Agencias

Ucrania, 24 horas en un hospital de Dnipró sobrepasado por la guerra

Ucrania, 24 horas en un hospital de Dnipró sobrepasado por la guerra

Dnipro, Ucrania, 22 Jul 2026 (AFP) -

El cirujano hace una cruz antes de hundir el bisturí en una masa ensangrentada de carne y hueso. Son las nueve de la mañana y ya se realizaron tres amputaciones. El Hospital Central de Dnipró, en el centroeste de Ucrania, despierta.

Sobre la mesa de operaciones yace un soldado de 27 años con ambas piernas destrozadas por un dron ruso.

En el quirófano, Serguí Ryizhenko y su equipo de médicos observan en silencio. "Nunca me acostumbraré a esto", susurra una de las doctoras antes de salir de la sala.

Desde la invasión rusa de 2022, el director del Hospital Mechnikov vio llegar un flujo constante de heridos evacuados del sur y el este del país, donde continúan los combates.

En cuatro años de guerra, las balas dieron paso a drones, misiles y bombas planeadoras, que "desgarran los cuerpos y arrancan extremidades", tanto de soldados como de civiles, resume el doctor Ryzhenko.

Cada mañana recorre los pasillos del hospital para coordinar "entre 50 y 100 operaciones".

Entre una puerta y otra se ve una mujer con el rostro ensangrentado, un civil y tres militares.

"Le hablaremos a su comandante de su valentía", le susurra al oído a un soldado cuyo rostro está cubierto de heridas por metralla.

Son las diez de la mañana. La ronda médica termina.

- Cráneo destrozado y un recién nacido -

Pan negro, cerezas, "un café" y luego "extremidades amputadas". Son las once de la mañana. En la sala de descanso, el olor del antiséptico se mezcla con el del ajo.

Para las enfermeras Olga y Ruslana, el humor negro es una forma de sobrellevar "estas mañanas que empiezan de una manera un poco macabra".

Por sus manos pasa un flujo constante de pacientes: el 83% llega inconsciente o con mutilaciones.

"En el último bombardeo... uno tenía las vísceras fuera y las sostenía con las manos. Otro tenía el cráneo destrozado", relata Ruslana Vorobiova, sentada en una cama plegable.

A ratos se desploma allí durante sus turnos de 24 horas. Cuando duerme, a veces sueña con su trabajo o las explosiones.

A más de cien kilómetros de la línea del frente, Dnipró también vive bajo la amenaza constante de los ataques rusos.

Y en los quirófanos, Ruslana ve las consecuencias físicas de la guerra, "lo que la hace aún más aterradora", afirma.

Al otro lado del hospital, una familia posa para una fotografía con un recién nacido en brazos.

Es la una de la tarde. Nació un bebé ucraniano. Olga Fandéieva, obstetra, sonríe con ternura ante la escena. Debido a la falta de personal, con frecuencia también ayuda en el servicio de traumatología.

"Después de ver a tantos jóvenes mutilados, sostener los pequeños pies de un bebé te devuelve el equilibrio", dice.

Como ella, otros profesionales sanitarios acuden a la maternidad para recuperar fuerzas porque allí, asegura Olga, "comprendes por qué vives y por qué trabajas".

Otros prefieren refugiarse en el patio trasero del hospital, donde civiles y militares comparten un cigarrillo.

- Una noche "tranquila" -

El sol comienza a caer, los cafés se multiplican y las operaciones siguen sin descanso.

Son las seis de la tarde y el cansancio empieza a reflejarse en el rostro de Ruslana.

"1958. Parece un año", comenta en la sala de enfermería. Pero es el número de intervenciones traumatológicas realizadas desde comienzos de 2026. Una cifra "normal" para un país en guerra, agrega.

En el Hospital Mechnikov, los pacientes con politraumatismos se convirtieron en la norma. Algunos deben someterse a una veintena de operaciones en menos de una semana.

El centro se especializó en cirugía reconstructiva de urgencia. El aumento de las heridas causadas por drones atrajo a médicos occidentales que acuden para formarse en traumatismos que aún son poco frecuentes en otros países.

- Ruslana cierra el registro -

En la recepción, paramédicos con chalecos antibalas trasladan a un hombre con el rostro completamente vendado. Tiene fragmentos de un dron incrustados en la garganta, los ojos y el cerebro.

Según el director del hospital, la guerra en Ucrania deja ahora "heridas abiertas donde antes había rostros".

Se acerca la medianoche. En la recepción, el médico de guardia apaga las luces de neón "para descansar la vista".

Sobre el mostrador, la recepcionista se queda dormida. Algunos ronquidos resuenan por los pasillos, hasta que llega un nuevo herido procedente del frente.

Un médico se hace cargo. Lleva la marca de las sábanas en la mejilla.

Hasta el amanecer llegarán media docena de ambulancias más. A ellas se suman habitantes de Dnipró con crisis de ansiedad, otra de las consecuencias de la guerra.

Es una noche "tranquila", según el personal sanitario.

A las ocho de la mañana, los pasillos vuelven a llenarse. Llega el turno de día y Ruslana regresa a casa.

Los cirujanos se ponen las batas. El doctor Serguíi Ryzhenko inicia su ronda matutina.

En un quirófano del Hospital Mechnikov comienza un nuevo día.

da-fv/pop/mab/pb