Agencias

Mineros de oro sudaneses vuelven a veta donde un bombardeo egipcio dejó "hechos pedazos" a sus compañeros

Mineros de oro sudaneses vuelven a veta donde un bombardeo egipcio dejó

Jartum, 20 Oct 2026 (AFP) -

Días después de un bombardeo egipcio que mató a decenas de mineros de oro sudaneses en la frontera, los sobrevivientes -heridos y traumatizados- aún planean regresar a las minas ya que no tienen otra forma de sustento.

Sharaf al Din Alí, de 26 años, habló con la AFP desde un punto de paso al sur de la frontera, donde espera un camión que lo lleve de regreso a Jabal al Uqaydat, un tajo poco profundo donde trabajan mineros artesanales.

"Tengo que ir a buscar mi oro", dijo, días después de enterrar a su amigo junto con al menos otras dos docenas de personas en una fosa poco profunda.

Ali dejó la universidad cuando estalló la guerra entre el ejército de Sudán y las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR), un grupo paramilitar, en abril de 2023.

Es uno de los millones de personas que, desde entonces, se volcaron a la peligrosa actividad minera del oro, que alimenta a ambos bandos del conflicto. Casi todo el oro se envía a través de los Emiratos Árabes Unidos, y gran parte pasa primero por Egipto.

Miles de personas habían acudido a las extensas y escarpadas montañas de la zona fronteriza. Allí, Ali Mohamed Hamdan, de 29 años, tomaba té con otros mineros el 10 de octubre cuando una aeronave comenzó a sobrevolar la zona en círculos.

"Pasó tres veces; en la cuarta lanzó un misil", relató desde un catre, en el este de Sudán, después de regresar a casa con heridas leves.

El grupo sudanés de defensa de los derechos humanos Abogados de Emergencia afirmó que al menos 72 personas murieron en el ataque aéreo, que atribuyó al ejército egipcio. Por su parte Egipto afirmó haber llevado a cabo una operación contra mineros ilegales "dentro de su territorio".

Se considera que la cifra es muy inferior, ya que cientos de mineros -muchos de ellos niños- siguen desaparecidos en las escarpadas montañas.

Solo en la pequeña localidad natal de Hamdan, Wad al Hulaywah, se informó de la muerte de 11 personas. En esta aldea agrícola cercana a la frontera con Etiopía, la AFP se reunió con los pocos sobrevivientes que lograron regresar a casa y con las familias en duelo.

- Una aldea de luto -

Otro sobreviviente, Omar Mohieddin, relató que las aeronaves "venían cada uno o dos días, así que la gente estaba acostumbrada. Cuando voló hacia el norte, todos pensaron que se había ido". Pero regresó unos minutos después y asegura haber visto "la bandera egipcia".

Tras la primera explosión, Hamdan y otros tres hombres se arrojaron a un agujero y uno de sus compañeros tenía "las entrañas fuera del cuerpo", contó.

La aldea lleva una semana de luto, con grupos de hombres vestidos con túnicas blancas tradicionales y el rostro marcado por el agotamiento y la conmoción.

El ataque ocurrió en las vastas montañas ricas en minerales situadas entre Sudán y Egipto, que incluyen el Triángulo de Halaib, reclamado por ambos países y controlado por Egipto.

Este año, Egipto lanzó una campaña militar para asegurar su desierto del sureste frente a la minería ilegal de oro y la trata de personas. Según informes, un primer bombardeo egipcio, en julio, mató a 23 mineros.

Los sobrevivientes del último ataque tuvieron que caminar durante horas cargando heridos, mientras que otros murieron al borde del camino "sin comida ni agua", contó un médico de una pequeña clínica cercana a la frontera.

"La gente llegaba hecha pedazos, con heridas de metralla en los ojos, la cabeza, las piernas y el pecho. Algunos de los heridos más graves nunca llegaron porque no había forma de transportarlos".

- Oro o armas -

Tarek Ahmed Isa, de 19 años, se había unido a otras personas que se escondían entre las crestas de las montañas después del ataque. Cuando bajaron, había cadáveres por todas partes. "Enterramos a los muertos, pero muchos otros no los pudimos encontrar", detalló.

El joven sigue en la zona, desesperado por encontrar una forma de transportar el equivalente a "cuatro meses de trabajo" hasta el mercado de oro más cercano. "Apenas hay camiones", y los pocos que llegan cobran el doble.

La guerra dejó a los jóvenes sudaneses -entre ellos 25 millones de menores de 18 años, ocho millones de los cuales están desescolarizados- con dos opciones para ganarse la vida: tomar las armas y unirse a alguna de las numerosas milicias del país o excavar en busca de oro.

La industria aurífera, que mueve miles de millones de dólares, depende de millones de personas que trabajan en minas informales y peligrosas.

Quienes sobreviven a derrumbes y bombardeos se enfrentan a una vida de enfermedades causadas por el mercurio y el cianuro utilizados para procesar el metal precioso. Todo ello para vender pepitas en los mercados locales a una fracción de su precio internacional.

"Cuando se vende, todos se quedan con una parte", destacó Omar Abdelrazig Abdalla, quien perdió a su hijo y a su sobrino en el ataque. "Hay que pagarle al dueño del camión, al dueño de la refinería y a otros antes de recibir finalmente lo que te corresponde".

Issa, el joven que se esconde en las montañas, afirma no tener otra opción. "La guerra nos dejó sin agricultura ni ganado. Tengo que seguir trabajando para que mi familia pueda sobrevivir".

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