Sin hogar, pero evaluando viviendas: el rostro de la ingeniería tras sismos en Venezuela
Bárbara Agelvis Maza
Caracas, 18 jul (EFE).- Cuando Betzi Gutiérrez se calza sus botas y viste su chaleco amarillo y casco blanco de ingeniera para revisar las bases de los edificios afectados por el doble terremoto, ocurrido en la zona norte de Venezuela, no solo carga con las herramientas y la responsabilidad de su profesión; también lleva el peso de haber visto su propio techo desplomado el pasado 24 de junio.
Como ella, cientos de ingenieros civiles o mecánicos, arquitectos, patólogos estructurales, maestros de obras, de electricidad, de gas, bomberos, funcionarios de Protección Civil y hasta estudiantes han detenido sus proyectos personales para armar brigadas voluntarias de inspección.
Juntos, y en coordinación del Colegio de Ingenieros (CIV) y la Comisión Presidencial de Habitabilidad y Viviendas, construyen el mapa de los daños estructurales que dejaron los sismos de magnitud 7,2 y 7,5, aunque la NASA, a partir de imágenes satelitales, indica que los temblores podrían haber dejado unos 58.870 edificios dañados o destruidos en la región afectada de Venezuela.
"Es una manera de retribuir a mi país con mis conocimientos; apoyar a mi país para ayudar a reconstruir a mi Guaira que la quiero tanto, que la amo tanto", dice a EFE Gutiérrez, que vivía en la localidad de Macuto, en La Guaira, el estado costero más devastado por los terremotos que han dejado más de 5.000 muertos.
Se encontraba de paseo junto a su esposo y sus dos hijos cuando ocurrieron los sismos y al llegar a su casa la realidad la golpeó de frente: el hogar del que se había enamorado hacía 16 años, cuando dejó su natal estado Bolívar (sur) para echar raíces allí, estaba reducido a escombros.
"Fue una semana muy dura, muy triste porque no solo perdí la casa, perdí amigos, amigos muy queridos que yo los consideraba familia", recuerda Gutiérrez.
"Después de esto uno no es igual, uno está roto y a pesar de que yo estoy rota, mi motivación es ayudar al pueblo", insiste la ingeniera que al mismo tiempo busca ayuda a través de un GoFoundMe, mientras se refugia en la casa de una amiga en La Guaira y realiza labores de inspección en la vecina Caracas.
Voluntariado
Al caminar por las calles de San Bernardino, una de las localidades más afectadas por los terremotos en la capital venezolana, decenas de ciudadanos se le acercan: unos le preguntan cuándo llegarán las inspecciones a sus viviendas y otros le reportan los puntos críticos que están pendientes por evaluar.
Llega a una de las viviendas asignadas y una señora recibe al equipo con recelo: "¿Necesitan entrar tantos a revisar la casa?". Finalmente, solo una parte del grupo ingresa a la vivienda y la inspección concluye con una etiqueta verde.
Las evaluaciones se rigen por un sistema de semáforo: el verde significa habitabilidad; el amarillo, daños moderados con precaución y el rojo, que la estructura tiene daños severos y es de alto riesgo.
Esta calificación la arroja una aplicación creada por el CIV en colaboración con la diáspora venezolana y universidades locales y está inspirada en experiencias internacionales. Es manejada por ingenieros colegiados que responden un cuestionario de preguntas técnicas de acuerdo con lo que observan en las estructuras.
Son más de 200 brigadas capacitadas para evaluar, además de las condiciones estructurales, las tuberías de gas, agua, electricidad y ascensores, explica a EFE el ingeniero Claudio Tranquillini, jefe de otra de las brigadas, desde La Candelaria, zona vecina de San Bernardino.
La evaluación
"Primero, ubicamos dentro de la zona que nos corresponde la edificación que vamos a inspeccionar, nos paramos enfrente y vemos en la fachada (...) si las fachadas no presentan peligro, ingresamos al edificio" y "vamos a buscar el piso crítico", explica Tranquillini que se vino a Caracas desde Isla Margarita, en el noreste del país.
Así, van piso a piso, apartamento por apartamento. De entrada observan las columnas y las zonas agrietadas o derrumbadas: martillan o despegan con sus manos lo que está a punto de desprenderse y miden el tamaño de las grietas. Evalúan si las vigas están comprometidas o chocan con las de la edificación aledaña o si algún acero de refuerzo se dobló, porque eso delataría un riesgo.
Desde el 8 de julio se han realizado, en promedio, unas 300 - 400 inspecciones diarias, aproximadamente, en Caracas, aunque está excluido el municipio Chacao, donde hay 157 estructuras calificadas en amarillo y 31 en rojo, según las inspecciones hechas por la Alcaldía.
El CIV intenta avanzar rápido y realiza al mismo tiempo capacitaciones para ampliar las brigadas, planea también inspeccionar las viviendas que quedaron en pie en La Guaira, donde Betzi quiere ayudar más.
La data y el mapa de las afectaciones estará disponible de forma pública. EFE
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