Una reacción química en la atmósfera aceleró la eliminación del metano hace 20.000 años
Redacción Ciencia, 17 sep (EFE).- Hace unos 20.000 años, durante la última glaciación, la combinación en la atmósfera de polvo en suspensión y sal marina aceleró la desaparición del metano, el segundo gas de efecto invernadero mas potente después del dióxido de carbono (CO2).
El hallazgo, realizado por un equipo internacional liderado por el Instituto de Química Física Blas Cabrera del CSIC, revela que la interacción entre el polvo mineral y los aerosoles de gas marina durante el Último Máximo Glacial generó una química de cloro capaz de destruir el metano más rápidamente acortando su vida media un 20 %.
El estudio explica que en este periodo, conocido como la última Edad de Hielo, las condiciones más frías y secas de nuestro planeta llevaron a un gran incremento de polvo mineral en la atmósfera.
Luego, fuertes vientos llevaron este polvo a través del planeta junto a grandes cantidades de sal marina de los océanos y cuando ambos se mezclaron, la reacción liberó cloro, un gas muy reactivo que destruye el metano.
Según sus cálculos, el cloro fue responsable de aproximadamente el 15 % de la pérdida global de metano en el pasado, cuatro veces más que ahora.
El equipo, formado por científicos de Argentina, Italia, Suiza y Estados Unidos, hizo el trabajo utilizando simulaciones climáticas de última generación y datos obtenidos de registros de hielo de la Antártida y Groenlandia que documentan la composición y las condiciones atmosféricas del pasado.
Sus hallazgos ayudan a comprender mejor el clima del pasado y sugiere que los cambios actuales en la cantidad de polvo atmosférico podrían influir en el calentamiento global futuro.
Asimismo, el estudio, publicado este jueves en la revista Science, resalta el papel fundamental -y hasta ahora ignorado-, de los sumideros atmosféricos en la regulación del clima durante periodos de alta carga de polvo.
Una hipótesis equivocada
Hasta ahora, los modelos que simulaban la historia de la atmósfera de nuestro planeta argumentaban que los niveles más bajos de metano en periodos fríos del pasado se debían a que al haber menos humedales y otras fuentes naturales, había menos emisiones naturales.
Además, los modelos de química atmosférica partían del supuesto de que, en las glaciaciones, el metano permanecía en la atmósfera el mismo tiempo que hoy en día pero el trabajo ha demostrado que esta hipótesis no se sostiene.
"Hemos demostrado que durante la última glaciación las enormes cantidades de polvo mineral reaccionaron con sal marina en la atmósfera. Al hacerlo liberaron cloro, un gas muy reactivo que destruye el metano. Este efecto fue cuatro veces más fuerte que en la actualidad y acortó la vida media del metano en la atmósfera. Este proceso no se había valorado de forma adecuada hasta ahora", dice Daphne Meidan, investigadora del IQF-CSIC y autora principal del estudio.
Registros de hielo
Gracias a las burbujas de aire atrapadas en el interior de los registros de hielo, se sabía que los niveles de metano eran considerablemente más bajos durante la última Edad de Hielo en comparación con la actualidad.
Hasta ahora, los científicos creían que "este descenso ocurría por cambios en la emisión de metano, cuando realmente lo que refleja es cuánto metano se destruía en la atmósfera, no cuánto de menos se estaba produciendo", comenta Meidan.
Los resultados del estudio "demuestran que las reacciones asociadas al cloro impactan significativamente la composición de nuestra atmósfera. Ahora, esta investigación cambia cómo entendemos la evolución del metano a lo largo de la historia climática del planeta", concluye la investigadora Meidan.
En esos momentos, los niveles globales de polvo están aumentando de nuevo, así que las mismas reacciones que amplificaron la eliminación del metano durante la Edad de Hielo podrían ser mucho más determinantes en el futuro de este gas de efecto invernadero y extenderse a otros gases en nuestra atmósfera.
Entender esta química y determinar la evolución de estos gases es clave para poder predecir el futuro del clima de nuestro planeta, concluyen los autores. EFE
ecg/icn