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Una noche al raso tras escuchar al papa: "Esperamos dormir y si no le pedimos a la virgen"

Una noche al raso tras escuchar al papa:

Macarena Soto

Madrid, 7 jun (EFE).- Cae la noche y caen también las energías de Ignacio, un joven que, tras la emoción de ver a papa, tratará de conciliar el sueño en un patio de instituto convertido en campamento en Madrid: "Esperamos dormir y si no, le pedimos a la virgen".

Este gaditano es una de las trescientas personas que pasarán la primera noche de la visita de León XIV a España en el instituto público Jaime Vera, cerca de la plaza de Lima donde ha tenido lugar la vigilia, el primer gran baño de masas del pontífice en el país.

Entre esterillas, sacos de dormir, sillas de camping y mochilas, peregrinos de todas las edades pasarán la noche al raso, asumiendo la incomodidad del duro suelo de una pista de fútbol, pero con la convicción de que la incomodidad "vale la pena" por vivir de cerca una visita del papa a España.

"Jesucristo dormía sobre piedras", dice este joven, quien deja claro que tanto él como el resto de compañeros de El Puerto de Santa María (Cádiz) no están de viaje sino de "peregrinación".

Así, defiende que la comodidad es lo de menos: "Se me ha olvidado la esterilla, pero tengo mucha ilusión y un rosario, eso no puede faltar".

También Daniela asume que serán pocas las horas que podrán dormir esta madrugada, ya que a las 6.30 de la mañana emprenderán camino hacia la plaza de Cibeles para asistir a la misa con León XIV.

"Yo soy 'scout', tenemos experiencia en no dormir, ya a la vuelta dormiremos", cuenta a EFE esta joven quien asegura que nunca ha sentido "tanta paz" como la vivida en la vigilia y se encomienda a su buena capacidad para atrapar rápido el sueño.

Algo que también cree Isabel, una mujer mayor que encara su primera peregrinación para ver a un pontífice.

"Con un hueso roto voy a dormir aquí en lo duro, lo mismo me da", subraya al tiempo que reconoce que con el cansancio que acumula tras la primera jornada podría dormir "en un alambre": "Vamos a dormir poco, pero lo que sea lo vamos a dormir bien".

Quien sabe seguro que no dormirá esta noche son algunos de los voluntarios que han ayudado a coordinar los lugares de descanso para los llegados de fuera de Madrid.

Como el grupo de madrileñas que hacen guardia a las puertas de la parroquia San Germán de Constantinopla y que se toman con mucha responsabilidad la tarea que les ha sido encomendada.

"Esta noche no dormimos, tenemos que vigilar que no le pase nada a la gente que está descansando", dice Fátima mientras charla con el resto de sus compañeras, quienes esperan con ansia la misa del domingo.

Todas ellas, jóvenes de entre 20 y 25 años, esperan a que pase la noche sentadas en la escalinata de la parroquia mientras se cuentan cómo han vivido la jornada.

"Hoy ha sido inolvidable, uno de los mejores días de mi vida", declara.

Y preguntada sobre qué hará para combatir el cansancio y aguantar la segunda jornada con la energía necesaria, mira a su alrededor y saca una sonrisa para compartir su mejor arma: "Rezar". EFE

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