Ucrania refuerza su frontera con Bielorrusia por temor a un posible ataque
Rostyslav Averchuk
Liubeshív (Ucrania), 8 ago (EFE).- Ucrania está reforzando su frontera norte por el temor de un posible ataque de Bielorrusia, ante la continua expansión de Minsk de su capacidad militar.
"Nos estamos preparando para todo tipo de escenarios y amenazas", declaró a EFE Margarita Vershínina, portavoz del destacamento fronterizo de Volinia, que abarca 203 km de la frontera en el noroeste de Ucrania.
Frontera fortificada
Hasta el inicio de la invasión rusa a gran escala hace casi cuatro años y medio, solo una estrecha franja de arena separaba a los dos países en la zona visitada por EFE a finales de julio. Los habitantes de ambos lados solían recolectar setas y bayas en los bosques situados a pocos metros de la línea sin fortificar.
Hoy, un muro de bloques de hormigón y alambre de púas recorre la frontera, patrullada por soldados ucranianos a pie y en vehículos, y vigilado las 24 horas. En las cercanías hay señales que advierten de la presencia de campos minados.
"Dependiendo de la zona, hemos instalado diferentes tipos de vallas, zanjas antitanque y 'dientes de dragón'", dijo Vershínina y explicó que las medidas están diseñadas principalmente para detener a la infantería y los vehículos enemigos.
Las principales obras de ingeniería en la región, donde se ubican algunas rutas de suministro clave desde la vecina Polonia a Kiev y el este de Ucrania, se completaron a finales de 2025. Aproximadamente un tercio de la frontera está protegido por terrenos pantanosos, una barrera natural para la maquinaria pesada.
Vershínina señala que los trabajos siguen a lo largo de la frontera y en las zonas adyacentes para reforzar las defensas, incluida la instalación de redes antidrones en las carreteras de algunos sectores.
Una amenaza creciente
Bielorrusia no cuenta actualmente con fuerzas suficientes cerca de la frontera para un ataque inmediato a gran escala. Sin embargo, ha expandido progresivamente su infraestructura militar y aumentado el número de tropas.
En junio, el presidente Volodimir Zelenski advirtió públicamente al líder bielorruso Aleksandr Lukashenko que dejara de colaborar con los ataques de drones rusos y pidió el desmantelamiento de los transmisores utilizados para guiar a los drones sobre Volinia y otras regiones.
Los transmisores fueron desconectados, pero los funcionarios ucranianos creen que Minsk sigue bajo una creciente presión rusa para que asuma un papel más activo, ya sea mediante una ofensiva a gran escala o mediante operaciones transfronterizas limitadas que distraigan a las fuerzas ucranianas desde el frente y pongan en peligro a la población civil.
A principios de agosto, el comandante de las fuerzas de operaciones especiales de Bielorrusia, Alexander Iliukevich, confirmó la formación en curso de una nueva brigada de asalto aerotransportada cerca de Gomel, a unos 40 km de la frontera con Ucrania.
Los guardias fronterizos ucranianos y bielorrusos siguen patrullando a pocos metros de distancia, pero todo contacto entre ellos cesó después de que las fuerzas rusas invadieran Ucrania desde territorio bielorruso cerca de Kiev en febrero de 2022, a pesar de las garantías dadas por la cúpula militar bielorrusa.
"Nos conocíamos bien después de años de servicio. Pero ya no puedo y no quiero estrecharles la mano", declaró a EFE un guardia fronterizo ucraniano.
La vida a la sombra de la amenaza
El cierre total de los pasos fronterizos ha afectado gravemente a las comunidades locales. Muchos residentes tienen familiares en Bielorrusia y anteriormente trabajaban al otro lado de la frontera.
Los bosques siguen siendo la principal fuente de ingresos para los habitantes de un pueblo cercano. Llevan las bayas recolectadas en zonas libres de minas a una tienda local.
"Antes este lugar estaba lleno de coches bielorrusos. Venían aquí a comprar de todo porque era más barato", declaró a EFE Nina, una comerciante de 56 años.
Acaba de hablar por teléfono con su hermana, que vive al otro lado de la frontera. Ahora es su único medio de comunicación; su hermana tiene miedo de viajar a Ucrania incluso a través de Polonia.
La política rara vez forma parte de las conversaciones entre familiares que viven en ambos países para evitar problemas a estos últimos.
Volodímir, de 79 años, admite que le asustó un reciente ataque con drones rusos en la zona y pensó que Bielorrusia había comenzado una ofensiva. Sin embargo, espera que Minsk no lance un ataque directo.
"A algunos de allí no les caemos bien, pero en Bielorrusia hay más gente inteligente que gente dispuesta a meterse en una guerra con nosotros", afirmó. La mayoría de los habitantes confía en que el experimentado ejército ucraniano sería capaz de repeler cualquier nueva ofensiva desde el norte. EFE
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