Pedro del Hierro lleva a la pasarela de Madrid una colección minimal con toques orientales
Inmaculada Tapia
Madrid, 14 sep (EFE).- Una llamada a la calma, al placer de observar y a eliminar las conexiones que no sean las de los sentidos, ese es el paraíso al que invita Pedro del Hierro, al elegir para la Semana de la Moda de Madrid la tradición japonesa de 'Hanami' como inspiración para una colección con reminiscencias orientales sin caer en el exceso, muy minimal.
El invernadero del Palacio de Cristal de Arganzuela, que con sus microclimas, fuentes y acuarios brinda una imagen similar a un jardín japonés, ha sido el lugar donde Nacho Aguayo y Alex Miralles, directores creativos de Pedro del Hierro, inauguraron este lunes la 84 edición de Mercedes-Benz Fashion Week Madrid.
Auténticos enamorados de Japón, a Aguayo y Miralles les rondaba en la cabeza, desde hace tiempo, dirigir su mirada hacia Oriente y en especial a la celebración de la belleza efímera de los cerezos en flor.
A partir de ahí han confeccionado una colección para la próxima primavera-verano fluida con tejidos de hilatura metálica que dan un aspecto arrugado emulando el papel japonés de las manualidades.
"Teníamos claro el punto de partida y ese deseo de contemplar la belleza en sus diferentes aspectos, de la silueta al color, aunando códigos" para hombre y mujer, explicaron a EFE los diseñadores.
Para ello, han elevado su nivel de purismo en un armario que componen con prendas que siluetean el cuerpo y se ciñen cruzadas con cinturón. En la línea femenina Nacho Aguayo ha reinterpretado la influencia asiática con una mirada "muy actual", en la que ha redefinido el tradicional mantón de Manila con los estampados florales y flecos en bajos de minifalda.
"El volumen de las siluetas se traslada a las faldas y a textiles con jacquard floral", que no abandonan la fluidez de anteriores propuestas en drapeados y patrones holgados en los vestidos, y donde la imagen más informal se traslada a pantalones cargo y shorts.
Sastrería y esmoquin para ellos
El hombre al que se dirige Álex Miralles integra oriente de una manera más sutil, utilizando textiles como el lino, el rayón, el punto calado e incluso la seda lavada con efecto arrugado, "muy de viaje, imperfecciones imperfectas", apunta, que se desvanecen en la sastrería y en el esmoquin que no se resiste a los cortes cruzados del kimono.
La sastrería regresa a las chaquetas de hombres poco marcados y tres botones para sustentar delicadas camisas de cuello mao para ofrecer una imagen más fluida que también incorporan a pantalones de dos pinzas.
La base de color de ambas propuestas "forma parte de ese imaginario japonés que todos podemos tener en la cabeza", señala Aguayo, pero con tonos más ácidos como el amarillo cítrico, el rosa chicle o el aguamarina que rompe con negros y metalizados.
Afirman que Occidente está muy vinculado a Asia y han mostrado ese diálogo entre la tradición y el mundo contemporáneo con piezas de fiesta de lentejuelas extragrandes, chaquetas metalizadas y más transparencias que nunca. EFE
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