El autotune también puede ser rock en manos de The Strokes

Publicación: 20/10/2026 20:24
$output.data
$output.data

Guillermo Cabellos

Barcelona (España), 20 oct (EFE).- ¿Quién nos iba a decir, tras años señalando al autotune como el gran mal de nuestro tiempo, que este iba a sonar vigoroso en una buena banda de rock? En manos de The Strokes, uno de los mejores grupos de lo que va de siglo, la electrificación de la voz juega como un elemento más entre guitarras, bajo y batería, como quedó evidenciado este martes en el Palau Sant Jordi de Barcelona.

Y así arrancó la cosa en la única parada en España de la gira europea de los neoyorquinos, con Julian Casablancas ensayando extrañas texturas artificiales en 'Tyrants of the Mellow Moon', entrada cautelosa interrumpida por los hachazos de guitarra de 'Reptilia', resorte que hizo saltar al pabellón.

En un escenario oscuro, invadido por el neón y el humo, reminiscencia de las salas que conocieron su estreno, 'Hard to Explain' se alzó como primera aproximación a 'Is this it?', un álbum que sirvió de flotador de un género, el rock, que en 2001 parecía carecer del nervio que lo había convertido en dominador de festivales y radios durante décadas.

Así, refugiado tras unas gafas de sol, Casablancas siguió apostando por una apertura que recogiera tanto lo nuevo como lo viejo, por lo que 'Dine N'Dash', quizá uno de los temas del reciente 'Reality Awaits' en los que más se reconoce a The Strokes, dejó paso a 'Soma', otro de los petardazos de su debut, antes de volver a encender el autotune –toca acordarse del día en que los Daft Punk le enseñaron el juguetito al cantante– en 'Lonely in the Future'.

Esta lista en cremallera, como si se quisiera contentar a los fans de toda la vida y a los recién llegados –pocos habría este martes en Montjuïc que no conocieran a los neoyorquinos de antes de este último álbum, lanzado el pasado mes de julio–, supo a una receta extraña pero reconocible, porque 25 años después de sus primeras canciones, todo este alboroto es familiar.

Apoyado en esa voz cascada con la que todos los guiris de Barcelona te interrumpen a partir de ciertas horas de la noche, el cantante agradeció al público su presencia para seguir castigándola con los gritos descontrolados de 'Juicebox', guiño al 'First Impressions of Earth' de 2006, para justo después precipitarse al vacío con 'The Adults Are Talking', piedra angular del 'The New Abnormal' de 2020, demostración de elasticidad creativa a dos décadas de su debut.

Con 'Automatic Stop', Casablancas, quien debe el apellido a un bisabuelo de Sabadell que hizo fortuna con el textil, bajó pulsaciones, postura que sirvió de muy poquito ante las arremetidas de 'Heart in a Cage' y 'One Way Trigger', única referencia a 'Comedown Machine'.

Los 18.000 fieles que llenaban el Sant Jordi volvieron a revolverse con la soflama vitalista de 'You Only Live Once', nueva muesca en su tercer álbum, todo embebido de una estética, en lo visual, lo lumínico y lo sonoro, totalmente influenciada por los primeros años del siglo, embrujo interrumpido de nuevo por las texturas plasticosas de 'Going Shopping', pieza con la que mostraron en abril por dónde irían los tiros de su último trabajo.

"Make some fucking noise", pidió el bajista ​​Nikolai Fraiture, en una reclamación que sonó hasta tierna en alguien que se adentra irremediablemente en la cincuentena, pero que quedó totalmente justificada para cimentar 'Someday', otra de las pedradas de 'Is this it?', en un estado que se sostuvo hasta el riff final de ​​'Going to Babble On'.

La locura llegó a Barcelona con los primeros acordes de 'Take it or live it', garage de primera categoría, y 'Last Nite', éxito incontestable con el que los neoyorquinos se presentaron al mundo en 2001, momento en el que su despreocupación, tan juvenil como burguesa, ayudó a su ciudad, desconsolada después del 11-S, a sacudirse los reparos.

Tras desaparecer unos instantes del escenario, Casablancas y los suyos retomaron el asunto donde lo habían dejado, el baúl de los grandes himnos rock del siglo XXI, para rematar la jugada con una de las pocas salidas eminentemente punks de su carrera, 'New York City Cops', canción retirada tras los atentados, y 'Threat of Joy', única aparición del EP 'Future Present Past'.

En el cierre, The Strokes optaron, como no podría ser de otro modo, por 'Ode to the Mets', una de las composiciones más complejas, bonitas y redondas de toda su discografía, para finalmente abandonar el Palau Sant Jordi entre vítores y 'Selfless', grito desesperado de amor que convirtió 'The New Abnormal' en uno de los trabajos más incontestables de la década. EFE

1012172

gcm/plv

Recibe las noticias de último momento en tu email

* indica que es obligatorio
VIDEOS RECOMENDADOS