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Lula, el viejo ídolo progresista que rejuvenece frente a la ultraderecha

Lula, el viejo ídolo progresista que rejuvenece frente a la ultraderecha

Jon Martín Cullell

São Paulo, 30 sep (EFE).- El presidente brasileño y candidato a la reelección, Luiz Inácio Lula da Silva (Garanhuns, 80 años), es un octogenario que dice sentirse joven gracias a la doble causa que lo mueve: el combate a la ultraderecha y la protección de un legado de políticas sociales.

Si gana las elecciones del 4 de octubre y completa el mandato, este ídolo de la izquierda será el segundo presidente que más tiempo ha gobernado Brasil, 16 años, y también el más viejo.

Su edad, sin embargo, no es un tema de debate público ni tampoco munición para los rivales políticos, a diferencia de casos como el del exmandatario estadounidense Joe Biden.

En los mítines de campaña, intercambia palabras de amor con la primera dama Rosângela 'Janja' da Silva, se pasea con agilidad por el escenario y habla a pleno pulmón.

A veces, explica el secreto de su silueta enjuta: dos horas diarias de gimnasia nada más despertar.

"Físicamente, estoy mejor que cuando tenía 60", se enorgullece, tras haber finalizado en junio una serie de sesiones de radioterapia para tratarse un cáncer de piel.

Más allá de la gimnasia, Lula asegura que lo que le hace levantarse cada mañana es un compromiso para mejorar las condiciones de vida de las clases populares de las que él mismo proviene.

Nacido en el empobrecido y árido nordeste, se mudó de niño a los suburbios de Sao Paulo, donde empezó a trabajar como tornero mecánico antes de surgir como uno de los principales líderes sindicalistas en plena dictadura militar.

En el acto de lanzamiento de su campaña en agosto, llenó de seguidores el estadio donde lideró las huelgas de los años 80, un emotivo homenaje a la lucha sindical y a sí mismo.

Legado de políticas sociales

El ascenso de aquel muchacho pobre hasta la Presidencia en 2003 desafió y sigue desafiando toda lógica en uno de los países más desiguales del mundo.

"Ya viví en una casa donde entraba metro y medio de agua durante las inundaciones; sé lo que es limpiar después, toda esa cantidad de barro y de sanguijuelas... por todo eso yo pasé", recordaba recientemente.

Esos orígenes explican la orientación de sus tres mandatos presidenciales (2003-2006, 2007-2010 y 2023-2026) hacia la política social.

El Bolsa Familia, un apoyo para familias de bajos recursos creado durante su primer Gobierno, ayudó a sacar a millones de personas de la pobreza y hoy en día beneficia a una cuarta parte de la población brasileña.

Ahora, impulsa una reforma laboral para establecer un máximo de cinco días de trabajo por semana, en vez de los seis actuales.

"Quiero que el pueblo suba un escaloncito social cada año, transformar Brasil en un país de clase media", afirmó en una entrevista reciente.

Aconsejado por la primera dama, dentro de ese discurso de transformación, el presidente menciona cada vez más el empoderamiento de las mujeres, la lucha contra el feminicidio y la necesidad de "reeducar" a los hombres.

Freno a la ultraderecha

La segunda causa que lo mueve, dice, es evitar la vuelta de la ultraderecha, cuya más reciente reencarnación es el candidato presidencial Flávio Bolsonaro, hijo del exmandatario Jair, que perdió la Presidencia en 2022 frente a Lula.

Aunque Bolsonaro padre cumple una condena a 27 años de prisión por intento de golpe de Estado, el líder progresista sigue agitando el miedo al autoritarismo para tratar de imprimir un sentido de urgencia entre los electores.

"La extrema derecha siempre va a trabajar con la perspectiva de dar un golpe", ha llegado a decir.

Pese a la energía mostrada por el mandatario, hay señales de cansancio en las calles: las encuestas dicen que se enfrenta a un 47 % de rechazo y lo sitúan muy igualado con Flávio Bolsonaro.

El desempleo está bajo y la inflación controlada, pero las altas tasas de interés han creado un problema de endeudamiento para muchas familias y la economía se encuentra en una fase de desaceleración.

Además, la corrupción, la nube negra que pesa sobre el líder progresista desde el escándalo de la Lava Jato que lo llevó a prisión en 2018, amenaza su candidatura.

El hijo mayor, Fábio Luís da Silva, es investigado por sus conexiones con cabilderos que hacían contratos con el Gobierno y algunos de sus aliados se han visto salpicados por el fraude del Banco Master.

Con todo, Lula afirma no imaginar un escenario de derrota y en público derrocha optimismo juvenil porque, como él dice, "solo envejece quien no tiene causa". EFE

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