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Turnos, asambleas y reparto de tareas: un día en la acampada por la vivienda de Barcelona

Turnos, asambleas y reparto de tareas: un día en la acampada por la vivienda de Barcelona

Àlex Gutiérrez Páez

Barcelona, 10 oct (EFE).- Rodeados de tiendas de campaña y carteles contra la especulación, cientos de personas que participan en la acampada por la vivienda en Barcelona compaginan las clases y el trabajo con su reivindicación a través del campamento que lleva doce días instalado en la plaza Cataluña y, por ahora, sin fecha para levantarlo.

La de Barcelona es una de la veintena de acampadas que se han instalado en el centro de las ciudades españolas desde que el pasado 26 de septiembre una manifestación en protesta por el desahucio de una anciana en Madrid acabara con los manifestantes durmiendo en tiendas de campaña en la Puerta del Sol.

La acampada de Madrid fue el origen de una ola de protestas que se han fortalecido tras la muerte de la anciana desahuciada, Maricarmen, y que está entre las causas del adelanto electoral en España.

El día a día de los acampados de Barcelona se rige por una intensa autogestión, la convivencia comunitaria y la resistencia frente a las inclemencias meteorológicas, como el llamado 'minihuracán mediterráneo' que afectó el pasado fin de semana a buena parte de Cataluña.

El espacio central de la plaza Cataluña se ha convertido en un punto neurálgico en el que se suceden charlas y formaciones, distintas actividades, pintadas de carteles y momentos de descanso bajo unas carpas improvisadas que protegen del sol.

Cada participante contribuye, en la medida de sus posibilidades, a mantener el funcionamiento del campamento, ya sea en la cocina, la enfermería, la distribución de material, la organización de actividades o el punto de información.

En este último espacio, una pizarra recoge una lista de aquello que los acampados necesitan para mantener el día a día: baterías portátiles, garrafas, ropa térmica, grapadoras, palés, escobas, cubos, megáfonos, café en polvo, mesas o sillas.

Parte de estos productos llegan a través de donaciones de ciudadanos comprometidos con la causa, que también aportan alimentos, material higiénico y sanitario o dispositivos electrónicos.

Un grupo heterogéneo, pero con un mismo objetivo

Dentro conviven perfiles predominantemente juveniles, muchos de ellos estudiantes universitarios, pero también adultos con experiencia en los movimientos por la vivienda, activistas de distintas corrientes sociales y personas sin techo, que han encontrado entre las tiendas un espacio de cobijo y protección.

"¿Hasta cuándo quedarnos? Indefinidamente", cuenta a EFE Uri, uno de los participantes.

Uri explica que los participantes se organizan mediante relevos para poder continuar con sus obligaciones cotidianas: "Quien no tenga qué hacer por la mañana, viene aquí, guarda las cosas en la tienda y echa una mano por ahí, y luego le hacen el relevo", relata.

"Nos están desplazando de nuestros barrios. Acabaremos viviendo así", afirma el universitario, mientras señala las tiendas.

Aina también ha decidido sumarse a las movilizaciones porque considera que el acceso a la vivienda ha llegado a un "punto límite".

"No nos podemos permitir un alquiler ni mucho menos la compra de una vivienda", señala la joven, que lamenta que "una cosa tan básica como es un techo esté en manos de rentistas y políticos al servicio del rentismo".

Uno de los impulsores de la acampada, Joan, padre de tres hijos y presente en el campamento desde el primer día, asegura estar escandalizado ante la "invisibilización" del sinhogarismo: "El otro día había un padre con un hijo de cuatro años durmiendo en un banco al lado nuestro".

Los carteles repartidos por el campamento reflejan buena parte de las reivindicaciones de los participantes, con mensajes contrarios a la especulación, el sistema capitalista y el turismo masivo.

Mientras la vivienda se sitúa en el centro del debate político español y de la precampaña electoral ya en marcha, el campamento de Barcelona continúa funcionando como una pequeña comunidad organizada y dispuesta a aguantar hasta que sea necesario para conseguir cambios que les permitan, en un futuro, poder seguir viviendo en los barrios que les vieron crecer. EFE

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