Siete meses después, los desplazados del sur de Líbano siguen sin casa a la que volver
Edgar Gutiérrez y Ali Ghandoura
Tiro (Líbano), 14 oct (EFE).- Con una pierna en alto, completamente hinchada, Fátima Moussa fuma sentada en el porche de una escuela de Tiro, en el sur de Líbano, mientras unos niños desplazados juegan al fútbol entre los pupitres amontonados en las esquinas.
Detrás del porche están los cuartos con paredes de madera delgada en los que ella y otras familias libanesas desplazadas aún viven desde que tuvieron que dejar las aulas libres para la vuelta de los alumnos a la escuela. Esas aulas eran su refugio desde que huyeron de sus hogares hace siete meses por la nueva ofensiva israelí sobre el país.
"¿Dónde se supone que voy a dormir? ¿A quién se supone que voy a ir? No tengo a nadie", dice a EFE Fátima, una mujer nacida en 1957, desplazada en las tres ultimas guerras que han sacudido el país.
Su casa en el distrito de Bint Jbeil, junto a la frontera con Israel, quedó destruida en la ofensiva israelí de 2024. Se instaló entonces en una vivienda de alquiler en Tiro, de la que el propietario acabó echándola. Herida, y con una discapacidad como secuela, al recibir el alta del hospital llegó a la escuela Hajja Maryam, donde vive desde el pasado 2 de marzo.
Aún sigue allí, pero ya no en un aula. Los cuartos del fondo son pequeños y muy simples: una cama, un escritorio y ningún baño, porque el aseo es compartido.
Refugiados de escuela a escuela
Más de un millón de libaneses fueron desplazados de sus hogares a causa de la ofensiva israelí que comenzó el pasado mes de marzo, sin que aún se hubieran reasentado nuevamente los también cientos de miles de personas que tuvieron que huir bajo las bombas en el año 2024.
Estos desplazados, en su mayoría residentes en el sur del país, abandonaron sus casas y pueblos y se instalaron como pudieron en zonas relativamente seguras al norte, alquilando casas, en residencias de familiares o amigos, acampando en calles y plazas o alojándose en refugios provisionales en estadios, centros públicos o, fundamentalmente, escuelas.
Hasta 700 centros educativos quedaron inoperativos como escuelas mientras eran empleados como refugios, lo que a su vez ha supuesto un enorme problema para el país a la hora de regresar a la escolaridad, con los edificios dañados, con necesidad de reparaciones o aún ocupados como albergue.
Tras un pico de unos 200.000 desplazados en estos refugios colectivos, a mediados de septiembre (últimos datos disponibles) unas 16.000 personas, 2.500 de ellas menores, seguían alojados en 164 emplazamientos, según la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA).
No pueden alquilar
Una vecina de Fátima, que prefiere no dar su nombre, ejemplifica el periplo de estos desplazados que aún no tienen donde volver: primero dejó Al Bayada, su pueblo, en octubre de 2023 a pocos días de que comenzara la guerra entre Israel y el grupo chií libanés Hizbulá.
En 2024 pasó dos meses en una escuela de Tiro. Luego alquiló una vivienda que "ni siquiera era habitable", y acabó volviendo a Al Bayada. Y al estallar de nuevo el regresó a un aula, esta vez en Hajja Maryam, donde todavía sigue.
"No puedo alquilar. Tengo dos hijos y mi marido no trabaja", explica a EFE. Él tenía un taller de motos en Al Bayada que "ya no existe" y ahora arregla lo que puede cuando puede.
Otro relato similar es el de Khadija Jaafar, de unos 50 años, que huyó de Ainata para refugiarse en una universidad, de la que tuvo que marcharse cuando se reanudaron las clases para recaer en esta escuela.
"El que deja su hogar muere diez mil veces al día", afirma a EFE. "Nos dejaron en las escuelas y en las calles para que nos las arreglemos solos. ¿Cómo? ¿De qué? ¿De dónde?".
En Hajja Maryam de momento pueden convivir los alumnos con los refugiados, en un contexto en el que al menos 100.000 niños libaneses no tienen acceso a la educación por daños, destrucción, inseguridad o desplazamiento, según OCHA.
Volver a casa
Fátima no ha vuelto a Bint Jbeil ni una sola vez. Cuando se le pregunta si regresará algún día, rompe a llorar, y con ella las mujeres que la rodean en el porche. "¿Adónde vamos a volver? Todas las casas de mi familia han desaparecido".
La vecina de Al Bayada todavía se aferra a la idea del regreso: "Si Dios quiere, reconstruiremos, viviremos en nuestras casas y nuestros hijos también vivirán sus vidas".
Khadija ya no. "Ya no espero lo mejor", dice. "Todo nuestro pueblo ha desaparecido, todo calcinado, como nuestros corazones". EFE
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