Marruecos, entre una ley animal y denuncias por "desaparición" de perros callejeros
Marta Donat
Rabat, 24 jun (EFE).- Cualquiera que viaje a Marruecos es testigo de que sus calles están repletas de animales callejeros; es común ver a los turistas haciendo fotos de gatos posados en bicicletas y perros paseando por la medina de ciudades como Marrakech, Fez o Tánger.
Lo que no saben estos internautas es el problema oculto detrás de cada imagen, una realidad que alcanza los tres millones de perros, según estimaciones de la Sociedad Protectora de los Animales de Marruecos (SPA), a la que se suma una población masiva de felinos.
La situación nacional ya se ha convertido en "una amenaza directa para la sanidad y seguridad públicas", declaró el ministro de Agricultura, Ahmed El Bouari, ante el Parlamento la semana pasada al alertar sobre la problemática de las enfermedades transmisibles y la agresividad en las calles que provocan estos animales.
Cárcel por tortura y plan de vacunación
Para atajar este fenómeno, la Cámara Baja avanzó este martes el trámite de un proyecto de ley aprobado en comisión, una iniciativa que introduce un registro online obligatorio para los dueños de las mascotas, la regulación de los centros de acogida y penas de dos a seis meses de cárcel por tortura o muerte intencionada.
El nuevo marco legal busca ampliar el programa humanitario de captura, esterilización, vacunación y retorno (TNVR) lanzado por las autoridades en 2019, el cual pretende inmunizar a los animales y devolverlos a las calles para mantener una convivencia pacífica y saludable con los ciudadanos.
Animales "desaparecidos"
Frente a este plan, organizaciones como la SPA denuncian a EFE que es el mismo Gobierno el que lleva años sacrificando a estos animales con el objetivo de "limpiar" las ciudades y mostrar una imagen moderna del país. Además, aseguran que esta campaña se ha incrementado notablemente de cara al Mundial 2030, que se jugará en Marruecos, Portugal y España; una acusación que el Ejecutivo niega.
Ali Izsinne, presidente de la asociación SPA, afirma que "los perros capturados nunca son reintroducidos en sus lugares de origen, simplemente desaparecen". El activista argumenta que si la versión oficial fuera cierta, las ciudades estarían llenas de animales esterilizados e identificados: "¿Dónde están estos perros?", se pregunta.
La respuesta, según las investigaciones de la ONG, se encuentra en el vertedero de Médiouna, en Casablanca: "Bajo las montañas de basura se encuentra lo que consideramos el mayor cementerio de perros del mundo", asegura Izsinne.
Prohibido alimentar a perros y gatos
La controversia se aviva con un polémico artículo de la nueva legislación que prohibía de forma explícita que los ciudadanos alimenten, acojan o mediquen a los animales en espacios públicos, una actividad arraigada entre gran parte de los marroquíes que conocen y fraternizan a diario con los gatos, animal apreciado en la tradición islámica.
En la sesión de este martes, y ante la presión de la oposición, la comisión parlamentaria suavizó la norma: eliminó la prohibición absoluta para permitir la prestación de cuidados temporales o de primeros auxilios y rebajó las multas.
Según Izsinne, esta prohibición perjudica a la ciudadanía y carece de base científica, ya que ningún estudio avala que privar de comida reduzca la población animal. Al contrario, el activista advierte que "el hambre genera agresividad, estrés y enfermedades".
Voces a favor de la ley
En el lado opuesto del debate, otros refugios como el Santuario de Fauna de Tánger (SFT) simpatizan con el nuevo marco legislativo y declaran que su aplicación es urgente: "La necesitamos ya. Mientras tanto, la masacre de animales sigue pasando", apunta Salima Kadaoui, su fundadora en una entrevista telefónica a EFE.
Ante la prohibición de alimentar a los animales en la vía pública, Kadaoui matiza que las autoridades aciertan al exigir que se haga de una manera responsable, por parte de organizaciones autorizadas, limpiando los restos para evitar que se acumule basura y proliferen plagas de moscas o ratas.
Mientras el debate legal y social se endurece, en los laberintos de la medina la vida sigue su curso. Entre especias y alfombras, los gatos y perros callejeros siguen buscando la mirada cómplice de un turista que, cámara en mano, retrata una estampa que en unos años podría ser historia. EFE
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