Andrés Jiménez, la leyenda del baloncesto español que dibuja cómics
Xavier Serrano
Barcelona (España), 19 abr (EFE).- Cuando era un niño, mucho antes de soñar siquiera con convertirse en una leyenda del baloncesto español y del Barcelona, Andrés Jiménez (Carmona, 1962) pasaba horas ojeando los tebeos del quiosco de su abuelo, con la condición de no abrirlos demasiado para que parecieran nuevos y venderlos sin problemas.
Una pasión infantil cultivada con los años que ha cristalizado en 'Mi loca historia del básquet' (Ediciones Valnera), con prólogo de Pau Gasol, un cómic escrito, ideado y dibujado por el exjugador sevillano.
"Sólo soy un aficionado, lo hago por ilusión. Siempre me ha gustado hacer dibujos que tuvieran un tono simpático y gracioso. Respeto e idolatro el mundo del cómic, para mí no es un arte menor", explica Jiménez en una entrevista con EFE en el comedor de su casa en Badalona (noreste de España).
La obra, en realidad, se divide en tres partes: un primer relato autobiográfico sobre sus inicios y etapa como jugador, una historia de la humanidad con el baloncesto como eje, y el diario ilustrado que hizo durante los Juegos Olímpicos de 1984, en los que España obtuvo una plata que supo a oro contra los Estados Unidos de Michael Jordan, hito fundacional de todos los éxitos posteriores de la selección.
De las casas blancas de Carmona a la Badalona industrial
Sin embargo, el camino de Jiménez hasta la élite no fue fácil. En Carmona, pueblo de casas blancas de Sevilla (sur), el baloncesto era casi desconocido. No empezó a jugar hasta los 13 años, por iniciativa de unos chicos mayores que acudieron a su colegio para armar un equipo: "Yo ya medía 1,97 y, en cuanto me levanté, se fijaron en mí. No estaba convencido, pero mis amigos sí y empecé con mucha ilusión".
Llegó entonces 'Operación Altura', una campaña para captar talento. "Escribí sin avisar a mis padres, no pensaba que me fueran a responder, pero me seleccionaron e hice las pruebas en Cáceres. Tenía clara la parte de luchar y jugar en equipo, pero técnicamente no sabía nada. No teníamos entrenador. Las zapatillas no me cabían, no encontraban calzado de mi número", rememora.
Y su perfil pasó inadvertido: "No me llamaron. Pasaron dos años y asumí que mi vida no iba a ir por ahí. En el informe pusieron que era muy voluntarioso, pero que no tenía ni idea de baloncesto". Un veredicto que le habría condenado de no ser por que su ficha cayó en manos del Cotonificio de Badalona, entrenado por Aíto García Reneses.
"Vinieron a verme a Carmona y con 15 años ya medía 2,02. Seguía jugando igual de mal, pero no buscaban un jugador hecho. Tenía buenas condiciones físicas, era rápido y coordinado, pero nadie me había enseñado. En cuanto llegué a Badalona, fui como un cohete", asegura.
Despegue deportivo y artístico
En Cataluña despegó también su vertiente artística. Descontento con las opciones para continuar con la formación profesional en electrónica y electricidad, se inclinó por los estudios de artes aplicadas. "Entré en publicidad y diseño y vi que se me daba bien", admite. Antes, ya había publicado un par de fanzines con un amigo.
También irrumpió su faceta de caricaturista durante las largas concentraciones de la selección española en el Mundial de Colombia 1982 y en Los Ángeles 1984. Unos dibujos que entusiasmaron al equipo y publicó la revista Nuevo Basket. Fue en esta época cuando Fernando Martín le bautizó como Jimix por su afición por Astérix y Obélix, y Jiménez le devolvió el apodo de Conan.
Durante sus años en el Cotonificio (1978-1983) y el Joventut (1983-1986), Jiménez realizó "pequeños trabajos y carteles", una labor que mantuvo hasta su salto al Barça (1986-1998).
"La presión ya era otra, más partidos y viajes. Durante dos años hice una tira semanal en el suplemento deportivo de El Periódico de Catalunya. Tenía que viajar, dibujarlo como podía y llevarlo a la redacción en mano. Llegó un momento que no pude más", lamenta.
Superación personal
En su libro, Jiménez evita la épica y opta por un relato cercano, dirigido especialmente a los jóvenes. "No quería encumbrar nada, sino explicar que esto va de trabajar y superar situaciones", subraya.
No obstante, reconoce la dificultad de "encontrar el tono" para abordar los episodios más duros, como la soledad inicial al llegar con 15 años a una Badalona "dura e industrial" y, sobre todo, la muerte de su padre, que le hizo "madurar de golpe" con 17 años.
"Al principio me costeaban los estudios, comida y alojamiento, pero no ganaba nada. Con 17 años tuve que negociar y exigir cobrar, aprender a decir que hacía un trabajo tan bueno o mejor que el de otro que cobraba tanto. Eso no me lo enseña nadie, la vida. Mi familia tenía que venir, ¿y de qué iba a vivir? Fue un paso muy grande", expone.
Éxitos deportivos y una afición redescubierta
Jiménez no sólo salió adelante, sino que impulsó el 'boom' del baloncesto español y azulgrana a partir de los ochenta. De sus éxitos con la selección, además de la plata europea del 83 y olímpica del 84, destaca su participación en Barcelona '92: "Venía de un año y medio lesionado y volví a ser un jugador de baloncesto".
Y a nivel de clubes, pese a la espinita de no haber podido atender a la llamada de los Atlanta Hawks para disputar un campus de verano por una huelga de jugadores en la NBA, sobresalen los 18 títulos que ganó en 12 cursos en el Palau Blaugrana. "Mi ilusión final era retirarme en el Barça y me enorgullece que me colgaran la camiseta", afirma.
Alejado del baloncesto profesional, Jiménez ha redescubierto su afición por el dibujo y publica uno cada mes en la revista Gigantes. "Me da un estado de humor que me gusta mucho. Quiero que siga siendo un placer", afirma.
Ibáñez, Vázquez, 'Raf', 'Hergé' y Franquin figuran entre sus referentes. También Josep Solana 'Joso', a quien acudió tras la pandemia cuando decidió crear un cómic propio. "Estuvo encantado de ayudarme. Conocí a un par de dibujantes más, me animaron y ahí me vine arriba, pero siempre con mucho respeto", cuenta.
Con 'Mi loca historia del básquet', concluye, puede tender puentes entre los dos mundos que han marcado su vida. "Si ayuda a que aficionados al baloncesto se acerquen al cómic, estaré encantado", sentencia. EFE
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