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Claves del Nobel a Navi Pillay, premio a un derecho internacional asediado por Trump

Claves del Nobel a Navi Pillay, premio a un derecho internacional asediado por Trump

Imane Rachidi

La Haya, 9 oct (EFE).- Hace dos décadas, Navi Pillay ayudaba a poner en marcha una Corte Penal Internacional (CPI) que aspiraba a juzgar crímenes graves sin importar quién los hubiera cometido. Hoy, el Nobel de la Paz reconoce, a través de la jurista sudafricana, un sistema de derecho internacional cada vez más cuestionado, sancionado, y desafiado por grandes potencias.

"Este Nobel es una respuesta contundente a Donald Trump y a su visión del mundo", señala a EFE el abogado estadounidense de derechos humanos Reed Brody, que considera el galardón a Pillay como "una elección acertada y sobre todo muy oportuna".

Para este exfiscal, el presidente estadounidense, que había reclamado el Nobel de la Paz para sí mismo, "quiere un mundo en el que los poderosos pueden hacer lo que les dé la gana, sin jueces independientes, sino rendir cuentas y sin consecuencias" y Pillay "representa exactamente lo contrario".

Más allá de una carrera

Cuando Pillay llegó a La Haya en 2003, la CPI apenas empezaba a funcionar; ella formó parte de una primera generación de magistrados que intentaba convertir en una institución permanente una idea ambiciosa: que genocidio, crímenes de guerra y de lesa humanidad no quedaran impunes porque quienes los cometieran fueran demasiado poderosos.

Veinte años después, el panorama es distinto: jueces y fiscales de la CPI están sancionados por Estados Unidos, incluida Tomoko Akane, presidenta del tribunal.

Akane consideró que el Nobel es "un importante reconocimiento del papel vital que desempeña la justicia internacional como piedra angular de una paz duradera".

El Comité Noruego del Nobel, que presentó a Pillay como representante de un sistema que considera "necesario" proteger, también denunció que "el derecho internacional está bajo una enorme presión y sus instituciones están siendo atacadas".

'Mandela' en Ruanda

Antes de La Haya estuvo Arusha: Pillay llegó en 1995 a Tanzania para ejercer como jueza del Tribunal Penal Internacional para Ruanda cuando Sudáfrica acababa de dejar atrás el apartheid y Nelson Mandela llevaba menos de un año en la presidencia.

"Los niños de las calles polvorientas de Arusha me llamaban 'Mandela'", recordó después.

La anécdota resume el punto de partida de su carrera internacional: una mujer que había crecido bajo un sistema en el que la discriminación estaba escrita en la ley llegaba a uno de los primeros tribunales creados para reconstruir, precisamente con la ley, una sociedad devastada por un genocidio.

Hoy ve cómo Estados Unidos convierte el desmontaje de políticas de diversidad e inclusión y las restricciones de derechos a minorías y migrantes en una prioridad de su agenda interna.

"Es un reconocimiento a una mujer que ha dedicado casi 60 años de su vida a defender una idea fundamental: que nadie, por muy poderoso que sea, está por encima de ley, y llega en un momento en que Trump está atacando precisamente ese principio, tan dentro como fuera de Estados Unidos", añade Brody.

Violencia sexual

En Arusha, Pillay participó en uno de los casos que cambiaron la forma en que el derecho internacional entendía la violencia sexual.

En 1998, el tribunal condenó al antiguo alcalde ruandés Jean-Paul Akayesu y estableció por primera vez que la violación y otras formas de violencia sexual podían constituir genocidio cuando fueran utilizadas con la intención de destruir a un grupo.

Pillay fue después presidenta de ese tribunal de Ruanda y, más tarde, dio el salto a la CPI, en La Haya, y a la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, en Ginebra.

Palestina

Entre 2021 y 2025, Pillay presidió la comisión independiente de Naciones Unidas sobre Israel y los territorios palestinos ocupados, que concluyó que Israel había cometido genocidio en Gaza, algo que el Gobierno israelí rechazó.

"Las atrocidades cometidas por una parte no justifican las cometidas por la otra", resumió Pillay.

La Corte Internacional de Justicia (CIJ) aún no se ha pronunciado sobre las acusaciones de genocidio contra Israel, pero la CPI ha emitido una orden de arresto contra el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu por, entre otros, usar el hambre como arma de guerra en Gaza.

Precisamente las investigaciones de Palestina y Afganistán son el argumento de Trump para sancionar a jueces y fiscales de la CPI.

Un sistema imperfecto

El Comité Nobel subrayó hoy que "el orden internacional basado en normas nunca ha sido perfecto", y lamentó que "las grandes potencias han eludido con frecuencia sus responsabilidades" porque las decisiones de los tribunales internacionales han tenido "resultados diferentes dependiendo de quién fuera el perpetrador y quién la víctima".

Pero señaló que, dado este panorama, "los jueces, aquellos que guardan la delgada línea roja entre el orden y el caos, merecen nuestro reconocimiento", porque "hoy, cuando esos mismos jueces son sancionados y sus instituciones están bajo ataque, necesitamos personas con coraje, visión y determinación", como Pillay. EFE

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