Santiago, Chile, 27 Mayo 2026 (AFP) -
Apoyada del bastón o la barra en su estudio de ballet en Santiago, Evelyn Cordero arquea un brazo y corrige la postura a sus alumnas, varias octogenarias. A sus 100 años, le brillan los ojos cuando dice: "Incluso en mis sueños, bailo".
En un Chile donde la depresión golpea especialmente a la vejez, la anciana bailarina dirige desde 1994 una escuela de ballet que acoge a estudiantes de entre cuatro y 80 años.
Tiene una descendencia de cinco hijos, 14 nietos y 19 bisnietos y fue hace poco incluida entre las 100 Líderes Mayores en Chile, de la Fundación Conecta Mayor, destacada por su labor en la danza por más de cuatro generaciones.
En un salón rodeado de espejos y cortinas moradas, cada martes por la mañana, durante hora y media, esta mujer de cabello blanco y ojos vivaces da clases a un grupo de diez personas de entre 50 y 80 años.
Pese a su avanzada edad, que la ha hecho más lenta, y sus problemas de audición, cuando la música suena muestra una energía poco común, incluso pese a que debió cambiar sus zapatillas de ballet por unas deportivas, más estables y cómodas.
"Estírense cuando bailen y muevan la cabeza", grita para mejorar cada postura. De cuando en cuando, tararea una melodía de música clásica y marca los tiempos con su bastón.
Con polainas negras o rosas y zapatillas oscuras, las bailarinas encadenan los movimientos frente a un gran espejo.
Algunas se apoyan brevemente en la barra antes de retomar los "demi-pliés", una de las posturas básicas del ballet, con las instrucciones de su profesora.
"Qué tortura", suspira una septuagenaria riendo ante las exigencias de la maestra.
Pese al esfuerzo, el baile es una terapia para estas mujeres en un país donde la tasa de depresión es de 6,7 por cada 100.000 habitantes. Una cifra superior al promedio mundial de 5,7, según el psiquiatra Roberto Sunkel.
"A mi edad, nunca me aburro. Puedo pasar toda una mañana sentada pensando en una nueva coreografía", confiesa Cordero, quien baila desde los cuatro años.
- Terapia contra la depresión -
La centenaria, quien da sus clases acompañada por dos de sus hijas, también bailarinas profesionales, conoce muy bien a sus alumnas.
"Muchas veces las he visto pasar por momentos difíciles en sus vidas y me gusta tener un contacto más afectuoso con ellas", afirma.
Chile está envejeciendo más rápido que la mayoría de los países de la región.
Según el Instituto Nacional de Estadísticas, se prevé que el país registre más muertes que nacimientos a partir de 2028, antes de que su población comience a disminuir a partir de 2036.
El aislamiento, la disminución de los ingresos y la muerte de seres queridos, entre otros factores, hace más difícil la vejez en Chile.
Pero el ballet es una segunda oportunidad para estas mujeres. El entusiasmo por sus clases refleja un vínculo casi familiar.
"Llevo 48 años viniendo aquí y no me pierdo ni una sola clase", confiesa Alejandra Cusacovich, de 74 años, vestida con una túnica negra.
"Es un respiro para mí, como una terapia (...) pasé por una depresión muy grave y fue gracias a mi profesora y a mis compañeras que logré salir adelante", agrega.
Para la más joven del grupo, Pilar Valenzuela, de 55 años, la clase es crucial para su salud mental: "Nos olvidamos de todos nuestros problemas", dice a la AFP.
Cordero ha pensado en dejar de enseñar, pero rápidamente desecha la idea. El baile la "llena por completo", dice.
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