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Trump pierde credibilidad ante una guerra de mensajes contradictorios y sin final claro

Trump pierde credibilidad ante una guerra de mensajes contradictorios y sin final claro

Washington, 24 ago (EFE).- La prolongación de una guerra que iba a durar semanas y cumple seis meses, sin visos de un final, o las repetidas afirmaciones sobre un estrecho de Ormuz reabierto que sigue bloqueado, han erosionado la credibilidad del presidente de EE.UU., Donald Trump, a quien sus adversarios acusan de cambiar de mensaje "cada 24 horas" hasta el punto de tener cada vez menos impacto en los mercados y los precios del petróleo.

La Operación Furia Épica lanzada por EE.UU. e Israel contra Irán el 28 de febrero estaba "casi completada" en marzo y era una "victoria total" en abril, en palabras de un presidente que comunicó al Congreso en mayo el fin de las hostilidades directas con Teherán.

Al menos una decena de veces, Irán desmintió a Trump sobre una inminente tregua que finalmente se firmó el 17 de junio y expiró en agosto con unas supuestas conversaciones para reabrir el estrecho de Ormuz, que el país persa volvió a negar al asegurar que solo negociaba con Omán. Hoy las conversaciones están estancadas.

Seis meses después resulta difícil trazar una cronología entre lo dicho y lo realmente sucedido, mientras Trump insiste en que controla el estratégico paso del comercio mundial de crudo y gas, aunque el último fin de semana de agosto apenas transitaron por este 20 buques, un 90 % menos de lo habitual.

"El enfoque de Trump, propio del arte de la negociación, siempre fue propenso a cambios bruscos de postura, pero la guerra ha hecho que sus incoherencias sean más evidentes y su credibilidad aún más dudosa", expresó a EFE el economista de la Institución Brookings, Douglas A. Rediker.

La retractación TACO

La política arancelaria de Trump popularizó el acrónimo TACO (Trump Always Chickens Out), que significa que 'Trump siempre se acobarda', entre responsables, analistas y mercados que asumen una acción de amenazas exageradas para alcanzar determinados objetivos, pero, en política exterior, esta actitud está cambiando la percepción de los aliados.

Y a estos "les resulta difícil ver las alianzas de larga data como algo más que relaciones transaccionales, donde algunos valores compartidos fundamentales, intereses estratégicos y compromisos históricos ya no impulsan las políticas ni la credibilidad de dichos compromisos", estima A. Rediker.

Las licencias de Trump de "tomarse ciertas libertades con los hechos y la precisión" se aplicaban a asuntos internos y civiles, percibe el profesor de la Universidad Americana Garren Martin, pero "resulta particularmente llamativo ver el mismo patrón en las declaraciones sobre la conducción de una guerra".

El mismo Trump aseguró a dos semanas del inicio de la ofensiva que un predecesor de la Casa Blanca le expresó en una conversación privada su pesar por no haber atacado a Irán de la misma manera. Los representantes de los cuatro presidentes estadounidenses en vida - tres demócratas y un republicano - se apresuraron a negar la existencia de un encuentro semejante.

Para los analistas, cada día es más necesario escuchar las reacciones de Irán para entender la evolución de las conversaciones o eventuales acuerdos y seguir las verificaciones independientes para conocer la situación real sobre el terreno.

"El problema es que los adversarios, en particular, han reconocido cada vez más este patrón. Por ello, es menos probable que presten mucha atención a cada declaración (de Trump), porque saben que muchas de ellas pueden no significar gran cosa al final", deduce Martin.

Tácticas, no estrategias

Trump es para gran parte de los receptores un interlocutor "caótico", "impredecible" y "maneja un flujo contantes de declaraciones diferentes" para siempre poder decir que ha cumplido su objetivo.

En el caso de la guerra de Irán, uno de los declarados en febrero era propiciar un cambio de régimen en el país e impedir el desarrollo de un arma nuclear.

Ante la imposibilidad de derrocar el sistema político iraní, los propósitos se centraron en eliminar las capacidades militares y nucleares del país, pero el poderío y la superioridad estadounidenses no han conseguido doblegar a Teherán y eso también está afectando a la credibilidad no solo de Trump sino de EE.UU.

"Irán no solo ha evitado ser derrotado; también ha logrado causar daños considerables, directa e indirectamente, a aliados estadounidenses", valora Martin que describe una "creciente sensación" de que la cada vez más impopular guerra se ha convertido para Trump en un "atolladero".

Los mercados también parecen haber dejado de prestar atención al exceso de declaraciones.

Si las manifestaciones de Trump provocaban al principio del conflicto marcados cambios en los precios de petróleo, ahora el anuncio de unas nuevas negociaciones para poner fin a la guerra solo afectan moderadamente.

"Si el presidente afirma algo, pero no hay un cambio visible en el comportamiento de las empresas navieras o las aseguradoras, es poco probable que los mercados reaccionen con fuerza a las promesas de que el conflicto está a punto de resolverse", analiza Martin.

Para A. Rediker, "la atención se ha centrado más en los mercados de bonos, donde los temores globales a la inflación, el aumento de los niveles de deuda, la inestabilidad en las cadenas de suministro, los riesgos geopolíticos, la deuda derivada de la Inteligencia Artificial (IA) y la incertidumbre general han provocado fuertes incrementos en los costes de endeudamiento a largo plazo".

"La falta de credibilidad supone una desventaja. La credibilidad es difícil de establecer y fácil de destruir", alerta el economista. EFE

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