Cien años del Variedades: un recorrido por la historia del espectáculo popular lisboeta
Manuel Fuentes
Lisboa, 25 oct (EFE).- La revista parisina lo inspiró, la electricidad lo transformó y la censura lo marcó. Es el Teatro Variedades de Lisboa, que estos días celebra sus cien años de historia con una muestra que recorre la trayectoria de la popular sala lisboeta desde su inauguración hasta su reapertura en 2024 y que recupera tanto a sus estrellas como a quienes trabajaron entre bastidores.
En el Teatro Variedades, la historia del espectáculo popular no se cuenta solo a través de sus grandes nombres. También pasa por las luces que convierten la noche en día, los cuerpos sobre el escenario, los límites impuestos por la censura y quienes sostienen cada función fuera del foco.
Un siglo después de su inauguración, el teatro del Parque Mayer de Lisboa vuelve sobre esas transformaciones en una muestra que conecta su memoria con preguntas más amplias sobre cómo se produce y se mira un espectáculo.
La exposición "Um lugar chamado Variedades", coproducida por el Teatro Variedades y el Museo de Lisboa, reúne fotografías, programas y objetos y permanecerá abierta hasta agosto del año que viene. Los comisarios José Daniel Ferreira y Mário Nascimento conducen la visita.
Durante el recorrido, los guías invitan a los visitantes a ocupar el lugar de los actores ante el público de una función de 1938. En la fotografía, explican, se distingue a "señoras, jóvenes, caballeros". La imagen permite reconstruir quién acudía al teatro y cómo era la sala antes de las reformas posteriores. También muestra cómo una instantánea escénica puede convertirse en un documento social.
La construcción del Variedades comenzó en 1924, según el proyecto de José Urbano de Castro. Inaugurado dos años después con la revista "Pó de Arroz", el teatro incorporó pronto la exuberancia de decorados y figurines y la influencia de la revista parisiense.
En ese cruce entre modelos internacionales y cultura urbana portuguesa se consolidó un espacio de entretenimiento popular, con artistas como Beatriz Costa y Vasco Santana.
Entre las imágenes de la época figuran atracciones de fenómenos: "la mujer transparente, la mujer sirena o la cabra de dos cabezas", enumeran los guías, que las describen como una especie de "freak show", expresión de una cultura del espectáculo atraída por lo insólito.
Otra imagen muestra a una artista que baila casi desnuda, pintada de plateado. El guía pide situarla en la posguerra y en el contexto de la llegada de la electricidad: "La electricidad consiguió traer el día a la noche". La luz, añade, debía de hacer espectacular el efecto de aquella figura.
Entre la risa y la censura
El escenario también registra las tensiones políticas de su tiempo. Durante el Periodo Revolucionario en Curso (PREC), posterior a la Revolución de los Claveles de 1974, "O Pá, Pega na Vassoura" ("¡Oye, agarra la escoba!") recuperó la crítica directa a la actualidad y al antiguo régimen.
Poco antes, la censura había impuesto cortes a "Arre Burro!", con Beatriz Costa y un burro real llamado Manjerico. Según los comisarios de la muestra, el animal a veces sufría "desarreglos intestinales" en escena y, para limpiar, entraba "el chico del cubo y la escoba". La anécdota desplaza la atención hacia el trabajo de quien hacía posible que la función continuara.
Por el Variedades pasaron también Amália Rodrigues, Maria Matos, Laura Alves, Raul Solnado y José Viana. En 1969, Anita Guerreiro estrenó "Cheira a Lisboa" ("Huele a Lisboa"), una canción que quedó indisolublemente asociada a la ciudad. Las revistas convivían con comedias, operetas y aproximaciones menos frecuentes al teatro contemporáneo.
En 1966, un incendio destruyó parte de las instalaciones y la maquinaria, pero la sala se recuperó y consiguió abrir sus puertas al año siguiente. Tras décadas sin actividad regular, una rehabilitación iniciada en 2020 adaptó el edificio a las necesidades de la producción escénica actual.
Desde su reapertura, el 5 de octubre de 2024, el Variedades combina memoria y creación contemporánea, como muestran las reinterpretaciones de Cláudia Pascoal, que recupera canciones asociadas al teatro desde una sensibilidad actual.
"Um lugar chamado Variedades" parte de una historia lisboeta, pero su recorrido reúne asuntos que exceden una sola ciudad: la circulación de modelos escénicos, la tecnología como parte de la puesta en escena, la regulación de lo que podía o no decirse y el trabajo invisible detrás de cada función. Cien años después de "Pó de Arroz", el Variedades conserva esas huellas al tiempo que se abre a otras voces. EFE
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