Uruguay amenazado con llegar en ruinas al Centenario precisa aprender la lección para 2030
María José Rey
Redacción Deportes, 30 jun (EFE).- Una imagen del excapitán de Uruguay Diego Godín, captado por la transmisión oficial del Mundial 2026 en la tribuna del estadio en Miami tras el empate 2-2 de la Celeste contra Cabo Verde, sintetizó el colapso antes de que terminaran eliminados con la derrota por 0-1 ante España.
Con un gesto de negación con la cabeza y semblante desanimado, el exdefensor se mordía una de sus manos en forma horizontal, en una clara referencia a la expresión del "cuchillo entre los dientes".
Uruguay jugaba sin competitividad, sin la 'garra charrúa' característica de la cual la generación de Godín fue quizá la última representante, bajo el ya lejano proceso de Óscar Washington Tabárez, que devolvió la figuración internacional al país con las semifinales en Sudáfrica 2010, octavos en Brasil 2014 y cuartos en Rusia 2018.
El fracaso deportivo adquiere otra dimensión mirando al futuro. En cuatro años, para la Copa del Mundo 2030, Uruguay celebrará el centenario como primer campeón del mundo y necesita reconstruirse para no llegar en ruinas, luego de dos eliminaciones consecutivas en fase de grupos: Catar 2022 y Norteamérica 2026.
La Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) debe elegir un entrenador, luego de que la apuesta por el argentino Marcelo Bielsa terminara de derrumbarlos, y precisa un nuevo proyecto deportivo que recomponga un vestuario fracturado y encuentre una idea de juego para una generación de futbolistas cuyo talento no se ha traducido en rendimiento colectivo.
En la conferencia tras perder ante España, Bielsa resumió: "Ningún aporte o contribución de un entrenador queda si no se consiguen resultados".
Lo sucedido con Uruguay en el torneo de Estados Unidos, México y Canadá es un espejo del fracaso que tuvieron en Corea-Japón 2002, del cual no pudieron recuperarse para el siguiente Mundial de Alemania 2006, al cual no clasificaron.
Ese horizonte no existe para el Mundial 2030, porque, al igual que los organizadores, España, Portugal y Marruecos, y los otros dos países sudamericanos que albergarán los encuentros inaugurales de sus respectivas selecciones, Argentina y Paraguay, Uruguay estará presente en 'su' Centenario. La cuestión será cómo llega a la cita.
La responsabilidad mayor cae sobre los jugadores. Esa nueva camada de referentes que quedó expuesta tras la partida de Luis Suárez, quien con sus denuncias públicas contra los métodos presuntamente empleados por Bielsa desencadenó la ruptura en un ciclo que comenzó en 2023 con una auténtica revolución futbolística.
Entre rumores de conflictos internos y disconformidad del plantel, con versiones que evolucionaron en dramatismo, y que muchas fueron desmentidas por la propia AUF, la Celeste se desdibujó.
Son esos futbolistas, que militan en algunos de los clubes más importantes del mundo, quienes se resistieron a que Uruguay dejara de basar su fútbol sólo en esa 'garra charrúa' –que ellos no mostraron– para amoldarse a la exigencia e intensidad de un fútbol moderno del que Bielsa es uno de sus promotores.
La cara más visible de la debacle fue el volante del Real Madrid Federico Valverde, señalado por no saber liderar como capitán a la Celeste, tanto en lo anímico como en lo futbolístico porque se marchó sin goles ni asistencias.
La imagen que dejó Uruguay en el Mundial también dañó la cotización de sus futbolistas, que deberán restablecer su jerarquía y comprometerse con el rescate de un fútbol admirado por su valentía, con historias memorables como el maracanazo de 1950.
"Si me pregunta cómo será recordado mi paso, será recordado como un paso que no dejó nada", añadió Bielsa.
Quizá no. Si bien Uruguay se enfrenta a una tarea titánica, el fracaso puede ser su mayor aprendizaje, pues el técnico argentino vino a demostrar que la mística uruguaya necesita evolucionar para volver a ser protagonista. EFE
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