Desinformación e inmigración, un cóctel de guerra híbrida y presión política
Jorge Ocaña
Madrid, 19 sep (EFE).- Los flujos migratorios se han convertido en los últimos años en un elemento recurrente en escenarios de presión política y conflictos híbridos, donde la circulación de desinformación se erige como una pieza fundamental para instrumentalizar las necesidades vitales de los migrantes, influir en la opinión pública y condicionar la respuesta de los gobiernos ante las crisis migratorias.
El Parlamento Europeo aprobó este miércoles una resolución en la que lamenta el "uso de los flujos migratorios como instrumento de guerra híbrida dirigido contra la estabilidad" de los Estados miembros, al tiempo que condenó el "ataque" a la frontera meridional de la Unión en Ceuta.
En crisis migratorias anteriores a las que vive la ciudad autónoma se ha repetido un mismo patrón: bulos y falsas promesas en redes sociales incitan a inmigrantes a cruzar una frontera, al tiempo que un país instrumentaliza ese flujo para presionar o atacar a un Estado de la UE.
Además, una vez que han ocurrido los intentos de entrada, se desata una ola de desinformación sobre los extranjeros que han logrado acceder.
Instrumentalización de la migración
Félix Arteaga, investigador principal para Seguridad y Defensa del Real Instituto Elcano, señala que hay que hacer una distinción entre ataque híbrido (situación en la que se utiliza a los inmigrantes para desestabilizar a un país o institución sin llegar a una guerra declarada) o una medida de presión (en la que un Estado utiliza a los inmigrantes como un instrumento político).
Tal y como señala este experto, en 2020 Turquía facilitó el desplazamiento de miles de migrantes hacia la frontera con Grecia como una estrategia de presión política a la UE para obtener apoyo y concesiones sobre Siria y que se aceleraran las ayudas económicas a Ankara.
El Gobierno griego denunció entonces que los inmigrantes estaban siendo "manipulados como peones", muchos de los cuales eran sirios que huían de la cruenta guerra civil que se había desatado en su país en 2011.
Fue en el otoño de 2021 cuando la Unión Europea usó por primera vez el término "ataque híbrido" en la crisis migratoria que Bielorrusia originó en la frontera con Polonia para desestabilizar la seguridad comunitaria.
Los migrantes procedían principalmente de Irak (un país con una crisis económica estructural y un alto porcentaje de paro) y llegaban al país exsoviético a través de viajes organizados por agencias con el conocimiento del Gobierno bielorruso.
Con esa acción, Minsk buscaba hacer calar el mensaje de que la UE no es en realidad tan solidaria como presume con inmigrantes de zonas del planeta en las que ha intervenido y tampoco lo es con todos sus países miembros por igual.
Dos años después, con el conflicto de Ucrania ya avanzado y el recrudecimiento de las tensiones entre la UE y Rusia, Moscú facilitó la llegada de solicitantes de asilo a la frontera finlandesa, un episodio que condujo a Helsinki a aprobar una controvertida ley que permite a los guardias fronterizos rechazar a inmigrantes de terceros países que llegan a través de Rusia.
Aunque Arteaga subraya la diferencia entre los episodios migratorios inducidos por Rusia y Bielorrusia (países que mantienen una campaña híbrida contra el bloque comunitario) y el de Turquía-Grecia o la crisis de Ceuta en 2021 (cuando Marruecos relajó los controles fronterizos como respuesta a la autorización del Gobierno español a que el líder del Frente Polisario recibiera atención médica en España), en todos ellos la desinformación jugó un papel fundamental.
Y es que esas llegadas masivas de inmigrantes a la linde de la UE estuvieron precedidas de mensajes en redes sociales que aseguraban que era seguro cruzar a territorio comunitario o incluso que la "puerta a la UE" estaba abierta. De hecho, en el caso de la crisis con Bielorrusia, Bruselas denunció campañas de información manipulada de medios estatales bielorrusos y rusos.
La desinformación se ha mostrado "muy eficaz" para canalizar flujos de migración hacia puntos de entrada, campañas de movilización que son muy difíciles de detectar por los países a los que se dirigen los migrantes, señala Arteaga.
Añade que la actual crisis de Ceuta, además, ha demostrado que ese instrumento puede ser usado no solo por los Estados, sino también por muchos otros actores que a través de los medios digitales pueden lanzar este tipo de convocatorias.
La desinformación que ataca a los migrantes
En estos episodios, los migrantes no solo fueron víctimas de pulsos geopolíticos, sino también de oleadas de bulos que buscan deshumanizarlos y criminalizarlos, al tiempo que alimentan la indignación y la confusión en los países a los que tratan de acceder.
Durante la crisis en la frontera turco-griega, se viralizó un vídeo que supuestamente mostraba cómo migrantes golpeaban a sus hijos y los ponían frente al humo del fuego para que apareciesen llorando ante las cámaras cuando, en realidad, esas lágrimas eran consecuencia de los gases lacrimógenos que había utilizado la policía griega, según desvelaron verificadores de ese país.
En el caso de Polonia, el ministerio del Interior acusó a los refugiados de terrorismo y zoofilia. Como prueba presentó una serie de imágenes extraídas de los móviles de los migrantes, que incluían escenas de decapitaciones del Estado Islámico y de un hombre manteniendo relaciones sexuales con un caballo, aunque, posteriormente, se reveló que los contenidos procedían de internet y no tenían relación alguna con los migrantes.
Varias de estas narrativas se repiten ahora con la actual crisis de Ceuta, donde desde el inicio han aflorado los mensajes falsos que imputan actos vandálicos a los inmigrantes y atacan a las organizaciones humanitarias. EFE
jop/rg/rml