DS 5701: refinaremos petróleo... lástima que no podamos refinar dólares

El DS 5701 tiene una lógica razonable: si las refinerías bolivianas tienen capacidad ociosa, importemos crudo y pongámoslas a trabajar. Hasta ahí, aplausos. El pequeño detalle es que el petróleo también se paga en dólares, justamente el animal en peligro de extinción de nuestra economía. El decreto puede aumentar marginalmente la oferta, pero no resuelve el verdadero cuello de botella: las divisas. Tampoco nos protege de la volatilidad internacional del petróleo y del dólar; y, para completar el menú, agrega otro precio de combustibles a un mercado que ya empieza a parecer carta de restaurante: precio subvencionado, precio para grandes consumidores y ahora derivados producidos con crudo importado.

Donde aparecen varios precios para el mismo combustible, aparece inmediatamente el deporte nacional del arbitraje: comprar barato aquí y vender caro allá. Además, todavía falta demostrar públicamente que importar crudo, refinarlo en plantas relativamente pequeñas y distribuir sus derivados resulte significativamente más barato que importar directamente gasolina o diésel terminado. En síntesis: el DS 5701 puede poner a trabajar refinerías ociosas, pero no fabrica dólares, no domestica la volatilidad y, sobre todo, no hace aparecer petróleo boliviano debajo de la alfombra.

Es una curita técnicamente interesante para un paciente que necesita cirugía estructural: precios que equilibren costos e impactos sociales, volver a explorar, invertir y producir hidrocarburos líquidos.

El Gobierno se está convirtiendo en una máquina de producir decretos para apagar incendios, pero seguimos sin ver el plano de la casa. Y hay que reconocer la urgencia: necesitamos combustible hoy, terminar con las filas, permitir que el agro saque su cosecha y evitar que la economía se detenga mañana. Si el DS 5701 ayuda a ganar tiempo, bienvenido sea. Pero ganar tiempo no es lo mismo que ganar el futuro. Cada decreto resuelve un pedacito de la coyuntura mientras permanecen intactas las preguntas grandes: ¿de dónde vendrán los dólares?, ¿cómo recuperaremos la producción de petróleo y gas?, ¿qué haremos con las subvenciones?, ¿cómo atraeremos inversión?, ¿qué matriz energética queremos dentro de diez o veinte años? Hemos entrado en la dictadura del corto plazo: gobernar mirando la fila de mañana y olvidando el país de la próxima década.

Bolivia necesita dejar de administrar emergencias y construir un gran pacto energético nacional, con reglas estables, inversión, exploración, producción, transición energética y protección social. Porque los decretos pueden apagar incendios; lo que no pueden hacer es construir una política energética. Y un país que vive apagando incendios termina olvidando cómo se construye una casa.