022 (de 4,2 a 3,6 millones), según datos de la Justicia Electoral.
Este fenómeno no responde a desinterés, sino a un desajuste estructural: los partidos mantienen un esquema "presencial, jerárquico y cerrado", ajeno a la dinámica tecnológica y fragmentada de los jóvenes, señala el politólogo Marco Teixeira de la Fundación Getúlio Vargas.
Este punto abre la puerta a candidaturas 'alternativas' que explotan narrativas contra la política convencional mediante formatos horizontales que priorizan lo 'viral'.
A esto se suma la insatisfacción con los resultados del Estado. Como explica Claudio Providas, representante Residente del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Brasil, el divorcio ocurre cuando los diplomas no garantizan empleo y el Estado no entrega los niveles de confort que este grupo social exige. EFE
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