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Piedad Bonnett: "Estamos en una época de tremenda decadencia y banalidad"

Piedad Bonnett:

Magdalena Tsanis

Madrid, 22 sep (EFE).- Dos meses después de morir su hijo, la poeta colombiana Piedad Bonnett agarró un lapicero y se puso a dibujar los objetos de su habitación en un ejercicio de duelo que es el origen de 'La voz de las cosas' (Lumen), un libro de poemas e ilustraciones que ahora presenta en España.

"Estamos en una época de tremenda decadencia y banalidad, con la derecha reaccionaria por todos lados, y se ha encontrado un enemigo perfecto que es el inmigrante", dijo en una entrevista con EFE en Madrid la escritora y ganadora en 2024 del Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana -el más prestigioso en su ámbito-.

Bonnett (Amalfi, Colombia, 1951) lamentó que "la banalidad está haciendo estragos, personificada en el señor Trump" y cree que en Colombia, con la llegada de Abelardo de la Espriella a la Presidencia, está pasando lo mismo: "Venimos de una izquierda anacrónica y completamente irracional, romántica y tonta, y caemos en las manos de una derecha igual a la de Bukele o Milei".

Frente a la radicalización de la política, la escritora reivindica la literatura como el terreno de la ambigüedad, la duda y la pregunta: "Madame Bovary no es buena ni mala, es un personaje que te hace dudar".

La habitación del duelo

Licenciada en Filosofía y Letras y Premio Nacional de Poesía en Colombia en 1994, Bonnett ha publicado nueve libros de poemas, seis novelas y otras tantas obras de teatro, pero una de sus obras más aclamadas ha sido 'Lo que no tiene nombre' (2013), un relato testimonial sobre el duelo y la salud mental, a raíz del suicidio de su hijo Daniel en 2011.

También a él le dedicó el poemario 'Los habitados' (Visor, 2017) y pensaba que con eso había "cerrado ese ciclo", hasta que un día su editora se fijó en unos "dibujitos" que tenía en su casa y le preguntó por ellos.

Máster en Teoría del Arte y la Arquitectura, Bonnett cuenta que dibujó desde pequeña y hasta la adolescencia y que pensó en estudiar Bellas Artes. Cuando murió su hijo, entre sus cosas encontró un cuaderno de dibujo que ella le había regalado, con unos bocetos en la primera página. "Cuando vi ese cuaderno, dije: voy a dibujar".

Lo primero fue la ventana, después una silla, una chaqueta de pana, unas botas, un pantalón, una máscara. "Era una manera de comunicarme con él", dice. Lo que empezó siendo un ejercicio absolutamente íntimo y "naif", acabó inspirándole algunos poemas a raíz de la propuesta de su editora de publicarlos.

La poética de lo cotidiano

Son poemas que trascienden lo cotidiano para conectar con temas universales como la memoria, el dolor, la pérdida o el paso del tiempo, pero también la ternura y la resistencia. La conexión de lo cotidiano y lo profundo es una característica de la poesía de Bonnett desde sus inicios.

"Tuve una revelación muy joven cuando estaba en la universidad leyendo a Rosario Castellanos, a Silvia Plath, a Amanda Berenguer, mujeres de otra época, atrapadas en un mundo de discriminación y reducidas al hogar, que supieron romper con eso hablando de la cotidianidad en forma poética", afirma.

Casi todo, dice Bonnett, puede ser objeto de la mirada poética. Si hay algo que se resiste más, reflexiona, es lo banal, pero incluso ahí se pueden encontrar motivos. De hecho, está escribiendo un nuevo poemario llamado irónicamente 'El arte de viajar', donde le inspiran desde una pareja anónima desayunando en un hotel hasta la "estupidez" de las multitudes agolpadas frente a la Fontana de Trevi en Roma.

"Tengo una relación muy problemática con el viaje, mi ADN es sedentario pero no viajar parece una estupidez", señala y apunta a que es un malestar que tiene que ver con la manera en que se viaja ahora: "Todo se vuelve consumo. Todo lo vuelven consumo".

La cancelación, una nueva forma de censura

Tras su paso por Madrid, la escritora tiene previsto viajar a Murcia (sureste de España), donde recibirá el próximo viernes el Premio Internacional de Las Letras EXLIBRIS 2026, un galardón que el año pasado recayó en Mircea Cartarescu y que también han recibido autores como Javier Cercas, Enrique Vila-Matas o Amin Maalouf.

Los premios, dice, suelen ser una alegría, pero también pueden ser un engorro o ponerte en un aprieto. "Si ahora me diera Putin un premio, pues yo diría que no, gracias. O el Estado de Israel. Diría que no, no porque tenga nada contra los judíos, tengo un yerno judío, sino porque ese gobierno ha hecho cosas aterradoras".

No obstante, dice estar en contra de la cultura de la cancelación. "El fenómeno dio la vuelta y se convirtió en una forma de censura desde una superioridad moral que le hace mucho daño a la cultura".

Menciona "injusticias aterradoras" como que no dejen presentarse a una orquesta rusa en Alemania por la guerra de Ucrania. "¿Por qué lo van a pagar los músicos?", plantea. EFE

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