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Un país con el mar 'de pago': Italia intenta poner orden en la licitación de sus playas

Un país con el mar 'de pago': Italia intenta poner orden en la licitación de sus playas

Gonzalo Sánchez

Roma, 15 jul (EFE).- Italia está bordeada por las idílicas aguas del Mediterráneo pero disfrutar de sus playas muchas veces tiene un precio: una gran parte son monetizadas por empresarios. Ahora, el Gobierno intenta poner orden tras años de irregularidades, mientras persiste el debate sobre el 'derecho' a un litoral más 'libre'.

Aunque parezca mentira, en Italia disfrutar del mar no es tan sencillo. Una gran parte de sus hermosas costas están 'ocupadas' por clubes privados que extienden sobre la arena su imperio de sombrillas, tumbonas y bebidas a precios desorbitados.

El veraneante tiene así dos opciones para darse un chapuzón: pagar el -creciente- precio que piden estos empresarios, que por ley deben dejar una estrecha franja de arena gratis, o encontrar hueco en las concurridas y a menudo descuidadas playas 'libres'.

Un fenómeno frecuente

El fenómeno de las playas 'de pago' ha ido extendiéndose hasta representar más del 42 % de todas las del país, con picos de hasta el 70 % en regiones muy turísticas como Liguria (norte) o Campania (sur), según datos de la asociación ecologista italiana Legambiente.

El Ministerio de Infraestructuras sostiene que, en realidad, son el 33 %, pero la organización subraya que ese dato se ha calculado tomando como referencia toda la costa del país y no solo las áreas que permiten el baño.

En las costas más cercanas a Roma, sin ir más lejos, su litoral es una sucesión de clubes en los que, para acceder, primero hay que pasar por caja: el combo sombrilla más tumbona suele rondar los 30 euros en temporada alta.

Uno de los problemas derivados de esta privatización es que las licencias han terminado por desbocarse y se renuevan automáticamente año tras año sin grandes controles ni transparencia, lo que ha generado una especie de 'casta' de gestores del verano.

Reordenar el sector

Ante esta caótica situación, la Unión Europea lleva años exigiendo a Italia que cumpla con la Directiva Bolkestein de 2009 y permita la libre competencia este tipo de servicios.

Tras décadas de desidia y una ardua negociación, el Gobierno de Giorgia Meloni ha tomado cartas en el asunto y ha decretado que para el 30 de septiembre de 2027 se deberán sacar a un nuevo concurso público todas las playas 'de pago', alrededor de 12.000 en todo el país.

La ley que ha permitido hacer borrón y cuenta nueva en el litoral italiano dice que las nuevas licitaciones deberán tener un límite temporal, entre 5 y 20 años, e incluye un mecanismo para indemnizar a los antiguos gestores por las obras que hayan realizado.

Sin embargo, las familias que tradicionalmente se han lucrado con estas playas temen que las nuevas licitaciones puedan abrir la puerta a grandes corporaciones y fondos de inversión. El Gobierno ha prometido vigilar para impedirlo.

La revolución de un alcalde del sur

Entretanto, ya hay quien sueña en Italia con reducir el número de playas 'de pago' aprovechando las nuevas normas.

El alcalde de la localidad de Bacoli (sur), Josi Gerardo Della Ragione, ha emprendido estos días una batalla personal contra estos chiringuitos después de que una vecina fuera expulsada de uno al grito de "escoria" por pretender usar el baño sin pagar ni consumir.

"Actualmente, de los 7 kilómetros de costa que tiene Bacoli, solo el 15 % es gratuita. Nosotros acabamos de aprobar que, con las nuevas normas, liberaremos hasta el 80 %", explica por teléfono a EFE el regidor de esta localidad a orillas del Golfo de Nápoles.

Por eso, ya ha escrito una carta a 180 empresarios locales para que vayan preparándose para el nuevo concurso público o directamente para que hagan las maletas.

"Aquellos que desde hace 40 años han usado estos bienes como si fueran propios deberán irse. La playa libre es un derecho y entra en nuestras políticas de liberación de zonas ocupadas por lógicas clientelares. Devolveremos el mar a los ciudadanos", promete.

El alcalde, de 39 años, es consciente de que este pulso ha creado un "clima de tensión" pero alega que forma parte de su trabajo. Por ello ha animado a sus colegas de otras ciudades italianas a que, en el futuro, dediquen más kilómetros a la arena gratuita. EFE

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