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Los pies con barro y sin vuelta atrás: Las migrantes siguen en Ceuta dos meses después

Los pies con barro y sin vuelta atrás: Las migrantes siguen en Ceuta dos meses después

María Alonso

Ceuta (España), 1 oct (EFE).-Estuvo lloviendo casi toda la noche y su tienda de campaña está llena de agua. Se llama Sara, vino a Ceuta, ciudad fronteriza con Marruecos, con la esperanza de encontrar trabajo rápido para ayudar a su madre, enferma de cáncer, pero dos meses después sigue en la calle, en un limbo legal.

Para Sara, como para muchas de las mujeres que entraron de forma masiva a esta ciudad española el pasado 30 y 31 de julio, regresar a Marruecos no es una opción.

Con los pies llenos de barro, las manos frías y una herida mal curada en la muñeca, cuenta a EFE junto a su tienda, instalada en el exterior del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI), que muchas veces piensa en regresar. Pero enseguida recuerda que está amenazada de muerte por su marido.

"Tenía mucha esperanza de construir mi futuro en España. Yo pensaba que iba a encontrar trabajo pronto, pero llevo dos meses tirada en la calle, no puedo volver a Marruecos ni tampoco moverme de aquí. Me siento atrapada, amenazada y no sé qué hacer", lamenta esta mujer de 37 años.

Mientras el CETI acoge en su interior a más de 1.000 personas, en el exterior, resguardadas bajo lonas de plástico y tiendas de campaña, viven unas veinte mujeres y varios niños pequeños.

"Nos apañamos como podemos. Cruz Roja nos da comida, nos dan pan, atún o leche, dos veces al día. Si desayunas, no almuerzas; si almuerzas, no cenas", explica mientras intenta secar la poca ropa que tiene, que lava en las duchas de la playa del Trampolín, donde según el Gobierno ceutí continúan unas 3.000 personas migrantes.

Días que se han convertido en meses

Sara no es la única mujer que llegó a Ceuta pensando que su estancia sería más corta. Una boxeadora de Casablanca, que prefiere no dar su nombre, cuenta a EFE que entró el 30 de julio acompañada de su hermana. Calculaba que permanecería una o dos semanas antes de continuar hacia la península.

Ella quería mudarse a Holanda para trabajar, seguir con su carrera de boxeo y, en cuanto pudiera, llevarse con ella a su hijo de nueve años.

"En Marruecos solo hay trabajo para la gente rica, pero en Europa hay ley", expresa. Su día a día, sin embargo, se resume hoy en estar en la playa del Trampolín, convertida en una ciudad improvisada de lonas de plástico, cañas y supervivencia. "No nos hemos encontrado nada de lo que esperábamos", lamenta.

El acecho de la trata

La educadora de la ONG Luna Blanca, Halima Ahmed, subraya la especial situación de vulnerabilidad a la que se enfrentan las mujeres migrantes.

Recuerda el caso de una joven de 20 años que cruzó a nado embarazada de cuatro meses huyendo de un matrimonio forzado y de continuas palizas.

"Para ella volver no es una opción. Solo piensa en darle un futuro a su bebé", señala a EFE.

Cuenta, también, que les consta que hay redes de trata operando en la ciudad, algo que también afirma el líder de la formación local Ceuta Ya!, Mohamed Mustafa.

Para protegerse de las amenazas de la calle, algunas de las que tienen un poco de dinero duermen en los portales de edificios de los barrios de la periferia, pagando 15 o 20 euros al día a los vecinos.

Aunque en su mayoría son hombres, también hay mujeres y menores. En cualquier caso, a primera hora de la mañana los militares patrullan los edificios para desalojarlos y devolverlos a la calle.

"Dormir está siendo peligroso. En el Trampolín dicen que el otro día violaron a una chica", dice a EFE Maryam, una joven marroquí de 22 años que aún no consiguió plaza en un centro de acogida.

Entre el 30 de julio y el 14 de septiembre se han presentado 37 denuncias por agresión sexual. Catorce de ellas a menores.

Mientras los expedientes de asilo continúan enredados en el entramado administrativo y político, se anuncia más lluvia en Ceuta para los próximos días. EFE

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