El tiempo se acaba

Publicación: Hace 1 hora
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Hoy (escribo el viernes) Bolivia amaneció con 76 puntos de bloqueo. ¿Es la confirmación de que no se dialoga con los bloqueadores? ¡No!: Es la constatación de que —para los que guían los bloqueadores— no interesa el diálogo. ¡Y acaso cómo sería que los bloqueadores quisieran diálogo si dejarían de cobrar por bloquear (¿300 bolivianos/día? ¿500?) y deberían trabajar con el salario mínimo (eso si fueran asalariados, que más del 70 % no lo son) por el que recibirían por día 127 bolivianos (Bs3.300/mes de lunes a sábado considerando meses de 30 días); ¡bien tontos tendrían que ser! ¿Les interesa de dónde sale ese dinero para bloquear? Niechi.

Seamos certeros: Del 8 de abril —cuando miembros de la Federación de Trabajadores Campesinos de Pando e indígenas de esa región salieron en marcha a La Paz desde Porvenir para protestar contra la Ley 1720 de reconversión voluntaria [sic] de tierras— a hoy las consignas han variado sustancialmente: ni propiedad de la tierra, ni combustibles, ni más recursos para las regiones, ni facilidades a la minería cooperativa (no importa cuán legal o no)... nada de eso porque la consigna, ahora que están en La Paz, es de sí o sí tumbar al Presidente. A como dé lugar. No importa que más de 3,5 millones de bolivianos le dieran la victoria democráticamente en segunda vuelta el 19 de octubre pasado porque a los que mueven esas fichas (porque eso son los movilizados, bloqueadores y marchistas, sólo fichas para quienes les instruyen y les pagan) lo único que les interesa es recuperar su Poder o... poder seguir exportando su cocaína.

Para los que les pagan (guita es Poder) el que Paz haya ganado en segunda vuelta con el 54,96 % de los casi 6,5 millones de electores que votaron válido en segunda vuelta el 19 de octubre pasado no tiene ninguna importancia porque a ellos sólo les conviene mantener (o fortalecer) su status quo. Tampoco que el 17 de agosto el 86,65 % de los más de 5,3 votantes en primera vuelta dijeran NO al espectro variopinto del continuismo del dicenio (y conste que yo no he votado por Paz).

Pero también seamos justos: El Gobierno Paz ha sido lento (¡lentísimo!) en tomar decisiones impostergables: la 1720 venía “caminando” desde agosto del 2023 pero fue tratada en la Asamblea, aprobada y promulgada por el Gobierno sin previa explicación ni debates con las organizaciones de involucrados —campesinos propietarios— ni al país, como pasó con el Decreto Supremo 5503, el primero de muchos.

(El DS 5503 fue “escuela” para una COB que venía muy debilitada de sus décadas de sometimiento prebendalista al gobierno masista y que “aprendió” del Gobierno en enero pasado cuál “letra” tenía que tocar para que el Gobierno “bailara a su ritmo”... aunque fuera con dos pies no diestros).

Un Ejecutivo lento, sin prevención de crisis (ni las propias ni las ajenas), timorato, indeciso, agarrado (no digo en qué) por compromisos, con un vicepresidente tronándole el suelo, con éxitos en el exterior pero no capaz (prefiero no decir incapaz) de unir a todo el arco opositor, con un equipo para gobernar de muchos préstamos y no todos los más aptos para ejercer venturoso el Poder, enfocado en narrativas machaconas... Sí, son totalmente ciertos. Pero Paz fue el Presidente (y su vice, claro) que Bolivia eligió. Y ser elegido en democracia no es patente de corso pero sí es expresión de la voluntad de la mayoría de la ciudadanía (y si vamos a los votos por los no-MAS en agosto, tenemos que decir que era la inmensa mayoría la quería un fin de época). Y claro que hay que respetar a todos que lo eligieron y a los que no votaron por él pero sí para un cambio real y encontrar soluciones.

Que hoy la Iglesia Católica, una institución tradicionalmente muy aceptada en valoración por la población boliviana, a través de su Obispo de El Alto y secretario general de la Conferencia Episcopal, Monseñor Arana, haya tomado el protagonismo de uno de los dos grupos de diálogo (en la Vicepresidencia, en realidad el más directo) crea un mayor acercamiento a soluciones reales; recordemos que en noviembre de 2019 fue la facilitación de la Iglesia Católica al diálogo entre el masismo, opositores y sociedad civil lo que frenó una guerra civil que tocada las puertas de La Paz.

El Gobierno Paz tiene ahora en sus manos las herramientas para solucionar esta crisis antes de que genere más incertidumbre y malestar a la población: La mayoría del país —sobre todo la población que está con crecientes carestías por los bloqueos— quiere que acaben y no apoyan (repudian) los bloqueos y sus consignas; la comunidad internacional (con pocas zurdas excepciones) apoya la legitimidad del Gobierno Paz; el evismo está arrinconado en el Chapare (y el apagón del otro día demostró su miedo y desconcierto); la vocación democrática se manifiesta en el país; la Asamblea Legislativa es casi totalmente no-masista (aunque ninguna de sus tendencias tiene capacidad mayoritaria por sí sola); el corsé de la 1374 no existe...

Para el Gobierno hoy es irremediable actuar. Y esa es una sentencia afirmativa que abarca todo el panorama nacional. Por ello coincido con la senadora Crispín que no era posible que, en esta verdadera crisis, hubiera dos vías diversas (¿excluyentes?) de intentar dialogar; por ello celebro incluso más el que la Iglesia Católica adquiera protagonismo en guiar el diálogo; coincido también con la senadora Yarhui cuando reclama que en el diálogo tiene que participar quienes tienen liderazgo de todos los sectores sociales en conflicto (el evismo y el narcopoder del Chapare excluidos porque no buscan otras soluciones más que las de recuperar su Poder perdido). Y coincido también, y mucho, con Dunn en que realmente es el momento de fijar —no sólo marcarlo o decirlo— el rumbo del país por las próximas décadas.

Porque el tiempo para Bolivia se acaba.

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