Mujeres ucranianas recorren miles de kilómetros por Europa para llevar 'pick-ups'al frente
Rostyslav Averchuk
Leópolis (Ucrania), 16 abr (EFE).- Algunas mujeres ucranianas conducen miles de kilómetros por carreteras de Europa para suministrar camionetas de tipo 'pick up' de segunda mano a los soldados de su país, que las necesitan con urgencia en el frente, donde los drones han convertido cada desplazamiento en una lotería mortal.
"Todavía no estoy acostumbrada al tamaño de este coche", dijo una joven a EFE mientras aparcaba con seguridad una gran camioneta 4x4 con zona de carga descubierta en Leópolis, en Ucrania occidental.
No es sorprendente, puesto que Yulia Múdrik, de 34 años, sólo lleva manejando el vehículo tres días, el tiempo que le llevó conducir de Finlandia a Ucrania atravesando los países bálticos y Polonia. Se trata ya del noveno viaje al volante de vehículos el doble de grandes de lo que es su costumbre.
Necesidad urgente de vehículos
Yulia, que vive en Suiza y tiene a un hermano luchando en el frente oriental, había planeado un viaje para visitar a su familia en Leópolis. "No quería venir con las manos vacías -explicó-. Así es que me organicé con Svitlana y su equipo de voluntarios".
La ayuda de conductoras como Yulia es muy necesaria, ya que la demanda de vehículos por parte del Ejército ucraniano es crítica, dijo a EFE Svitlana Nahorna-Hordiichuk, una consultora financiera de 33 años que fundó Lemberg Volunteers, un grupo de colegas y amigos que dedica tiempo y esfuerzo a apoyar a los soldados ucranianos.
Las 'pick ups' son esenciales para transportar munición, suministros y efectivos a través de un terreno a menudo accidentado, a posiciones diseminadas kilómetros por detrás del frente. Ahora que los ataques con drones son rutina, cada viaje puede ser el último.
El Estado proporciona algunos vehículos, pero a veces unidades enteras con docenas de soldados se ven obligadas a compartir uno solo.
Para llenar este vacío, una red de amigos extranjeros busca en Finlandia y otros países vehículos baratos pero funcionales y los voluntarios los compran con la ayuda de campañas de micromecenazgo.
"La clave es que la carrocería y el chasis estén en buenas condiciones", dijo Svitlana. "El resto lo podemos arreglar".
Las mujeres asumen la tarea
La ley marcial impide a la mayoría de varones ucranianos salir al país y muchos de los que podrían hacerlo ya se han unido al Ejército, por lo que con frecuencia son mujeres las que han asumido estos largos recorridos.
Una de las conductoras habituales, Viktoria, se ha alistado hace poco en las Fuerzas Armadas, por lo que ahora la madre de Svitlana, Zoya, es una de las principales voluntarias del grupo.
Esta mujer de 53 años, que se sacó el carnet hace siete, sentía inquietud antes de su primer viaje, pero ha aprendido de Viktoria y ahora se desplaza en solitario cuando hace falta.
Los viajes pueden ser agotadores. Los vehículos viejos a veces se averían y las conductoras a veces duermen en la cabina. Pero la carretera también supone un alivio. "La sensación de movimiento y el descanso de la actualidad (de la guerra) son de ayuda", explicó Svitlana.
En el caso de su madre, los viajes también calman la ansiedad que siente por su yerno en el frente. "Le quiere mucho y se preocupa por él constantemente. Conducir es su manera de hacer todo lo que puede", señaló Svitlana, que subrayó que Zoya se ha convertido en una inspiración para otras mujeres.
Los viajes también recuerdan a las voluntarias que Ucrania no ha sido olvidada. "Nuestros amigos en Finlandia invierten su tiempo y dinero para encontrar los vehículos. Nos entienden muy bien", añadió Svitlana.
Ayuda para el frente
Una vez que las camionetas llegan a Ucrania, son inspeccionadas y reparadas. Después, en el frente, se les añaden planchas acorazadas y defensas antidrones. Algunas duran meses, otras son destruidas en cuestión de días o semanas.
Svitlana admitió que es difícil compaginar su labor como voluntaria -que también incluye la compra de drones y equipos de guerra electrónica- con la crianza de su hijo de dos años, mientras su marido combate en el frente.
Pero ante la falta de señales de que Rusia vaya a detener la guerra, no ve alternativa. Las imágenes de los cuerpos sin vida de Bucha, Izium y Mariúpol se han quedado grabadas en su memoria.
"Cuando un soldado nos dice que somos los únicos que les ayudamos, es tan alentador que no puedes hacer otra cosa que buscar la forma de entregar una camioneta", dijo. EFE
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