Agencias

Una artista mexicana retrata en Beirut los desplazamientos de la guerra en Líbano

Una artista mexicana retrata en Beirut los desplazamientos de la guerra en Líbano

Edgar Gutiérrez

Beirut, 15 sep (EFE).- Subida a una grúa en un aparcamiento de Beirut, protegida del calor por una sombrilla y con los botes de pintura y los pinceles a mano, la artista mexicana Paola Delfín pinta unas líneas, se aleja para revisarlas desde lejos y vuelve a acercarse a la fachada.

Así, poco a poco, ultima un mural de 26 metros al que ha llamado 'Nabad' ("latido", en árabe), en una ciudad cuyas calles conservan agujeros de bala de la guerra civil y destrucción de los bombardeos más recientes del Ejército israelí.

La obra, todavía inacabada, habla de pertenencia, de los desplazamientos y las formas de sanar tras la destrucción, en un país que desde marzo vuelve a contar sus muertos bajo los ataques de Israel.

Delfín, de 37 años, llegó a Líbano en marzo de 2025 con la idea de quedarse una o dos semanas.

Casi año y medio después sigue en el país, encadenando proyectos en el campo palestino de Beddawi, en Jounieh y ahora en Beirut, donde los restos de la guerra civil (1975-1990) conviven con edificios dañados por la ofensiva israelí que arrancó el 2 de marzo, después de que Hizbulá lanzara cohetes contra Israel en represalia por el asesinato del líder supremo iraní, Alí Jameneí, en un bombardeo israelí-estadounidense.

Renacer para sanar

En el contexto de unos ataques que han dejado, hasta el pasado domingo, 4.362 muertos y 12.378 heridos, según el Ministerio de Salud libanés, Delfín cuestiona el relato que convierte la resiliencia en la única respuesta posible.

"Creo que a veces, en países con estas dificultades e inestabilidades, incluyendo el mío, se romantiza mucho la resiliencia", explica a EFE la muralista, cuya obra parte de preguntarse "cómo se renace" y "a través de qué medios, como seres humanos, podemos sanar": no solo "ser resiliente", precisa, "sino sanar desde un núcleo más interno".

'Nabad', como casi toda su obra reciente, está pintado sin color: Delfín, que viene de un país "donde el color está por todos lados", se cansó hace años de pintar con tanta gama cromática.

Reconoce que eso generó al principio "un poco de pánico" entre quienes esperaban la paleta vistosa del arte mexicano, pero esas personas, dice, solían "cambiar de opinión" al ver el mural terminado: "no necesariamente todo tiene que ser hecho de una forma", defiende, "hay otras maneras de crear algo bello".

En el centro del mural, Delfín ha retratado a una artista libanesa que, mediante el arte, trabaja con menores desplazados. A su alrededor, ha pintado a niños de la Bekaa, el sur del Líbano y Beirut, los lugares más afectados por los ataques.

Naciones Unidas cifra en más de un millón los desplazados por la guerra; de ellos, 860.000 habían regresado hasta finales de agosto, aunque 360.000 seguían fuera de sus casas, según ACNUR.

Ninguno de los rostros, precisa la artista, es al azar: busca que cada uno "sea como un representante de la voz de otras personas de ese lugar".

"Obviamente, no puedo pintar a todo el mundo", resume.

Los murales, añade, tampoco son decoración, sino "un testimonio de un momento histórico" y un homenaje "a historias de personas que existieron y que existen".

El Sur pendiente

El sur del Líbano ocupa un lugar aparte en su relación con el país. Fue el primer territorio que pisó, semanas antes de que estallara la guerra actual, y su vínculo con la región es anterior incluso a su llegada: lo forjó en Benín, en África occidental, donde entabló amistad con libaneses procedentes en su mayoría del sur.

Es también la zona más castigada por la destrucción, aunque no existen cifras oficiales más recientes: el PNUD, basado en imágenes satelitales de abril, calcula más de 11.000 edificios destruidos y cerca de 18.000 viviendas afectadas, con daños directos por 1.380 millones de dólares.

La tregua vigente desde finales de junio, mediada por Estados Unidos, incluye el desarme de Hizbulá —rechazado de plano por el grupo chií— y no ha frenado los ataques israelíes en la zona.

En 2024, antes de instalarse en el Líbano, sus amigos del sur le pidieron que pintara un homenaje a una niña, a la que identifica como Jazmina, y que fue la primera víctima infantil de la actual escalada en la región, según relató la artista a EFE.

Con ayuda de dos periodistas, una española y otra libanesa, localizó a su padre, a quien conmovió la idea de un retrato que representara también a otros niños asesinados; la historia, admite la artista, también la marcó a ella.

Preparó un mural en Nabatieh previsto para marzo, pero la guerra lo hizo inviable, y ahora considera complicado retomarlo a corto plazo.

Para ella, cerrar ese círculo sobre la pertenencia que explora en 'Nabad' pasa también por el sur: "No puedo decir que estoy haciendo algo que pertenezca hasta que no pinte también algo en el sur de Líbano, que es una parte obviamente fundamental del país", afirma.

"Para mí, es como una promesa conmigo misma", concluyó. EFE

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