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Miedo e incomprensión en las dos localidades francesas golpeadas por el ataque racista

Miedo e incomprensión en las dos localidades francesas golpeadas por el ataque racista

Carmen Menéndez Cobos

Trappes (Francia), 23 oct (EFE).- En Trappes y La Verrière, dos localidades populares a las afueras de París, los vecinos se debaten entre la incomprensión y el temor horas después de que un hombre recorriera sus calles disparando con un arma automática contra personas negras y musulmanas, en un recorrido criminal en el que dejó un muerto y cuatro heridos.

El viento azota la rotonda donde el viernes por la mañana se desató parte de la violencia. Las cintas policiales cortan el paso y los agentes de la Policía científica, enfundados en trajes blancos, recogen pruebas. A un lado hay un colegio, vacío por las vacaciones escolares; al otro, un parque infantil con columpios de colores.

El contraste resulta difícil de asumir: en este lugar de Trappes el agresor mató a un joven de 26 años y dejó gravemente heridos a otros dos.

Afsa, una joven negra que se acercó a curiosear, no sale de su asombro. "Hoy es viernes de oración musulmana y, además, día de mercado en el pueblo. Yo creo que quería causar muchas víctimas", dice antes de añadir: "¿Y una niña? ¿Cómo pudo disparar contra una niña?".

"Aquí no hay racismo, aquí hay de todo, de todos los colores. No hay problemas. No es normal. Nunca habíamos visto algo así. El tipo vino de fuera. Aquí lo que menos hay son franceses", añade la joven. Y a la pregunta de si ella no es francesa, responde: "Sí, pero menos".

Un hombre mayor, musulmán, camina hacia la mezquita. Se llama Anasie y solo encuentra una explicación para lo sucedido: "Es un enfermo, un enfermo". Mueve la cabeza, incrédulo, porque no comprende cómo un hombre joven puede actuar con semejante brutalidad.

El día es frío, desapacible, lo que unido a las vacaciones escolares contribuyó a que hubiera poca gente en la calle en el momento del ataque y, posiblemente, a reducir el número de víctimas.

En esta zona comercial de Trappes, con un supermercado, una carnicería halal, una farmacia y un centro de salud, la vida parece haberse detenido alrededor de los lugares donde el hombre abrió fuego. La Fiscalía Nacional Antiterrorista ha asumido la investigación ante la sospecha de un móvil racista.

A unos diez minutos en coche, en una gasolinera, las cintas policiales rodean los surtidores. Un coche blanco permanece inmovilizado, con el depósito abierto y la luna trasera destrozada. Los periodistas fotografían el lugar mientras los agentes enmascarados registran la zona. Allí, el atacante disparó con un arma automática contra otro hombre.

Samy, de 36 años, supo lo que pasaba por una llamada de su hijo. Volvía del trabajo y se detuvo antes de llegar a la gasolinera. "No lo quise ver, no, no", dice. Le cuesta comprender por qué alguien sale de casa armado para disparar contra otras personas.

"El racismo se utiliza para justificar lo que pasó, pero no fue solo eso", sostiene. Para él la culpa de tono la tiene la enorme tensión política que se vive en estos momentos en Francia y se lamenta ante la visión de un país que no reconoce a solo seis meses de las elecciones presidenciales.

Y señala los surtidores de la gasolinera atacada: "¿Has visto el gasoil? ¡A dos euros cincuenta! ¿Quién puede pagar eso? Esto es terrible. El nuevo presidente va a encontrar el país hundido".

A escasa distancia, una mujer negra está con sus tres hijos adolescentes. Viven allí mismo.

"Me desperté con el ruido (de los disparos)", afirma su hijo Yanis, de 19 años, que, según dice, no comprendió lo que ocurría hasta que encendió la televisión.

"Saber que vino un tipo y disparó así, sin escrúpulos... Podríamos haber sido nosotros", dice su hermana Maelis, de 16 años. "Si hubiera sido una semana normal, habríamos podido ser nosotros, porque estaríamos en el cole". En su voz se mezclan el miedo y la angustia.

Ela, una polaca que lleva año y medio viviendo en Trappes, pasea a su perro y asegura estar encantada con el lugar, mucho más que con París. Ha oído hablar de episodios violentos, pero nunca ha visto nada parecido. Asegura que ella tampoco ha sentido racismo y se interroga, como el resto, cómo es posible que algo así pudiera ocurrir en su ciudad. EFE

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