Una gran retrospectiva de la obra de Winston Churchill revela su faceta más sensible
Judith Mora
Londres, 20 may (EFE).- Una gran retrospectiva de la obra pictórica de Winston Churchill (1874-1965) revela la faceta "más contemplativa y sensual" del ex primer ministro conservador británico, conocido sobre todo como uno de los grandes líderes políticos del siglo XX por su papel durante la Segunda Guerra Mundial.
'Winston Churchill: el pintor', presentada este miércoles a la prensa en la Wallace Collection de Londres, reúne por primera vez desde su muerte, a los 90 años, medio centenar de cuadros pintados a lo largo de cinco décadas que revelan su trayectoria tanto personal como política.
Churchill empezó a pintar en 1915, en uno de los momentos más difíciles de su vida, tras el fracaso de la campaña de los Dardanelos (1915-16) en la Primera Guerra Mundial, que provocó su salida como máximo responsable político de la Marina británica y una caída temporal en desgracia dentro del Gobierno.
"Murieron muchísimos militares y él se sintió profundamente culpable. Regresó a Inglaterra muy deprimido y alguien le sugirió que probara con la pintura. Según él mismo decía, fue una especie de musa que lo rescató", explicó a EFE Xavier Bray, director del museo londinense y cocomisario de la exposición.
De Roosevelt a Angelina Jolie
Tutelado por destacados artistas británicos de la época, como John Singer Sargent y Walter Sickert, Churchill debutó con retratos, se interesó por las naturalezas muertas y acabó centrándose en el paisaje, donde puede apreciarse su evolución técnica, que le permitió ser admitido en la Real Academia británica en 1948.
"Poco a poco fue ganando confianza: en la mezcla de colores, en la manera de 'atacar' el lienzo, como él decía. Le interesaba mucho la estrategia detrás de una pintura, la composición", señaló Bray.
Sus óleos recogen desde imágenes del frente en Bélgica durante la Primera Guerra Mundial hasta mansiones y jardines de sus amistades y de su amada residencia de Chartwell, en el condado inglés de Kent, así como recuerdos de sus vacaciones, solo o en familia, en paisajes de Italia, Francia y Marruecos.
Su pinturas funcionan casi como un diario visual. "Evidentemente era alguien privilegiado: se le abrían puertas por todas partes y viajaba como invitado de honor. Siempre llevaba el caballete consigo", apuntó el comisario.
Churchill, que firmó más de 600 lienzos -muchos de los cuales se conservan en la actual casa museo de Chartwell-, solía regalarlos a amigos y a líderes políticos, entre ellos los presidentes estadounidenses Franklin Roosevelt, Harry Truman y Dwight Eisenhower.
Precisamente, uno de los focos de la muestra es el óleo que regaló a Roosevelt en 1943, 'La torre de la mezquita Kutubía', el único que pintó durante la Segunda Guerra Mundial y en el que captura la ciudad ocre de Marrakech, el verde de su palmeral y las montañas nevadas del Atlas al fondo.
"Lo realizó después de la Conferencia de Casablanca con Roosevelt, cuando decidieron invadir el sur de Italia para combatir a los nazis. Churchill lo invitó a Marrakech porque quería enseñarle aquella puesta de sol. Después le regaló la pintura, como forma de 'poder blando' diplomático", explicó Bray.
Vendido por los descendientes del presidente a un coleccionista privado, el cuadro fue adquirido posteriormente por el actor Brad Pitt para su entonces esposa Angelina Jolie, quien lo subastó en 2021 por 8,28 millones de libras (9,56 millones de euros o 11 millones de dólares).
Creativo y sensible
Según el comisario, la exposición londinense, abierta al público del 23 de mayo al 29 de noviembre, permite apreciar la faceta más "sensible" del que fuera primer ministro del Reino Unido entre 1940 y 1945 y de 1951 a 1955.
"Creo que mucha gente lo recuerda solo como el 'bulldog' británico, pero en realidad era alguien contemplativo y muy sensual, que disfrutaba de los placeres de la vida: los habanos, la buena comida y también la pintura", afirmó Bray.
Ganador del Premio Nobel de Literatura en 1953 por su habilidad descriptiva y gran oratoria, Churchill era además una persona curiosa con las últimas tendencias.
"En pintura utilizaba técnicas nuevas, casi como si (ahora) trabajara con un iPad. Le gustaba saber lo que hacían otros artistas y dialogar con ellos. Probablemente hoy habría trabajado con gente como David Hockney", añade el director del museo.
Bray sostiene que probablemente se habría interesado por las redes sociales del siglo XXI y, en tono de broma, añade: "Sin duda, estaría en Instagram". EFE
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